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Envidia

La   belleza   de   unos   es incomodidad para otros. Los logros de unos son suerte para   otros. La inteligencia de unos para otros es ser presumido. El éxito de unos es suerte para otros. El carisma de unos es manipulación para otros. El que tiene bienes materiales, es juzgado, criticado, injuriado y difamado. La sinceridad de unos es imprudencia para otros. Al que establece límites, le llaman racista y clasista. La buena comunicación de unos es verborrea para otros. La espiritualidad de unos es fanatismo religioso para otros.

La envidia es una condición del ser humano. Todos la padecemos en mayor o menor grado. La envidia forma parte de la naturaleza humana, obviamente que no excluye a la familia. Negar su existencia no nos ayuda a conocerla y a lidiar con ella. Cuando somos conscientes de nuestra envidia, tenemos control de ella para evitar que se convierta en un estilo de vida; de lo contrario, se convertirá en una adicción muy dañina para nuestra salud emocional, física, espiritual y para las relaciones interpersonales.

Mí autoestima es esencial, porque me hace consciente de mis capacidades, de mi desempeño, de mis dones, de mis talentos, pero cuando rompo contacto con mi mismo, mi autoestima declina, y entonces   aparecerá   confusión, pérdida de energía, quejas, desinterés, comparaciones, celos   y envidia. Los celos pueden ser, en el fondo, una actitud de envidia y resentimiento en contra de alguien que ha logrado mayores éxitos en su capacidades y desempeño en el ámbito de la vida.

Los celos suelen ser muy comunes en personas con baja autoestima, estas personas se frustran viendo a otros prosperar, progresar, avanzar y desarrollarse, mientras ellos se quedan rezagados y paralizados   en   sus   proyectos   de   vida. Las   personas   celosas   y   envidiosas   muestran   numerosas formas de conducta, es decir, sus verdaderos sentimientos: desconfiados, incrédulos, inseguros, miedosos y acomplejados. Ha habido casos en donde el envidioso ataca a su víctima con difamación, injurias, críticas, burlas, malos deseos, e inclusive se puede dar el caso del uso de la agresión física en contra de la víctima.

El envidioso   suele   ser   irritable, hostil, amargado, infeliz, cobarde y nervioso. Se siente  con el derecho de irrespetar los límites, reglas y expectativas de los demás. Calumnia y difama a quienes muestran   más   capacidad, competencia, inteligencia   y   desenvolvimiento   que él; entonces, descalifica al otro buscando levantar su propia autoestima a costa de su víctima.

Tengo dos ejemplos bíblicos, que vinieron a mi memoria cuando escribía este contenido. Caín, el primer ser humano que se sepa, manifestó celos y envidia en contra de su hermano Abel. Deliberadamente lo asesinó por celos y envidia, porque a Dios le agradó más la ofrenda de Abel que la de Caín. Génesis 4:3-8

José hijo menor de Jacob. José gozaba de un trato muy especial de parte de su padre, lo que hizo despertar los celos y la envidia de sus hermanos mayores. Conspirando en contra de su hermano José, planearon quitarle la vida, pero a última hora cambiaron de parecer y decidieron venderlo como esclavo a los mercaderes ismaelitas y fue llevado a Egipto. Génesis 37:18-28

Un punto no menos importante son las comparaciones a los niños. En mi experiencia profesional, he tratado con diversas culturas y sus idiosincrasias, notando un patrón en particular en la cultura latina: las comparaciones. Muchos padres tienen por costumbre comparar a sus hijos a otros niños, sean hermanos, familiares, amigos, vecinos, o compañeros de escuela. Las comparaciones tienen un efecto doble: atentan contra la autoestima del niño y despiertan los celos y la envidia en los niños.

Cada niño es una persona diferente a otro niño, pero cuando los padres por ignorancia y hábito comparan a sus hijos, los niños desarrollarán complejos, inseguridad, miedo, timidez, aislamiento, desconfianza, incredulidad, rebeldía, etcétera. Por favor evítalo, por respeto a la dignidad del niño.

Cierro: cuídate de los envidiosos, porque no sabes de lo que están tramando en tu contra y, cuídate de tu propia envidia. Mi autoestima me hace ser consciente de quién soy, y cuál es mi diseño.   Por amor a Dios, deja de ver la paja del ojo ajeno, y mira la viga que hay en ti. Mateo 7:3

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