Mentir es una de las prácticas más comunes del ser humano, pero también una de las que más deterioran la conciencia, rompen la confianza y se convierten en un vicio destructivo. La mentira nace del miedo, se sostiene en el orgullo y termina por esclavizar el alma.
Desde la perspectiva terapéutica la mentira funciona como:
• Mecanismo de defensa.
• Falsa protección.
• Conducta de evasión.
• Negación para no enfrentar la verdad.
• Ruptura de las relaciones interpersonales.
• Supresión de la voz de la conciencia.
• Obstaculiza la sanidad integral.
La mentira:
No protege, esclaviza.
No sana, destruye.
No edifica; corrompe y desvía del propósito y del destino de la persona.
Desde la perspectiva bíblica:
La mentira es uno de los pecados más comunes en el ámbito humano y espiritual. Su origen se remonta a Adán, quien, después de pecar, se escondió deliberadamente y, al ser confrontado por Dios, culpó a su mujer, e implícitamente, a Dios por haberle dado a la mujer.
Desde entonces, dos conductas han permanecido presentes en la vida humana: culpar y acusar. Este patrón es practicado por muchos de manera deliberada para evitar asumir la responsabilidad de su pecado. Todos resultan culpables… excepto la supuesta “víctima”, que afirma haber sido inducida a pecar. La mentira anestesia la conciencia, justifica el pecado y perpetúa en la esclavitud de la conducta.
Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que practican la verdad son contentamiento.
Proverbios 12:22