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Mujer Virtuosa

Con frecuencia, cuando escuchamos la palabra “mujer”, pensamos primero en el género femenino. Sin embargo, la expresión bíblica “mujer virtuosa” no enfatiza principalmente el hecho de ser mujer, sino las cualidades, virtudes y el carácter de la persona.

La Escritura utiliza esta expresión para destacar atributos que van mucho más allá de la condición femenina. El enfoque está puesto en la integridad, la sabiduría, la fortaleza, la diligencia y la relación con Dios. En otras palabras, el énfasis no está en el género, sino en las virtudes que distinguen a una persona de carácter ejemplar.

La mujer virtuosa simboliza a una persona fuerte, valiente, diligente y de carácter íntegro. El término “mujer virtuosa” se utiliza para describir a una mujer que posee cualidades morales, espirituales y personales sobresalientes. En términos generales, se refiere a alguien que vive con integridad, sabiduría y valores firmes.

 En el contexto bíblico, especialmente en Proverbios 31:10–31, la mujer virtuosa se presenta como un modelo de carácter y madurez. En este pasaje se destacan varias cualidades:

• Sabiduría y prudencia: habla con inteligencia y actúa con discernimiento.

• Trabajo y responsabilidad: es diligente, cuida de su hogar, administra sus recursos y cumple sus responsabilidades con dedicación.

• Bondad y generosidad: ayuda a los necesitados y muestra compasión hacia los demás.

• Fuerza y dignidad: enfrenta la vida con valentía, firmeza y confianza.

• Temor de Dios: su relación con Dios es el fundamento que orienta toda su vida.

En un sentido más amplio, el concepto de mujer virtuosa no está limitado únicamente al ámbito espiritual. Describe a una persona que actúa con ética, respeto, amor propio y consideración hacia los demás, procurando hacer el bien y dejar una huella positiva en su entorno.

 La virtud no se define por la apariencia, la posición social o los talentos de una persona, sino por el carácter que refleja en su manera de vivir.

Gracias

Gracias por amarme tal como soy… así como yo también te amo a ti, tal cual eres.

Hoy decido amarme como Dios me ama: sin reproche, sin culpa, sin resentimiento y sin vergüenza.

Hoy tomo conciencia de quién soy… aquí y ahora. No soy lo que viví ni lo que me dijeron… no soy mis programaciones ni mis creencias limitantes.

Soy lo que Dios declaró sobre mí: soy amor, soy valioso, soy digno, soy capaz.

No mendigo aprobación, porque ya fui afirmado desde el cielo. Camino con seguridad, con firmeza y con fe… porque mi identidad no está en duda. Estoy establecido en el decreto de Dios.

Y recuerdo esto:

Y si repartiese todos mis bienes… y si entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor nunca deja de ser.

1 Corintios 13: 3 y 8

Porque todo comienza… y termina… en el amor.

La Mentira

Mentir es una de las prácticas más comunes del ser humano, pero también una de las que más deterioran la conciencia, rompen la confianza y se convierten en un vicio destructivo. La mentira nace del miedo, se sostiene en el orgullo y termina por esclavizar el alma.

Desde la perspectiva terapéutica la mentira funciona como:

• Mecanismo de defensa.

• Falsa protección.

• Conducta de evasión.

• Negación para no enfrentar la verdad.

• Ruptura de las relaciones interpersonales.

• Supresión de la voz de la conciencia.

• Obstaculiza la sanidad integral.

La mentira:

No protege, esclaviza.

No sana, destruye.

No edifica; corrompe y desvía del propósito y del destino de la persona.

Desde la perspectiva bíblica:

La mentira es uno de los pecados más comunes en el ámbito humano y espiritual. Su origen se remonta a Adán, quien, después de pecar, se escondió deliberadamente y, al ser confrontado por Dios, culpó a su mujer, e implícitamente, a Dios por haberle dado a la mujer.

Desde entonces, dos conductas han permanecido presentes en la vida humana: culpar y acusar. Este patrón es practicado por muchos de manera deliberada para evitar asumir la responsabilidad de su pecado. Todos resultan culpables… excepto la supuesta “víctima”, que afirma haber sido inducida a pecar. La mentira anestesia la conciencia, justifica el pecado y perpetúa en la esclavitud de la conducta.

Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que practican la verdad son contentamiento.

Proverbios 12:22

Saber Oír

Saber Oír es la Clave de la Vida:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó y fue grande su ruina. Mateo 7:24-26.

Jesús para enseñar solía usar analogías, en esta ocasión la usó para darnos la definición de dos tipos de seres humanos, y la diferencia entre ambos. Usaré esta analogía sin fines religiosos, ni teológicos, sino para el propósito del contenido y su entendimiento.  

El primer hombre es comparado con un hombre prudente, que quiere decir: uno que sabe oír, es responsable y comprometido con su vida. Su prioridad es su desarrollo personal. Es consciente que necesita desarrollarse, para convertirse en su mejor versión. Cuando se presentan las tormentas, no reniega, ni se deja invadir por el miedo, sino la ve como una oportunidad, porque sabe que tiene sabiduría, inteligencia, y la solución, para prevalecer ante la adversidad. 

Conoce bien el balance, es decir, sabe cómo y cuándo actuar ante una tormenta. Es consciente que él es la solución del problema y no el problema. Desde su aquí y ahora, planea las estrategias, revisa sus recursos, es objetivo y efectivo, en su desempeño y funciones como ser humano. 

El segundo es comparado con un hombre insensato, que quiere decir: sordo, indiferente, soberbio, negligente e ignorante. Le da poco, o nada de interés a su crecimiento personal. Maneja su vida como víctima o villano. Su prioridad es la apariencia, le gusta impresionar, tiene rasgos de narcisista, le gusta ser reconocido como buena gente, es altruista, carismático y empático.

Pero cuando le llegan las tormentas; improvisa, se angustia, se estresa, es débil de carácter, evade, se esconde, se enferma para no enfrentarse a la adversidad. La vida la vive desde su pasado; con miedo, resentido, amargado, infeliz, juzga, critica, culpa, se victimiza, es ingenuo, inseguro, indefenso y solitario. 

Cuando la vida se edifica en fundamentos inconsistentes, es decir, en arena, la tragedia es doble: en el momento de la tormenta se da cuenta de que no está preparado para lidiar con la adversidad, y los retos que trae toda tormenta. 

Cuando a estas personas les toca vivir una tormenta, desesperados salen en busca de ayuda pretendiendo ingenuamente que alguien les dé la solución mágica para resolver la adversidad. Los sucesos inesperados de la vida nunca los sabremos, lo que sí es posible saber, es qué tanto crecimiento personal y madurez tenemos para enfrentarnos a la adversidad. 

Una tormenta tiene dos aspectos útiles. Uno, se activan los sensores de nuestra autoestima, poniendo en acción nuestros dones y habilidades para lidiar con las adversidades.

Dos, toda tormenta nos impulsa a separarnos de nuestra área de confort, porque sin separación no hay transición, no hay crecimiento, no hay evolución. Pero hay algunos, que prefieren lamentarse, que pagar el precio que la vida nos demanda.

Sacar a Dios de la ecuación de nuestras vidas tiene sus consecuencias, lo vimos en el ejemplo anterior; el primer hombre prevaleció, el segundo hombre fracasó. Tener crecimiento, entendimiento y madurez en tiempo de las tormentas, produce fortaleza, paz, y gozo.

La Puerta

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces…

Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa. Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:

—Señor, ¿puedo hacerle una pregunta? Y le responde el rey: —Dime soldado. —¿Qué había detrás de la horrorosa puerta? —Ve y mira tú mismo, respondió el rey. 

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía: —Yo le daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir la puerta de la libertad.

Moraleja:

Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo a no arriesgarnos. La conducta está asociada con la inseguridad, porque el inseguro es: desconfiado, miedoso, cobarde, le aterra lo desconocido. A diferencias del atrevido: es definido, constante, y luchará por sus ideales, contrario al miedoso: que se bloquea, se paraliza, cautivo de sus miedos.

Te quiero compartir cuatro competencias, para tu desempeño en tu peregrinaje del presente año; que fortalecerá tu carácter, ajustándolo al presente mover global.

1. Valor: yo soy yo; en el mundo entero no hay una persona igual a mí. Yo soy dueño de mí, y responsable de mis errores, por lo tanto me puedo administrar, para no caer en la codependencia. Soy una persona creativa por naturaleza, yo tengo mis propias formas de hacer las cosas diferentes a los demás. 

2. Riesgo: riesgo versus temeridad. El temerario desafía el peligro deliberadamente. Riesgo quiere decir: yo tengo el derecho a equivocarme, a cometer errores, a fracasar, porque no soy infalible; asumo responsablemente mis errores sin buscar culpables. Desde esa conciencia, puedo reinventarme para emprender una nueva oportunidad con determinación. No importa mucho el qué dirán, sino qué quiero yo, cuándo, cómo y dónde. 

3. Comunicación: yo tengo el derecho de expresar con respeto, dignidad y honor, mis pensamientos y sentimientos; independientemente de la opinión de los demás. Tengo el derecho a decir: sí quiero, no quiero, sin sentirme culpable, porque soy libre para elegir lo que yo quiero para mí. 

4. Límite: no permitir dejarme usurpar por nadie. Yo abro mí puerta, yo cierro mí puerta, pero tampoco tengo permiso de usurpar la puerta de nadie. Quien es capaz de respetarse, es capaz de respetar también a su prójimo. 

Jesús dijo: Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

Juan 10:9

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