Moraleja:
En una ocasión, un maestro estaba en el templo enseñando a un discípulo, de repente una mujer les interrumpió, y le dijo: – Maestro hábleme de Dios, el maestro se quedó pensativo, y le respondió: – Mujer, yo no puedo hablarte de Dios porque yo no conozco a Dios, la mujer sorprendida le preguntó, – ¿No se supone que usted enseña a las personas acerca de Dios? El maestro le respondió, – No mujer, yo no enseño a las personas acerca de Dios.
La mujer frustrada le pregunta, – ¿Dígame entonces pues, a dónde puedo ir para que alguien me hable de Dios? El maestro le respondió, – Lamento no poder ayudarte en tu necesidad, pero en vista de tu insistencia, yo sí puedo hablarte del Hijo de Dios, porque nadie conoce a Dios sino el Hijo de Dios. ¿Quieres tú saber acerca del hijo de Dios? La mujer sin dudar le respondió: – Sí, quiero saber del Hijo, para que el Hijo me hable de Dios. El maestro le respondió, – En eso sí te puedo ayudar, porque el Hijo de Dios dijo en una ocasión: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino por mí.