El objetivo de la vida es vivir…
Vivir es la verdad de la vida, y la verdad es vivir la vida en plenitud: afirmando el amor, el respeto, el placer, el bienestar, el desarrollo, las relaciones y disfrutar todas las oportunidades que se presenten. Nadie nace para sufrir, aunque el sufrimiento existe pero no para desvalorizarse o negarse a sí mismo. Cada uno tiene derecho a su propia verdad, y a que se le respete su verdad, a expresarla; porque sólo de su propia verdad cada uno diseña la vida que quiere vivir y toma las decisiones que quiere tomar. Nadie puede vivir la vida ajena, cada uno vive la propia.
Una parte importante de la vida es descubrir cuál es la propia verdad. La vida consiste en ir recorriendo muchos laberintos de soledad, muchos rincones de nuestro acontecer diario, donde encontraremos lo hermoso y lo feo, lo agradable y desagradable, lo cotidiano y lo sublime todas las oportunidades que nos hacen maduros, sabios y capaces, encontrándonos con nuestra propia verdad. Cada uno cultiva su propia verdad, y la verdad está en lo que sucede manteniéndonos comprometidos con lo que somos, tenemos y hacemos.
En la vida habrá que recomenzar muchas veces porque en el camino habrá pérdidas y separación, pero lo importante es no perder el contacto y significado con uno mismo, y no desaparecer en las variaciones y en la complejidad de la vida. Para amar, para comunicarme, para decidir, necesito claridad con mi propia verdad y respetar la verdad del otro. Cuando me aprecio y respeto mi verdad, todos los procesos del crecimiento fluyen, entones tendré salud, bienestar y prosperidad, eso hará que se abran todas las oportunidades de la vida.
La otra cara es la mentira. Mentir es la negación de la propia verdad. Cultivar la verdad propia, vivir con ella y morir por ella, es el “objetivo de la vida”. Cuando nos olvidamos de nuestra verdad, y cultivamos la verdad ajena como propia, somos incongruentes, nos desfasamos, nos frustramos, nos amargamos, nos resentimos, nos deprimimos, nos enfermamos y morimos. Con tolerancia y flexibilidad por las diferencias, con aceptación, paciencia y respeto, expresamos la verdad que somos y como somos.
La intolerancia, la amargura, la violencia y la incongruencia, son expresiones de la mentira que a veces decidimos ser. Negar el crecimiento es la mentira que nos convierte en marginales y nos obliga a ser lo que no somos. La mentira mata la vida, el contacto, las relaciones y el desarrollo. El que practica la verdad viene a la luz, para manifestar: transparencia, congruencia y relatividad con la maqueta de Dios, para vivir satisfechos, complacidos, dignos y establecidos en la posición y dirección correcta, para el éxito que nos aguarda en la vida.