A todos nos ha tocado vivir en algún momento eventos inesperados, todas son situaciones que rompen la cotidianidad, alteran los procesos y producen diversas reacciones en los miembros de la familia. Nadie en su condición humana está exento que le sucedan cosas. Por ejemplo, el impacto para una familia eventos tales como: enfermedades, muertes, divorcios, separaciones, matrimonios de los hijos, mudanzas, cambio de país, nuevos nacimientos, pérdida del trabajo. Una hija que se casa embarazada para evitar el qué dirán. Un hijo en la cárcel. Un hijo con una adicción. La enfermedad de un abuelo querido por los nietos. La muerte de un tío querido, un fracaso sentimental, un fracaso financiero, una traición, etcétera.
El éxito de una familia en la resolución de problemas tiene dos aspectos: primero, un problema es una oportunidad para el aprendizaje. Segundo, ver el problema desde una perspectiva diferente, es decir, tenemos un espíritu que posee sabiduría e inteligencia de parte de Dios; ambas destrezas han sido colocadas para desempeñarse en la vida con éxito. Cualquier acontecimiento puede confundir y desestabilizar a la familia, rompiendo el contacto en su rutina diaria. Entonces, cada uno buscará desde su programaciones y creencias, interpretar para buscarle sentido y explicación razonable al problema. Algunas familias utilizarán la religión para explicar lo que ha sucedido mediante una supuesta voluntad de Dios, resignándose ante el hecho.
Otras verán el problema como una oportunidad para el crecimiento, tratarán de realinear sus fuerzas para bregar y salir adelante. Muchas familias se fortalecen en la adversidad y salen beneficiadas con una mejor comunicación y contacto. Otros, que no son pocos, se meterán en la culpa, buscando a quién sentar en el banquillo de los acusados, creyendo que, si no hubiera sido por fulano o zutano, jamás hubiera sucedido lo que ha sucedido.
Cada familia buscará desde sus creencias y tradiciones, una forma de controlar el problema para mantener el equilibrio familiar. Ante un problema cualquier adulto se puede sentir desorientado, angustiado, desesperado y miedoso, sin saber que hacer; muchas veces estas vivencias adultas se le transmiten al niño incorrectamente, desconociendo las necesidades del niño, justificando sus acciones. Por ejemplo: “está muy pequeño, él no entiende lo que está pasando” entonces, deciden no gastar tiempo ni energía en darle información. Se muere el papá, la información que se le da al pequeño es: “tu papá se fue al cielo, Papá Dios se lo llevó”. La explicación, aunque bien intencionada, está llena de prejuicios, ignorancia y mentiras.
El niño no tiene la capacidad de entender qué significa tal afirmación, quedando atrapado en la duda de quién le quitó a su padre. Para el niño “el cielo” es una abstracción de adultos que no saben cómo manejar el dolor de la pérdida. Se le crea una sensación de alivio, pero también de confusión y de impotencia, además de un mapa de un Dios malo y asesino, cuyo oficio es quitarnos a nuestros seres queridos. El niño quedará resentido, incapaz de relacionarse con su padre y con Dios.
Otro ejemplo frecuente, es cuando la pareja decide divorciarse, la información será: “tu papá o mamá no nos quiere”, “nos abandonó”, “ahora tú tendrás que ser el hombre o la mujer de la casa”, “él o ella, no quiere saber de nosotros, más nunca nos verá”. Todas estas son informaciones que distorsionan la verdad de lo que sucede, le dejan al niño la semilla del malestar y de confusión a quien creerle, con sentimientos encontrados acerca de la relación con sus padres. El divorcio, la separación son problemas de la pareja. Los padres no se divorcian. Los padres deberán ser cuidadosos en la información que les dan a sus hijos, cuando han decidido separarse de su pareja. Nadie tiene derecho a destruir la intimidad de la relación de los padres con sus hijos, por capricho, rabia o venganza.
Las mudanzas son otro caso interesante, la costumbre es no tomar en cuenta al niño de lo que va a suceder. Se le ignora porque no sabe, tratando que no pregunte mucho y se quede tranquilo. La información que se maneja es inadecuada, por ejemplo: “agarra tus cosas y súbete al auto que nos tenemos que ir”. Esa es la orden, sin tomar en cuenta lo que el niño pueda sentir, pensar y querer. El niño tiene derecho saber: ¿para dónde?, ¿para qué?, ¿cuándo?, ¿cómo? Los niños necesitan estar informados. La información que se les da en estas ocasiones es poca y de mala calidad.
No hay problema que no tenga solución, el problema es la persona y su baja autoestima; que lo hace ver como ciego, sordo, con una consciencia dormida. Los problemas hay que tratarlos desde una perspectiva diferente, es decir, desde el diseño original: somos la máxima creación de Dios en la tierra. Fuera de este diseño, cualquier intento que se haga para solucionar problemas será fallido. Salmo 8:4-9.