El mundo vive una nueva crisis, me refiero a la pandemia del Coronavirus y, sumándose a la crisis, nos han impuesto una cuarentena obligatoria necesaria e imprescindible para evitar más propagación y muertes innecesarias. La cuarentena ha sido beneficiosa en cierta forma, porque ha hecho que muchos estén quietos por un momento. Un tiempo a solas consigo mismo para evaluar su calidad de vida: crecimiento personal, relación de pareja, relación familiares, trabajo, relaciones sociales y relación espiritual, es decir, un compendio de su autoestima.
Los resultados de dicha evaluación no han sido de mucho agrado, porque se puso en evidencia el nivel de autoestima actual. Las reacciones de cada individuo ante la crisis han revelado lo obvio, lo sabemos por el lenguaje corporal y verbal que cada individuo refleja: incertidumbre, angustia, inseguridad, miedo, frustración, rabia e impotencia; y haciéndolo aún más difícil, está el hecho de no saber qué hacer con todos los sentimientos encontrados, que queriéndose expresar no sabe cómo hacerlo. Y volviendo en sí, se da cuenta que lo que le está haciendo falta es crecimiento personal.
Sin ánimo de ser pesimista, pero los efectos colaterales que nos dejará está pandemia serán muchos, por eso veo muy necesario y conveniente invertir por crecimiento personal, desde una perspectiva holística, es decir, involucrando todo el ser: espíritu-alma-cuerpo, de lo contrario será un fracaso cualquier intento que se haga. La vida es y se vive en equilibrio. Creo que ha llegado la ahora y ahora es, cuando la humanidad tendrá que considerar bien en serio, que debe incluir en su crecimiento personal el ámbito Espiritual.
Por favor no me mal intérpretes, no estoy proponiendo ninguna creencia religiosa, ni doctrinas, ni filosofías, ni tradiciones, mi propuesta es Jesús. Jesús no es una religión ni nada que se parezca, aunque sabemos que hay quienes por razones que no voy a mencionar en este contenido, han pervertido lo Espiritual en una forma de religión que niega en sí el propósito del advenimiento de Jesús como hombre. El propósito principal de su arribo fue traernos las buenas nuevas de salvación, justamente lo que hoy la humanidad necesita con urgencia. Cada vez más vemos en todos los medios de comunicación y redes sociales, a personas expresando sus ruegos y plegarias a Dios, pidiéndole su intervención ante la crisis presente. Lo que nos hace pensar que las personas están sensibles, sedientas y necesitadas de lo Espiritual.
Por supuesto que no estoy proponiendo que ignoremos el problema, con algún cliché o fanatismo religioso, pues no, porque sería irresponsable de nuestra parte y hablaría muy mal de nosotros, querer pretender espiritualizarlo todo. Vemos al ser humano desde una perspectiva holística, como una creación integral. Por cierto, Jesús dijo: dale al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Todas las necesidades del ser humano se desarrollan dentro de un contexto. Por ejemplo, cuando pensamos en un pez sabemos que su hábitat de vida es el agua, es ahí donde el pez se desarrolla como pez. De igual manera somos los seres humanos cuando se trata de atender nuestras necesidades. Cada necesidad se lleva a cabo en un contexto específico.
Quien quiera que crea que los problemas son para algunos pocos, o que son castigos de Dios, ignora que los problemas son parte de la vida de un ser humano. Es más, muchos de los problemas del ser humano son provocados por ellos mismos. Cada problema es utilizado por Dios para tratar tres puntos importantes en la vida de una persona: activar la conciencia apagada. Activar la sabiduría e inteligencia para la resolución de problemas. Y desarrolla el carácter del individuo. En cada problema que resolver hay un precio que pagar y una recompensa que recibir.
Dios es honrado, viendo a su creación operar valiente, digna y satisfactoriamente ante cualquier problema; sin victimizarse, sin quejarse, sin buscar culpables, sin venganza, sin odio, sin resentimientos y sin amarguras; por el contrario, nos quiere ver con una actitud optimista como todo un guerrero vencedor. Cuando nos referimos a una buena actitud, no queremos decir que estamos negando la realidad, sino que siempre vemos la vida desde una perspectiva de oportunidades, esperanza y fe.
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía (miedo), sino de poder (autoridad), amor (compromiso) y dominio propio (gobierno). 1Timoteo 1:7