Al no existir el contexto individual integrado, ni tampoco los otros contextos, pareja, familia, organizacional, social-comunitario y espiritual, la fuerza y el control lo tiene lo de afuera: La lluvia, la calamidad, lo imprevisto, la tierra, el status. Lo que está afuera define y determina el rumbo. El marginal está dominado por la naturaleza. Si llueve, es víctima de las lluvias. Si hace sol, es víctima del sol. Si hay un terremoto, del terremoto, de la inundación, del accidente, de lo inesperado. Como no depende de sí, no tiene control sobre nada, ni de su propia fuerza.
Tiene un sentido profundo de impotencia y resentimiento, tapado por una resignación enfermiza, que lo distorsiona todo y lo sufre todo. La única salida, por lo general, que tiene el marginal es depender de la buena suerte, de los astros, de los poderes mágicos o del payaso de Walter Mercado o de un gobierno marginal. El marginal paradójicamente, termina teniendo mucho poder, porque en su debilidad moviliza a otros marginales con poder que, sintiéndose culpables de su propia marginalidad, la proyectan en lastima por otros o lo más corriente, es un consejero profesional.