El marginal no se ajusta a un contexto definido. Ni el propio, ni el de pareja, ni el familiar, ni el organizacional, ni social-comunitario, ni espiritual. Su única ley en el fondo es “Yo hago lo me da la gana” o, en su defecto, “Yo nací para sufrir”. No tiene conciencia de su tiempo, como un factor real de su propio desarrollo.
Puede pasar horas en la barra de una cantina, bebiendo, durmiendo, hablando, viendo la televisión, simplemente matando el tiempo. Su vida está determinada por las contingencias. Se sitúa en el pasado o en el futuro más que en el presente. Sueña con ser rico, poderoso, y para ello estructuras como los juego de azar, las loterías, los caballos o apuestas. Esta practica es un elemento que refuerza su no conciencia de querer hacer algo efectivo por sí, para sí.
Su realidad se manifiesta con rituales, y ceremonias recordatorias. Una celebración, de lo que sea, tiene carácter obligatorio porque es así como se relaciona con lo que le rodea y se olvida divirtiéndose. Tampoco tiene conciencia de espacio propio. Fomenta la promiscuidad, el aglomeramiento, la no existencia de límites. Su interacción social es una permanente invasión, violación y usurpación. No respeta lo ajeno, si le provoca lo agarra. La calle es su domicilio.
El marginal tiene patrones de naciste pobre y morirás pobre, de no tengo derechos, hay que resignarse, la vida es así, que se le puede hacer. La resignación es esa forma desvalorizada de manejar la depresión. Son paradigmas por lo general basados en una mitología sobre los ausentes, las separaciones y los duelos frabricados para mantener el contacto. Te sugiero que leas en la Biblia el libro de Romanos 12:2
La experiencia del otro para el marginal, es simplemente una distorsión del sí mismo. Es practicamente proyectiva, auque en los marginales suele haber un cierto grado de involucración con el otro, en los momentos trágicos de la vida: Muerte, accidentes, enfermedades. Son los pocos momentos de su vida, donde se activa en la solidaridad, que tiene que ver con la sobrevivencia en que se encuentra.
Son personas que viven permanentemente enfrentadas al peligro, ellos necesitan convencerse que otros lo necesitan. El marginal, ni reconoce sus propios recursos, ni mucho menos los utiliza. Si vas a la casa de un marginal, te darás cuenta de lo marginal del arreglo, del acomodo, de la distribución, de la decoración. Todo es marginal. Y auque tenga dinero, habrá mal gusto, malas escogencias, cursilería, extravagancia, un reflejo de cómo se siente por dentro.
Los recursos del marginal por lo general permanecen paralizados, por una depresión crónica que se manifiesta, como dije antes, externamente, bajo el manto de una resignación casi mística. Por su puesto, que si no utiliza los recursos internos y externos, tampoco podrá ver ni apreciar las alternativas, la formas diferentes de hacer las cosas más creativamente:
El mismo aburrimiento, la misma rutina, el mismo fastidio, el estar pegado en la televisión, a la computadora, o a la barra o pendiente del incidente de afuera para ir a curiosear. Y si no, hablar acerca del otro, chismear, echar chistes, inventar y confabular acerca de los demás, forma típicas del marginal. La única alternativa del marginal es permanecer donde está, encallado, paralizado, sin mayores aspiraciones.
Si sale de ese hueco, es por “casualidad”, un golpe de suerte, que le permitiría mudarse, cambiarse, con el peligro de volver a la marginalidad y seguir en ella. Los valores no están definidos, son los valores del grupo, de la subcultura. Y la subcultura por lo general se forma con desechos de frustración y resentimientos, una sumatoria de descalificados que buscan encontrar su propio sentido al lado del otro. No es ni fanático, ni incrédulo, es un seguidor, veleta que hoy será comunista, mañana burgués, hoy católico, mañana ateo, hoy le verás en contra, mañana a favor, profesa justicia, pero con él mismo, es injusto y muy mala gente.
De sus valores reniega con facilidad, porque no son suyos. Finalmente, las normas del contexto del marginal deben ser impuestas por las fuerzas, con el látigo, con la violencia. Hay una autoridad de papel: Cuando está presente, se le teme, cuando está ausente, se burla. Todo se racionaliza con el amor y “es por tú bien”. Es muy difícil, casi imposible, desarticular un sistema tan complejo de desvalorización y desestima, a menos, que sea con trabajo propio, profundo y dirigido.
Con la marginalidad, pasa lo que pasa con la enfermedad: Si se quiere dejar de ser marginal es necesario cambiar todo un estilo de vida. Esto implica dolor, separación, porque hay que romper con contactos mal formados o establecerlos de nuevo, reconociendo el Abandono y la Mentira. El marginal tiende a sustituir el dolor por la lástima de sí. “Si tuviera dinero mi vida sería otra”, “nací pobre y moriré pobre”, “nadie se imagina mi desgracia”, “nadie sabe lo que sufro”, “la gente es mala”, “no se que hacer con mi vida”, “siempre le pido a Dios que me ayude”, “está es mi cruz”, “todo me pasa a mi”, etcétera. Te recomiendo que leas, el cuarto evangelio; Juan 5:1-9,14