De tantas desvalorizaciones, culpas, amenazas y predicciones catastróficas, terminamos convirtiéndo las mentiras en verdades. Con la incongruencia se pierde el sentido de sí mismo, la conciencia propia, y la negación se convierte en afirmación: “no se”, “no puedo”, “no tengo”, “no debo”, “nadie me quiere”, “no lo lograré”, “bueno para nada”, “la mala suerte”, son expresiones negativas que dan lugar, a confusiones, incongruencias, toma de decisiones equivocadas y malas relaciones.
Los pensamientos automáticos negativos y los comportamientos destructivos, son salidas de emergencia que quita la energía, la conciencia y la seguridad para la vida. Pensando en negativo, descalificando y buscando caminos alternos para ser aceptado, para tener bienestar, éxito y prosperidad, sólo lograremos apartarnos de nosotros mismos.
El pensamiento automático negativo es un mecanismo de supervivencia aprendido de padres descalificadores, que descalifican y enseñan al hijo que la descalificación es una manera valida de hacer contacto. Utilizando la descalificación como formato comunicacional para expresar amor y afecto al hijo, el niño termina pensando que si sus padres lo descalifican es porque lo que ellos dicen es la verad, y si ellos afirman, así debe ser.
La descalificación se instala en forma de mapas, valores y comportamientos, destruyendo la confianza del niño en sus propios procesos orgánicos. Cuando el contacto de los padres al hijo se hace mediante la descalificación, lo que se le ofrece al niño es una mentira que él acepta como verdad. Muchos hijos viven hoy con ese piloto automático integrado y encendido, creyendo que no importa lo que sientan, piensen o hagan, porque la verdad es que ellos no valen, no sirven, ni son importantes porque así lo afirmaron sus padres.
En fin, descalificación hace referencia: cuando los padres comparan a los hijos, hacen burlas, permiten apodos, usan sarcasmo, ironía, mentiras, engaños, hacen promesas y no cumplen, castigos crueles, no permiten al niño expresar sus pensamientos y emociones, avergonzarlo en público, etc… Si vivimos de resentimientos, de culpas y con pensamientos automáticos inefectivos y nocivos, necesitaremos y buscaremos relaciones con un lenguaje similar porque es lo conocido, aprendido e influyente. De esta manera perpetuamos lo aprendido de nuestros padres. Todo un disparate disfuncional familiar donde crecimos.
“instruye al niño en su camino, y aún cuando sea adulto no se apartará de él”.
Absolutamente de acuerdo con este principio, pero con la salvedad de cual halla sido el tipo instrucciones que hayamos recibido de nuestros padres: para cautiverio o para desarrollar nuestra autoestima. Como adultos responsables, sería conveniente hacer una revisión de nuestro marco pensante y experiencias vividas en el contexto familiar, para reformatearnos y ser libres…