El padre que piensa que tiene que dar a su hijo lo que al nunca le dieron, utiliza a su hijo y lo convierte en marginal. El gobierno que tranquiliza su conciencia culpable de burocracia y despilfarro y mala administración, dando limosnas, saliendo a remediar cualquier contratiempo del marginal, paraliza la fuerza de la conciencia del individuo y de una sociedad entera y lo reafirma en su status de marginal.
Es asombrosa la inconciencia del maternalismo de ciertas democracias y religiones, en la forma marginal de manejar los problemas y situaciones diarias de los gobernados y feligreses. El maternalismo resulta tan inefectivo como la caridad, cuando al mismo tiempo que se da, se hace sentir al que recibe su condición de necesitado e inferior. Se pudiera entender el maternalismo gubernamental como una forma política manipulativa de políticos marginales que, para conseguir votos, son capaces de mantener a un gran segmento de la población en la ignorancia y subdesarrollo.
Si la marginalidad se acabase en este momento en el mundo, muchos gobiernos caerían en el acto, les fallarían sus bases de sustentación: La marginalidad y la mediocridad de gobernantes y gobernados. La única forma que un gobierno puede tener de ayudar y de hacer caridad es reeducando al ser humano a creer en sí mismo, haciéndole tomar conciencia de su valor, dignidad y capacidad para hacer las cosas por sí mismo, sin tener que depender del otro por su parálisis.
Jesús le dijo al paralítico que llevaba 38 años en esa condición: Levántate, toma tú lecho, y anda. Juan 5:8 La diferencia real entre países desarrollados y los del llamado “tercer mundistas” (auque no existe sino un sólo mundo), está en que los del tercer “mundo” dependen de un liderazgo mezquino y personalista que impide el desarrollo integro de sus pueblos, disfrazados de democracia, abrigo de demagogias, políticas, politiquerías y promesas incumplidas.
Los gobiernos, marginales siempre piensan, equivocadamente, que sus gobernados son poco inteligentes e incapaces; no se dan cuenta que el ser humano puede mantenerse invernado durante muchos años, pero indefinitiva saldrá de su letargo para exigir cuenta y cambiar la historia. Así paso con la Revolución Francesa, con la Revolución Roja, con la Revolución China y seguirá pasando, hasta que entendamos, que el único objetivo del ser vivo es Crecer y Desarrollarse, siendo relativo al presente siglo.
En los últimos cincuenta años, nosotros los seres humanos, hemos matado con nuestras propias manos más de cien millones de semejantes. Todos vivimos bajo la amenaza constante de nuestra total aniquilación. Parece que buscamos la muerte y la destrucción tanto como la vida y la felicidad. Estamos como impulsados a asesinar y hacer asesinados igual que vivir y dejar vivir. Sólo bajo la más ultrajante violación de nosotros mismos, hemos logrado perfeccionar nuestra capacidad parara vivir relativamente adaptados a una civilización dirigida, aparentemente, hacia su propia destrucción.
Las pirámides de Egipto, los millones de momentos de todas las épocas, las obras de arte y la literatura, las obras de ingeniería, la biología y la medicina, testimonian que el hombre si es capaz, cuando está motivado por su fuerza recursiva, su autoestima. Sólo cuando se hunde en su propia desvalorización y establece patrones de vida que son la negación misma de la vida, entonces el ser humano es capaz de lo peor y digno de lastima.
Tenemos que redimir al hombre, en su sentido más humano, de su propia capacidad de engaño. Hemos de empezar a admitir, e incluso aceptar, nuestra violencia en lugar de utilizarla ciegamente para destruirnos; así nos daremos cuenta de que tenemos tanto miedo de vivir y de a mar como de morir.
Si logramos volver a reorientar la energia de la autoestima hacia objetivos concretos de bienestar individual y social, el hombre podría ser otra vez capaz de transformar este mundo en lo que está supuesto a ser, un lugar para la Vida y el Crecimiento. Entonces volverá a nacer el hombre y los artistas y los poetas profesionales de la vida. Y habrá paz basada en el aprecio y el respeto por sí mismo y por los demás, independientemente de las diferencias. Y habrá límites en la administración de recursos y potenciales y habrá justicia en el desarrollo de los pueblos y en la satisfacción de sus aspiraciones.
Se respetará la ecología, el árbol, el animal, evitándose las expresiones de insensibilidad y marginalidad, cuando se destruye el entorno en cualquiera de sus formas. Mientras no tengamos claridad y conciencia de nuestra necesidades y objetivos, mientras no veamos nuestras propias polaridades y paradojas de marginal, introyectadas y no resueltas, desconfiaremos los unos de los otros, sentiremos que nos quieren hacer daño y buscaremos hacerlo, viviendo está parodia de vida, de amistad, de inseguridad, mientras se invierte millones en congreso y aparatajes de paz tecnología destructiva y armamentismo.
Tendríamos que elaborar programas masivos, de reeducación individual y social, en la concientización y significado de ser persona. Todas las escuelas, las universidades, centros de estudios, deberían comprometerse a rescatar al hombre marginal, que tanto abunda por sus aulas, en calidad de alumnos y profesores, y de llevar esa transformación al pueblo mismo. Volver a nacer de nuevo, con la fe y la esperanza que el hombre que se conoce a sí mismo sería incapaz de destruir lo que es suyo.
Mientras esto suceda, la vida de la tierra dependerá de los caprichos de algún maniático marginal que, por odio o venganza, pongan en contingencia la paz y el bienestar de cientos de millones de seres humanos. Así fue en el pasado, así podrá ser en el futuro, con la agravante que está vez con sólo apretar el botón significaría la desaparición de la vida misma. Auque, Dios tiene un sueño para el planeta, y sus hijos, los encargados de consumar ese sueño.
El hombre de hoy, específicamente el del milenio, a pesar de todos los adelantos científicos, tecnológico, cibernéticos, médicos, etcétera, sigue siendo un marginal. El mismo ha ido construyendo su propia trampa. Ha construido imperios, ha diseñado “últimos grito” de confort y comodidad y se ha quedado afuera, al margen, sin tomarse en cuenta a sí mismo. Fundamentalmente, porque su existencia no tiene sentido, al perder CONCIENCIA y CONTACTO consigo mismo.
El fenómeno es manifiesto en las grandes ciudades. Conglomerados de edificios, oficinas, centro comerciales, lugares de diversión, autopistas, todo en función del confort, la rapidez, efectividad, y el hombre solo, suicidándose, enfermándose, en conflicto consigo mismo, acompañado con sus pastillas, sus enlatados de televisión y ocasionales e inefectivos contactos sociales con sus semejantes, guardándose siempre, recelando, conformando su permanente falta de escepticismo en el ser humano, y básicamente en sí mismo.
El pobre “hombre” vive en sitios de lujo, con carros muy costosos, y hasta con chóferes, ropas de marcas, y acudiendo a cócteles y fiestas con otros “Pobres hombre”, donde se adula, se halaga, se critica la vida privada, sin más entretenimiento que un viajes fugas de drogas y alcohol o una seducción furtiva, destinada por lo general a la decepción, y así confirmar otra vez su poca creencia en la humanidad.
Después de los ataques de septiembre once, la comunidad Neoyorquina, quedo en shock, en miedo y aprehensivos. Es la experiencia de todo habitante de una gran metrópolis. Nunca se sabe lo que vendrá después. Cuando no se sabe vivir en el presente, el futuro resulta una constante amenaza trágica. Si sales de tú casa te robaran, si manejas te chocan, si te chocan te demandaran, el seguro te pondrá todo tipo de traba para evitar pagarte lo que te corresponde. Si hablas te malinterpretan, si confías te traicionan, y si te metes en problemas legales, encontraras abogados y jueces para quienes la justicia es venal.
Siendo inocente en una urbe moderna, tendrás que saber usar todo los recursos para poder defender y salvaguardar tú inocencia, buen nombre y reputación. Y si estás en la vida publica, te encontrarás que cualquier periodista marginal, proyectará sobre ti sus resentimientos marginales y publicará lo que no dijiste, hablará de tú intimidad como dueño soberano y expondrá tus defectos, tus enemigos, tus neurosis, con una necesidad de sensacionalismo, sadismo y venganza personal, digno de cualquier tratado de un ensayista de truculencia.
Las grandes ciudades son depósitos de todas esas ingratitudes e inconciencia. Y si decides dejar de ser marginal, te encontrarás con las más variadas excusas para impedirte la salida: Por ser pobre, por no tener educación, por haber cometido errores, por estar mal vestido, por ser mujer, por estar embarazada, por ser divorciado, por ser madre soltera, por haber sido alcohólico, por ser de tal religión, por ser negro, por ser de tal partido político, por no estar casado. Nadie sabe la creatividad desplegada por los marginales para impedir el crecimiento y desarrollo. Es inútil, hablar de paz, amor y de placer. En las grandes ciudades, encontrarás la negación del ser.
Son pequeños los grupos que buscan alternativas, pocos los que forcejean salir de esos nuevos campos de concentración, fértiles de mentiras y engaños. El movimiento hippie de los sesenta tubo, como sentido, volver al hombre. Y los esfuerzos de unos cuantos, que pensaron en una nueva revolución humanista, quedaron ahogados en una aberración de drogas, orgías y esfuerzos sin destino, que arruino el movimiento. Los hippies fracasaron, como fracasaron los religiosos y los políticos y ahora los terroristas. Todos se olvidan de lo obvio: El comienzo de toda revolución es la propia metamorfosis. No puede ser de otra manera.
El evento está afuera pudiera ayudar a una toma de conciencia, pero los procesos transformadores estan dentro y comienzan cuando la pequeña semilla dejada en todo ser humano, la de su autoestima, germine de nuevo y tome forma de acción y vida. No es la vida prestada la que ayuda, es la propia asumida responsablememente. Donde el hombre ha llegado sin contacto consigo mismo, ha implantado la corrupción, la destrucción, la violencia, la contaminación, el fastidio.
Los grandes maestros espirituales, los grandes líderes, los grandes revolucionarios, solían retirarse al desierto, al silencio, a poner sus cosas en orden. Aconsejaban a sus seguidores meditar, reflexionar, centrarse, renovarse, purificarse, desprenderse y ser diferentes. Es necesario meterse dentro de sí, aislarse, callarse, evaluarse, para encontrar la imagen autentica del sí mismo, para hacer los cambios de paradigmas que bloquean la persona que eres.