Ser padre no es una tarea, un deber, tampoco un oficio, mucho menos una obligación. Ser padre es el compromiso de poner la vida en otra persona, para que crezca y desarrolle talentos, respetando la individualidad de cada uno. Los genios no aprenden de las teorías de los libros, ni de las técnicas del profesor, sino que encuentran dentro de ellos mismos lo que son y lo que quieren. El impulso creador está en la necesidad, de donde emana energía, la fuerza, y la motivación, para llegar a la experiencia de ser diferente. Los padres desde su interioridad, mediante del contacto con su propia experiencia, encontrándose consigo mismo dan expresión al hijo. El hijo es la proyección de los padres. No hay padre sin hijo ni hijo sin padre. Quizás eso sea lo que queremos decir: A imagen y semejanza de ambos.
Un padre padre/madre, necesita una conciencia básica de la necesidad de ser padre/madre. La necesidad inicial es la de tener un hijo. Después vendrá el acto de engendrar que no se limitará a lo biológico, sino que se extenderá a la educación, a la formación y a la orientación. Un padre con su autoestima y la información que dispone, con su genética, su experiencia, aprendizajes, con sus talentos, destrezas, características y peculiaridades, pondrá comprometerse con darle al hijo lo mejor de sí. El acto de ser padre es un acto de amor generoso, es el acto de mayor trascendencia para un ser humano: El más hermoso y creativo de toda la gama de contactos humanos.
Después vendrá el educar, modelar y apoyar al hijo a maximizar su potencial como persona. Los padres son quienes tienen la magia para sacar el potencial que se esconde en cada hijo. Un padre participará en el crecimiento de sus hijos; será tanto más padre cuanto más persona sea. Será más persona cuanto más consciente sea de sus necesidades y del aprecio de sí mismo. La fuerza más potente en la vida es la vida misma, y si ésta se proyecta mediante el contacto, quedará la vida instalada en el hijo para siempre. Después los eventos ayudarán al hijo en sus aprendizajes para sentirse apto y competente.
En la relación padre-hijo existe una única regla de oro: Nunca llegarás con tu hijo más lejos de lo que hayas llegado contigo mismo. Darás cariño en la medida que hayas recibido cariño. Darás amor si te dieron amor. Harás competente a tu hijo si aprendiste a ser competente. Si aprendiste la experiencia del abrazo, del beso y el de escuchar paciente, entonces, abrazarás, escucharás, besarás, y querrás como quien ya ha vivido esa experiencia de vida.
Las limitaciones en la relación con tu hijo, será las mismas que tú has experimentado contigo mismo, las que a ti te fueron impuestas:
– Para existir necesitas una familia
– Para aprender a ser persona competente, necesitas una familia
– Para apreciar, valorar, sentirse digno e importante, necesitas familia.
– Para encontrarte a ti mismo, necesitas una familia
– Para crear y tener éxito, necesitas una familia
– Para tener salud y bienestar, necesitas una familia
– Para soñar, necesitas una familia
– Para tener visión, dirección y propósito, necesitas una familia
– Para ser ético, necesitas una familia
– Para fortalecer tu vida interior, tu liderazgo y tu presencia, necesitas una familia
– Para sentir amor, contacto, cariño y afecto, necesitas una familia
– Para vivir con bienestar y plenitud necesitas familia; así, como necesitas un cuerpo y como necesitas un corazón
-para sentirte humano. La experiencia de ser familia, es la única forma garantizada de ser persona.
La promesa y esperanza de Dios es mucho más grande que la desgracia familiar que hayamos tenido. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Dios me recogerá. Salmo 27:10