Mujer: iguales somos, pero diferentes. La mayoría de las mujeres reclaman igualdad de género, pero dudo que lo logren. Iguales somos como creación, pero diferentes como seres humanos. El problema no es de “igualdad de género”, sino de aprender a manejar las diferencias que existen en ambos géneros. Para todos los que creemos en la creación, conocemos perfectamente bien el orden de Dios en su creación. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó.
Leí con mucha atención esta Escritura en perspectiva y en contexto, y no encontré en ella ninguna injusticia de desigualdad en ambas creaciones. Ambos iguales como creación, pero diferentes: en anatomía, en funcionamiento y en su desempeño como mujer y hombre. ¿Entonces qué pasó? ¿En qué momento se marcó la desigualdad? ¿Por qué tanto resentimiento, amargura y hostilidad? En esta disfuncionalidad veo tres puntos: la autoestima, la sociedad y la religión.
Primero, autoestima tiene que ver con: yo soy yo y tú eres tú. No estoy en este mundo para vivir según tus expectativas, ni tú estás para vivir según las mías. La vida se vive en el orden ecológico de nuestra creación: en contexto, sin ventajas, ni chantajes, ni manipulaciones, ni cuartadas. La mujer y el hombre necesitan regresar a sus orígenes.
Segundo, la sociedad con sus prejuicios, tradiciones, moralismo, clasismo y racismo, ha sido una muy mala influencia en la interacción entre la mujer y el hombre.
Tercero, la religión en su interpretación teológica, leyes dogmáticas y doctrinas, establecieron el mapa de jerarquía entre la mujer y el hombre.
El día que todos lleguemos a la comprensión unánimes, conscientes que somos iguales como creación, pero diferentes en comportamientos, en funcionamiento, en expresiones y en anatomía, dejaremos de pelear por “igualdad de género”.
Las diferencias se manejan en acuerdo, con tolerancia, con respeto, aceptación y amor. Esa consciencia, nos permite disfrutar con placer y plenitud la vida y la creación que somos, con los mismos derechos, valor e importancia. Sin olvidarse, que yo soy yo y tú eres tú.
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Proverbios 31:10