Como motivador y en la práctica de clínica privada, he observado que la incredulidad es una conducta repetida en la mayoría de los seres humanos, establecida como patrón y estilo de vida. La incredulidad tiene dos caras: La primera es existencial, la segunda es neurótica. La primera, se le llama existencial porque es electiva, la persona decide creer o no creer. La historia nos muestra una evidencia, el primer ser humano conocido en la tierra hizo uso de ella, deliberadamente decidió no creerle a Dios. Establecido en un lugar llamado Edén, allí le indicaron sus funciones y la prohibición de no tocar el albor prohibido, pero él ignoro la orden porque no creyó, sin medir la consecuencia de su acto. Otro ejemplo sería, una persona recibe la noticia de la muerte de un ser querido, la primera reacción será, ¡No puedo creerlo! Está negación inicial es completamente natural y necesaria, porque prepara a la persona psicológicamente, fisiológicamente y espiritualmente, para procesar el impacto de la noticia, como primer paso en el proceso del duelo por la pérdida.
La segunda es neurótica, él neurótico se niega a creer la verdad, la descalifica, la evade, la niega, la esconde, anclado en su pasado niega su presente, el aquí y ahora. El neurótico tiene serios problemas para creer, es sumamente desconfiado, escéptico, todo lo cuestiona. Hace de la incredulidad su fortaleza para protegerse, porque es inseguro, miedoso, cobarde y acomplejo, con una muy baja autoestima. En nuestro ejemplo anterior, para él neurótico la pérdida de un ser querido es diferente, él se negará a creer y aceptar la perdida, inventara cualquier excusa para negar la verdad. Creer es el principio para ser salvo, cuándo crees sólo entonces, la fe se activa y se materializa. La fe anticipa el éxito cuando crees. Jesús dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
En fin, él neurótico tiene imágenes talladas en su mente, corazón y cuerpo, de recuerdos traumáticos de su infancia, son referencias que se han convertido en el fantasma de su vida. Conciententemente o inconscientemente la expresa con su estilo de vida. Estos eventos negativos le hicieron tomar decisiones drásticas en contra de su propia vida. Por ejemplo: Vivir aislado, solitario, inseguro, desconfiado, escéptico, hostil, resentido, amargado, prepotente, hiriente, ofensivo, obsesivo, compulsivo, vive a la defensiva y proclive a deprimirse, generalizando su experiencia del hogar en su modus operandi, se limita a sí mismo, por estar anclado en su pasado. Le cuesta creer, y para creer necesita evidencias, no cree y no aceptan nada que no sea lógico o tangible. Su pasado es su marco de referencia, guiándole en el curso de su vida. Se alimenta del pasado, viven del pasado, articulando el vacío existencial de su vida.
Todos tenemos un pasado que es nuestra historia personal, que no es ni buena ni mala, que debiésemos considerar para no hacernos los miopes de nuestra verdad, y así, convertir nuestras escorias en estiércol, para vivir la vida que merecemos en mejores condiciones, con respeto y dignidad.
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pída a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.