Padres son dos:
Papá y mamá dos personas, hombre y mujer en contexto, dos referencias adultas con información, capacidades, talentos, dones y recursos. Hijos pueden ser muchos: uno, dos, tres, cinco, o diez, pero todos son importantes. Cada hijo necesita como persona desarrollar y crecer en su autoestima; esto dependerá del compromiso y desempeño de ambos padres, cada uno con sus aportaciones en el compromiso adquirido.
Una familia puede ser muchos o pocos, pero todos importantes, nadie falta, nadie sobra. Todos tienen propósito, significado e importancia y una vinculación especial como parte de los múltiples triángulos que conforman la familia, dentro de un contexto y una intimidad especial para el desarrollo y crecimiento de la autoestima de cada miembro.
El vínculo les da derecho a todos a pertenecer. Nadie puede sustituir a nadie. Nadie puede descalificar a nadie. Nadie puede tomar el puesto de nadie. Si alguien pertenece a los triángulos es porque debe estar ahí. Si algún miembro es excluido, se producirá un vacío y el vacío traerá sus reclamos y consecuencias.
Nadie puede llenar la ausencia de nadie. Imposible sustituir al ausente, especialmente cuando se trata de un protagonista, su presencia es esencial e importante. Muchos problemas infantiles pudieran evitarse si ambos, papá y mamá, fuesen conscientes que no es una opción de los padres no estar presentes.
Padres e hijos tienen el derecho a estar presentes, a pertenecer, a conformar un equipo de trabajo para el crecimiento, desarrollo, bienestar y propósito individual. Los hijos necesitan padres efectivos con su presencia y comunicación abierta y transparente. Los padres necesitan hijos agradecidos que aprecien con desinterés, generosidad y respeto la inversión que han hecho y todo lo que se les ha proveído.
Hay un solo papá y hay una sola mamá para cada hijo. No hay una muchedumbre de padres. Ni hay una muchedumbre de hijos. Papá-mamá-hijo, los tres forman un triángulo; nadie es desechable ni estorbo. El niño necesita a cada uno de los dos, para poder cerrar su situación biológica y existencial: para ubicarse, vincularse, relacionarse y ser efectivo en su propósito y desempeño de vida.
Para un hijo es importante saber que su triángulo existe, que es efectivo y que sus padres; padres biológicos, son auténticos y están presentes, aunque no sean pareja, pero comprometidos y disponibles para él. Hay un compromiso ineludible del que no pueden escaparse, porque es lo que le permite al hijo sentirse psicológica, física y espiritualmente satisfecho, con derecho confiable y garantizado.
Además del compromiso, está la disponibilidad de ambos padres en sus competencias y funciones cuando se comprometieron a ser padres. No se trata de ser “buenos padres” y evitar ser “malos padres “. Se trata de ser “padres de verdad” o “hijos de verdad”. Un padre y un hijo no tienen otra alternativa sino de ser aquello que eligieron ser para lo cual la relación existe, se nutre y se fortalece.
Los padres podrían equivocarse, tener tropiezos en el camino, cometer errores, tener problemas personales, pero nada ni nadie podrá invalidar el derecho a mantener una relación personal, única y exclusiva con cada uno de los hijos. Para ello, se necesita una buena dosis de humildad, disciplina y presencia, mediante la conciencia de ser padres, que les permitirá a padres e hijo tener una relación de calidad, sólida y efectiva.
Ser padre no está relacionado con la relación de pareja. Puede existir una relación de padres sin existir una relación de pareja entre ambos padres. Pareja y familia son realidades diferentes. Los problemas e incongruencias de la pareja no tendrían porque afectar a los hijos. Lo que sí conviene es darle a cada hijo información para que entienda que la pareja es una realidad aparte, con otras necesidades, otros contextos y otros protagonistas.
En fin, cada hijo necesita cultivar una relación de exclusividad con cada uno de sus padres, entendiendo que esa relación ni está condicionada, ni depende ni sirve para cualquier otra relación. La relación de padre-hijos es una verdad aparte, un tesoro encerrado en su propio cofre con dos llaves: una la tienen ambos padres y la otra cada uno de los hijos.
Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre.
Proverbios 6:20