Una vez, una hija vino a su madre y le comentó: ¡Mamá, ya no aguanto más a la vecina! Quiero matarla, pero tengo miedo que me descubran. ¿Me puedes ayudar con eso?
La madre le responde, claro que sí mi amor, pero hay una condición; tendrás que hacer las paces con ella para que después nadie sospeche que fuiste tú cuando ella muera.
Tendrás que ofrecerte a cuidarla muy bien, ser respetuosa, gentil, cordial, paciente, cariñosa, empática, menos egoísta, complacerla, y escucharla. ¿Ves este polvito? Todos los días pondrás un poco en su comida. Así ella morirá lentamente.
Pasados treinta días, la hija vuelve a su madre para contarle los resultados de la tarea; le dice, mamá ya no quiero que ella muera. He comenzado amarla, el sentimiento de odio que sentía contra ella se ha desvanecido. ¿Y ahora? ¿Cómo hago para cortar el efecto del veneno?
La Madre entonces le responde: ¡No te preocupes hija mía! Lo que te dí fue polvito de arroz; ella no morirá, porque el veneno estaba en ti hija.
La fábula del veneno es una analogía, útil para referirnos a uno de los cuatro sentimientos primarios, la rabia. Cuando el sentimiento rabia no se maneja correctamente, ni se contextualiza, se convierte en amargura, resentimiento, violencia, odio, y venganza; además de ser muy tóxico para el cuerpo y la mente, dejándonos consecuencias en enfermedades psicosomáticas como:
insomnio, acné, caída del cabello, pérdida de la vista, estreñimiento, úlceras, problemas digestivos, artritis, dolores de espalda, migrañas, obesidad, halitosis, enfermedades de la piel, problemas cardíacos, mal humor, desconfianza, inseguridad, miedo, depresión, aislamiento, etcétera.
Ningún sentimiento es malo en sí, lo malo es, no saber identificarlos, contextualizarlos, ignorarlos, y no saber lidiar con ellos. Los sentimientos forman parte de nuestra autoestima, si no somos conscientes de ellos, nos perjudicarán en nuestro desarrollo, y plenitud de nuestra autoestima, es decir quién soy yo, aquí y ahora.
Creo que sería muy saludable y conveniente para todos, la activación de algunos principios dormidos. Ejemplo, la misericordia, la reconciliación, y el amor; que son intrínsecos de nuestra creación y naturaleza. Para todos los que creemos que fuimos creados, sabemos que fuimos hechos a su imagen, conforme a su semejanza; es decir, que poseemos la naturaleza de Dios.
Procuremos hacer las paces con quienes nos han ofendido y lastimado, no por ellos, sino por nosotros mismos; y así, dignificaremos, y honraremos nuestra creación, y al Creador. Aprendamos a tratar a los demás como queremos ser tratados. Siendo compasivos, misericordiosos, y amorosos, para reconciliar, perdonar, amar, dar, servir, sin esperar nada a cambio.
Que el amor al prójimo se convierta en un estilo de vida, así como nosotros nos amamos a nosotros mismos; por encima de nuestras diferencias, moralismo, prejuicios, clacismo, racismo, y géneros. Dios busca y ama al pecador, pero no su pecado; por esto insiste como Padre amoroso, por el ser humano que él creó.
Hoy más que nunca, nuestro mejor aporte a la sociedad en caos, es ofrecerles nuestra mejor versión. Somos luz, para iluminar a otros con esperanza, aliento, apoyo, consuelo, fe y amor. Que Dios encienda en nosotros su amor Ágape. La naturaleza de Dios es amor; por su amor nos perdonó, mediante su Hijo Jesús, para que todos seamos salvos, y volvamos a él mediante su amor infinito.
El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas. Proverbios 10:12