Yo soy mí autoestima:
Autoestima es el proceso clave para el aprecio y valoración de sí mismo; sintiéndose capaz y competente, apreciado y valorado por otros, con derechos y oportunidades para decidir lo que quiero en la vida, mediante mi propósito y razón de existencia.
Autoestima es la verdad de todas las verdades, la que cada uno dispone de sí mismo, sin máscaras, ni pretensiones, sin querer ser lo que no soy, con plena conciencia de mis necesidades y responsabilidades, de mis polaridades, mis virtudes y defectos, de todos mi potencial y limitaciones.
Autoestima es el diálogo: yo conmigo, yo y el otro. Mi importancia no son mis orígenes, linaje, nacionalidad, ni título profesional obtenido, o la posición adquirida, sino por la persona digna que soy, porque estoy en este mundo para crecer y desarrollarme, para dar lo mejor de mí, y enriquecer a muchos mediante mi contacto e influencia.
Soy la visión y mis sueños, que me permiten focalizarme en dirección de lo que quiero para mí. Autoestima es la fuerza interior que me da presencia, y me permite tomar decisiones que estén alineada con ser, dar, tener y poder. Autoestima es energía para la vida, la energía que cada uno recibe de sus padres.
Autoestima es la conciencia de mis necesidades y competencias. Está en la manera de hablar, de vestir, de comer, de relacionarme, de comportarme. Es la guía interior, la información que dispongo para tener éxito, efectividad y productividad.
Autoestima es la conciencia de ser la persona que soy, única y exclusiva, sin la más mínima posibilidad de ser otro diferente. Desde esta visión personal que me da la autoestima, diseño mi estilo de vida y decido lo que quiero para mí: a quién amar, con quién relacionarme, dónde vivir, dónde y en qué trabajar.
Mi cotidianidad es la expresión de mi autoestima. Nada que me suceda es por suerte o accidente; yo soy el que elige vivir de una manera u otra y soy responsable de que me suceda unas cosas u otras. Con la autoestima, ni soy víctima, ni soy dependiente de los eventos, ni de las circunstancias.
Yo decido la vida que quiero vivir, las personas con que quiero relacionarme, la pareja que quiero tener, el trabajo que me interesa.
Yo soy dueño de mi vida y de mi existencia, por lo tanto, responsable de mis decisiones. Lo que quiero, porque me hace sentir cómodo, me complace y me gusta. Vivo para vivir, para disfrutar, sentirme útil y agregar valor.
Con autoestima soy mejor, busco la excelencia y calidad; decido ser un ser humano con calidad: como persona, como padre, como pareja, como trabajador, como ciudadano y como un ser espiritual. Me siento con el derecho a vivir una vida para la plenitud, sin envidias, sin compararme, ni descalificar a los demás por sus logros y éxitos.
La autoestima está en todo lo que importa e interesa: en el contacto físico y espiritual, en lo trascendental, en las relaciones, en el abrazo, en el beso, en el saludo, en el sexo y en el amor. La autoestima es la luz interior, que guía y la inspiración que orienta hacia lo que conviene, permitiendo un mayor crecimiento para bien de muchos.
La persona con autoestima es un auténtico milagro de la vida; como lirio nacido en un desierto, con bellos colores. Cada uno es la magia que tiene dentro de sí para vivir milagrosamente, diferente a todos los demás, sintiéndose y aprendiendo cada uno de sus propios aciertos y errores.
En fin, si quieres vivir saludable, próspero, en bienestar y plenitud, tienes que pagar el precio de ser tú, por encima de las opiniones y expectativas que algunos tengan de ti. No perviertas tu creación siendo complaciente; no renuncies a tu propósito y visiones personales.
Ignora a todos los que te critican, porque en el fondo te envidian, a ellos les incomoda tus éxitos y tu forma de ser: quién eres, cómo eres y para qué eres. Nunca dejes de brillar, explota ese ser humano que hay dentro de ti.
Y vio Dios todo lo que había creado, y he aquí era bueno y en gran manera.
Génesis 1:31