Jesús lloró. Juan 11:35. Este versículo, es el más corto de toda la Biblia. Llama la atención, que Dios haya querido que supiésemos este ejemplo de la vida de Jesús en contacto con su dolor. Llorar con conciencia y en contexto, es digno, honroso, redime, sana, purifica y proporciona bienestar, salud física y mental.
El dolor es otra experiencia importante. A diferencia del amor que es una experiencia muy compleja, el dolor es una unidad simple. Es la ruptura del contacto: Se da en el momento de la separación, abandono, pérdida, divorcio, muerte, etcétera. En ese momento es completamente digerible por cualquier persona, independientemente de su edad, sexo y condición. Todo organismo está diseñado para asimilar cualquier tipo de información que le pertenezca. Lo que pasa con el dolor es que tratamos de negarlo, taparlo o distorsionarlo con mentiras, con el pretexto que hace daño o para que el otro no sufra. La mentira es triple:
Primero, porque el dolor, como verdad, no mata a nadie, no destruye nada, no hace daño a nadie; pero sí, purifica, cambia, transforma, liberta, beneficia, pero no mata.
Segundo, porque lo que en verdad queremos es evitar no sufrir nosotros mismos, viendo sufrir a otros y no saber cómo manejar nuestra rabia e impotencia, al sentirnos identificados y en contacto con el dolor del otro.
Tercero, porque queremos protegernos de la rabia o del miedo del otro. Mentiras son, por ejemplo: “la resignación” a una supuesta voluntad de Dios, o una “conformidad” que queremos aparentar “como si” nada estuviese sucediendo, y mil excusas y justificaciones que usamos en situaciones de separación, pérdida, abandono, divorcio, muerte, etcétera.
Las mentiras le impiden a cada quien, no responsabizarse con su experiencia misma en el aquí y ahora, y obstaculiza al organismo a digerir la información que es relevante e importante para su crecimiento y desarrollo de la autoestima. El dolor es un sentimiento y un factor decisivo en nuestro crecimiento personal. Sin dolor no hay crecimiento, no hay vida, no hay bienestar. La permanencia de un dolor tapado o negado con mentiras, sin responsabilidad hacia uno mismo, nos lleva irremediablemente a la amargura, al resentimiento, a somatizar, a la enfermedad, a tener problemas en las relaciones con los demás.
Los seres humanos estamos dotados, y poseemos una capacidad ilimitada para manejar la verdad por dolorosa que ésta sea, pero es importante asumirla y enfrentarla para protegernos de la mentira. El único camino es la verdad, porque la verdad nos hace Libre y nos salva.