Fundación Autoestima

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¡No toleres lo que te daña!

No tienes que demostrar perfección todo el tiempo: equivocarte es parte del crecer.

No vivas por costumbres, por patrones, o por tradiciones; vive, disfruta y se agradecido.

No ignores tus emociones, porque son parte de tu autoestima: reconócelas, gestiónalas y exprésalas.

No estás obligado a aceptar disculpas vacías ni palabras sin sinceridad.

No tienes que perdonar a quien justifica el daño que hizo sin arrepentimiento verdadero.

No te mantengas en relaciones que drenan tu energía y te desvían de tu propósito.

No insistas en estar presente donde no hay reciprocidad ni respeto.

No digas sí por compromiso ni por miedo a decepcionar: sé coherente contigo mismo.

No compartas tu intimidad valiosa: compártela solo con quienes respetan tu confianza.

Nunca excluyas a Dios de tus decisiones: Él te da sabiduría, inteligencia, dirección, fuerza y paz.

Sostén tu vida con integridad: haz lo correcto, incluso cuando nadie te vea.

Y por encima de todo, nunca dejes de ser tú: auténtico, firme, con amor propio, respeto y propósito.

Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

Santiago 4:17

Cuando Comencé a Amarme

Cuando comencé a amarme, comprendí la complejidad y el misterio de la vida. Dejé de proyectar mis fortalezas y debilidades en los demás y aprendí a abrazarlas como parte de mí. Descubrí una presencia divina en mi interior y empecé a escuchar su voz. Aprendí a confiar en ella y a vivir bajo su guía. Dejé de esforzarme por hacerlo todo bien y, en su lugar, simplemente empecé a ser.

Cuando comencé a amarme, sentí dentro de mí una comunidad, un equipo interno con talentos, dones, capacidades y características únicas. Comprendí que esa diversidad es mi verdadera fortaleza. Dejé de culparme por decisiones pasadas y, en su lugar, asumí la responsabilidad con seguridad y paz.

Cuando comencé a amarme, entendí que forzar las cosas, tanto en mí como en los demás, es un acto de abuso y una violación de los límites propios y ajenos. Aprendí a respetar los tiempos y procesos de la vida. Comencé a caminar con una nueva perspectiva, eligiendo el mejor camino, y provechoso para mi propósito de vida. 

Cuando comencé a amarme, experimenté el amor de Dios en mi propia existencia. Comprendí que fui creado con amor, significado, y propósito, con cada detalle pensado por Él, y eso llenó mi corazón de gratitud, permitiéndome vivir la vida en plenitud.

Cuando comencé a amarme, me convertí en mi propia autoridad, guiándome por los dictados de mi conciencia. Descubrí que así es como Dios me habla: a través de la intuición. Entonces fue cuando el estrés perdió poder y control sobre mí; comprendí que todo tiene su tiempo, y que todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Cuando comencé a amarme, fui consciente de que el ego es parte de mi alma, pero en lugar de permitirle controlarme, aprendí a aceptarlo sin caer en excesos. Entendí que no soy perfecto, que puedo equivocarme y fracasar, y aun así sigo siendo yo. Mi autoestima y valor no dependen de mis aciertos o errores, sino de mi esencia.

Cuando comencé a amarme, dejé de aferrarme a personas, tradiciones, costumbres y creencias que limitaban mi desarrollo personal. Fue un despertar maravilloso. 

Cuando comencé a amarme, decidí romper con las malas influencias del pasado que desviaban mi atención de mi verdadero significado y propósito de vida. Entonces, experimenté un profundo alivio y una paz inigualable.

Cuando comencé a amarme, decidí perdonarme por mis errores y malas decisiones. Me liberé de la culpa, perdoné a quienes herí y también a quienes me hicieron daño.

Cuando comencé a amarme, dejé de esperar un te quiero, una llamada, un texto, una visita, o reconocimiento; decidí valorar a las personas no por lo que me dan, sino por quienes son.

Todas vuestras cosas sean hechas con amor.1 Corintios 16:14

Tu Bienestar

El bienestar y la plenitud de vivir, están relacionado directamente con la conciencia que tengas sobre:

. Tus pensamientos.

. Tu pasado.

. Tus palabras.

. Tus emociones.

. Tu alimentación.

. Tu ejercicio físico.

. Tu calidad de sueño.

. Tu gratitud.

. Tu propósito.

. Tu conexión espiritual.

. Tu enfoque. 

. Tu círculo de influencia.

. Tu manera de gestionar los problemas.

. Tu percepción de ti mismo, y

. Tu amor por la vida.

La regla de Oro para una relación de pareja: Comunicar, Oír y Conectar.

Cuatro principios para una relación de pareja saludable:

Comunicación, finanzas, lealtad y sexo son pilares fundamentales para construir una relación sólida y satisfactoria. En esta ocasión, quiero hablarte sobre la comunicación, el primero de estos principios.

La importancia de la comunicación: La comunicación es esencial e imprescindible en una relación de pareja. No solo fortalece el vínculo emocional, sino que también contribuye al desarrollo personal y mutuo, incluyendo la autoestima de ambos miembros.

Una buena comunicación incluye seis pasos:

Respeto: Escuchar y hablar sin descalificaciones.

Acuerdos: Llegar a decisiones consensuadas.

Límites sanos: Respetar el espacio y las necesidades individuales.

Consideración: Tener en cuenta los sentimientos y opiniones del otro.

Empatía: Ponerse en el lugar del otro para entender su perspectiva.

Resiliencia: Enfrentar y superar juntos los desafíos comunicativos.

Estos elementos requieren compromiso y disposición mutua para fortalecer el amor, el vínculo y la madurez de la pareja.

 Aplicación práctica: Por ejemplo, en una conversación difícil, aplicar empatía y respeto puede transformar un posible conflicto en una oportunidad de crecimiento. Estar dispuestos a escuchar y validar lo que el otro siente fomenta un ambiente de confianza y seguridad.

Una guía bíblica: Eclesiastés 4:9 nos recuerda: Mejor son dos que uno, porque tienen mejor paga por su trabajo. Trabajar juntos como pareja, incluso en la manera en que se comunican, puede generar grandes beneficios para la relación y su bienestar.

Reflexión final: ¿Qué aspectos de la comunicación puedes mejorar en tu relación? Reflexiona y dialoga con tu pareja para fortalecer este principio tan importante.

Este es solo el primer paso. En los próximos mensajes exploraremos los otros tres principios clave para una relación saludable. ¡No te lo pierdas!

La Mariposa

Un día, un hombre sentado al borde del camino bajo un árbol, observó cómo la oruga de una crisálida de mariposa, intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura que aparecía en el capullo. El hombre estuvo largo rato contemplando cómo se esforzaba, de repente, parecía que se había detenido y que había llegado al límite de sus fuerzas y no conseguía ir más lejos. Bueno, eso creía él.

Entonces, el hombre decidió ayudar a la mariposa. Tomó un pedazo de rama y con la punta ensanchó el orificio del capullo. Así fue como la mariposa salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba emblanquecido, era pequeño y tenía las alas aplastadas. 

El hombre continúo observándola, porque esperaba que en cualquier momento, sus alas se abrieran y la mariposa se echaría a volar. Pero nada ocurrió. La mariposa vivió poco y murió. Nunca voló, y las pocas horas que sobrevivió, la pasó arrastrando lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas. 

Todo esto sucedió, porque el hombre queriendo “ayudar”, ignoraba que el esfuerzo era necesario para abrirse camino a través del capullo. Esa es la manera que Dios ha dispuesto para que la circulación de su cuerpo llegara a alas y estuviera lista para volar una vez hubiera salido.

El ejemplo de la mariposa, visto desde la perspectiva humana, podríamos decir, que cuando se violan los procesos ecológicos de la autoestima, causa trauma en el desarrollo, en el crecimiento y maduración del individuo, tres aspectos necesarios para abrirse paso en la vida. 

La vida es un acto de responsabilidad consigo mismo. En el negocio de la vida, cada uno tiene que cuidar su propia vida. Amarla, decidirla, mantenerla y cuidarla de la mejor manera posible. Mi vida es mía, la tuya es la tuya, cada uno es dueño de su propia vida: de sus palabras, de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus acciones, errores y aciertos. 

Nadie es fotocopia, ni imitación, ni sustituto de ninguna persona o de algún otro proyecto. No hay ninguna persona igual a otra, cada uno tiene su propio diseño, cada uno es único y exclusivo. Si Dios no nos permitiese vivir obstáculos en la vida, quedaríamos inválidos, y nunca llegaríamos conocer el ser interior que hay en nosotros para maximizar nuestras vidas en toda su plenitud. 

Algunas veces le pedimos a Dios fuerzas, y Dios permite dificultades para hacernos fuertes y maduros. Le pedimos sabiduría a Dios, y Dios promueve o permite los problemas para que implementemos sus principios y leyes escritas en la constitución, es decir, la Biblia, fuente de toda sabiduría de Dios. Le pedimos prosperidad a Dios, pero Dios ya nos ha dotado de capacidades, competencias, dones, talentos y recursos para desempeñarnos con éxito en nuestras funciones. Le pedimos a Dios ser fuertes, y Dios permite que tengamos tropiezos y obstáculos para hacernos maduros, capaces y valientes.

Le pedimos a Dios más fe, pero cuando se nos presenta un reto en la vida, entonces, aparece la duda, la inseguridad y los miedos fantasmas. Le pedimos misericordia a Dios, y Dios nos concede oportunidades para ejercer misericordia con otros. ¡Pareciese que no recibimos nada de lo que le pedimos a Dios! Creo que la razón es porque ya tenemos todo lo que necesitamos para vivir la vida como la máxima creación de Dios. Lo que sí necesitamos muchos, es un despertar de nuestra conciencia para poder conectarnos y activar nuestra autoestima, para comenzar a vivir la vida con satisfacción y plenitud. 

La próxima vez,que quieras ayudar a alguien creyendo que es lo mejor para esa persona, asegúrate de no estar interrumpiendo su proceso de crecimiento y desarrollo de su autoestima.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer; tiempo de morir.

Esclesiastés 3:1-2
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