La inseguridad es un fenómeno psicológico que aparece en casi todos los problemas emocionales. La hostilidad, la depresión, y muchos de los problemas psicóticos tienen la inseguridad como un elemento común. El inseguro carece de confianza de sí mismo, se subestima, se siente inepto y miedoso, en consecuencia es vulnerable a continuos conflictos emocionales.
Las personas inseguras son nerviosas, desconfiadas, controladoras, apáticas, posesivas, codependientes, sensibles a la ansiedad y al stress, son acomplejados, dados a la competencia, viven a la defensiva, juzga, crítica, envidia, son tiranos, dogmáticos, solitarios, extremistas, exhibicionistas, codiciosos, mentirosos, exagerados, víctimas o victimarios, incongruentes, lo que dicen lo niegan con sus acciones, sus sentimientos no los expresan genuinamente, son solitarios, evitan las reuniones sociales, tienden a deprimirse y son enfermizos.
La inseguridad, es un problema básicamente de autoestima. El inseguro tiene un nivel de autoestima bajo, esto sucede porque el inseguro provienen de familias disfuncionales, de abandono y rechazo. La comunicación en estás familias, es a través de las descalificación, burlas, apodos, comparaciones, amenazas, chantaje, manipulación, enseñaban a desconfiar de las personas. Este tipo de comunicación perjudica y limita al niño, y lo mete en una callejón sin salida, haciéndolo dependiente, débil e incapaz de asumir los riesgos de la vida, y de valerse por sí mismos.
Todo lo contrario, a una persona que creció en un ambiente saludable, de respeto, de valoración y de aceptación, esa persona tendrá una autoestima en el nivel adecuado, centrado en sí mismo, conectado con su conciencia, sabe para que nació, tiene una visión clara de lo que quiere y como lo quiere, eso hará que actúe diferente ante los problemas, porque sabrá que hacer y como poner en marcha el equipo que posee, sus recursos, alternativas, habilidades, sabiduría e inteligencia.
Tiene confianza y seguridad en sí mismo, da la cara antes los problemas y no los niega. Sabe que no es perfecto, ni tampoco busca culpables, pero sabe convertir los errores en oportunidad para su crecimiento, madurez y transición. Sus relaciones no son de dependencia, asfixiantes, que buscan de controlar la vida del otro, demandándoles presencia obsesiva.
El inseguro está lejos de esta realidad, cuando aparece el problema, se frustra, se siente confundido, se paraliza, se bloquea, no sabe si llorar o gritar de la impotencia, resiente y se amarga de no poder ser capaz, pero se consuela con su lenguaje de “víctima”.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado. Este hombre llevaba 38 años de su vida como paralítico. Hoy las palabras de Jesús siguen estando vivas, esperando a los enfermos. Anímate, es tu oportunidad…