En la actualidad el planeta vive dos grandes tragedias: el coronavirus y el miedo que se ha despertado en muchas personas. La gran mayoría de la población mundial está en shock. La noticia de la pandemia ha provocado miedo colectivo, pánico, angustia, desesperación e inseguridad. Todo este estrés emocional es causado en parte por la exagerada influencia mediática, que ha hecho que muchos estén viviendo grandes conflictos emocionales, sin saber cómo manejar sus emociones y cómo ponerlas en contexto y en perspectiva.
En mi opinión, el coronavirus es la perfecta cuartada para algunos hombres malos y duros de corazón. Son un grupo de hombres de una élite corrupta de diferentes partes del mundo, que se han atribuido la licencia de decidir por la vida humana, su destino y economía. En mi tiempo de estudio y de oración personal con Dios, discerní una palabra para el nuevo año 2020. El mensaje fue muy claro y específico; se trata de un desbordamiento de la maldad de los hombres, que sería expresada en distintas formas en contra de la humanidad.
La presencia del coronavirus al comienzo del año es para mí la confirmación del mensaje que había recibido. Hoy el planeta está viviendo el impacto de la pandemia, la cual estamos padeciendo todos los habitantes del globo directa o indirectamente. Estoy convencido que en la tierra nada ni nadie está seguro de nada, que somos más vulnerables de lo que nos imaginamos. Ante esta realidad mundial, me pregunto, ¿qué vamos a hacer con todo este caos?, ¿qué tenemos para defendernos?
Pues yo les digo. Tenemos nuestra autoestima. Los seres humanos tenemos un alma, un cuerpo y un espíritu, que poseen los recursos necesarios para enfrentar cualquier contingencia. El alma tiene: la mente, los sentimientos, el temperamento y la voluntad. El cuerpo tiene: el sistema inmunológico, el sistema endocrino y el sistema nervioso central. El espíritu tiene: identidad, propósito, dones, talentos, sabiduría, inteligencia y carácter.
Si logramos la integración de estas tres partes podremos navegar con seguridad el peregrinaje de la vida. La vida de un ser humano esta diseñada para vivirla en balance, esto se logra, haciendo una combinación entre lo racional, lo físico y lo espiritual. Para alcanzarlo hay que seguir un orden que no podemos pasar por alto, imprescindible para ser efectivos y precisos en nuestro desempeño. El orden consiste en: identificar el tipo de problema, ver el problema en contexto y perspectiva y ser consciente de quien soy. La aplicación de estos tres puntos, es una guía para identificar el recurso que vamos a implementar en la resolución de problema.
Te recomiendo, activar e involucrar el espíritu en las actividades cotidianas de tu vida. El espíritu es esencial, porque es un miembro de nuestro ser trino, ignorarlo es atentar contra nuestra autoestima. El espíritu es tan importante como lo es el alma y el cuerpo; su participación en las actividades terrenales nos garantiza el carácter que se necesita para darle frente a cualquier adversidad, prevalecer y salvarnos.
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, te dice: no temas yo te ayudo. Isaías 41:13