Resentimiento hace alusión al paraíso, al contacto interrumpido, la pérdida, la necesidad no satisfecha. Adán accede a los requerimientos de Eva, cae en la seducción del fruto prohibido, se enfrenta a su Hacedor, no sabe qué decir, se siente atrapado, discute con Eva, la reciente, la culpa, la juzga; queriendo rehacer su relación con su Señor. Resentido por lo que existió y ya no existe, por lo que tuvo y perdió.
Resentimiento es una forma de sobrevivir, de resistirse a abandonar el pasado, a mantener contacto con el objeto amado. Es un intento de reiniciar el contacto, sabiendo de antemano que no es lo que yo quiero hacer, porque en realidad no quiero hacer nada para abandonar mi posición de ofendido, quebrantado y víctima, pero sí quiero que el otro haga o pague. En la mayoría de los casos, esta situación es doblemente paradójica, porque ¿cómo podría con un pasado que ya no existe, hacer algo para que exista? Es meterse más en la impotencia, es morderse la cola y hacerse daño a sí mismo.
La rabia es una mezcla de muchas cosas. La pérdida, en sí, reactiva una cadena de experiencias pasadas de abandono y resentimientos, y provoca una sensación de debilidad con una recrecida necesidad de afecto y aceptación incondicional. Rabia es un sentimiento orgánico físico, biológico. Es un bloqueo de la energía cuando no se expresa, porque, cuando se expresa permite ponerse en contacto con la separación o la necesidad no satisfecha.
Cuando la energía no se expresa debidamente y correctamente es nociva al organismo, convirtiéndose en violencia, juicio, venganza, destrucción y en enfermedades, en busca de un culpable, un chivo expiatorio, a quien se le cargará lo que no tuve, lo que no tengo y necesito. Lo paradójico es querer expresar rabia contra quien ya no está y cuya presencia es necesaria para que proporcione atención y cariño. La rabia es la expresión de la impotencia ante el vínculo roto sin saber qué dirección tomar: Si la expresa pierde, si la contiene pierde. Un doble vínculo que busca solución a través de la culpa.
La culpa no es un sentimiento, más bien es un esfuerzo por mantener el contacto estando separado. Es un intento de solucionar la paradoja fundamental: Resentimiento vs necesidad. La culpa es un forcejeo para distraer la atención, es la perfecta cuartada, dejando el enredo intacto manteniéndose relacionado con el sujeto amado y resentido. Es una forma discreta, aunque inefectiva, de no separarse para no quedarse solo. La culpa mantiene el pasado presente y el presente ignorado. Los recuerdos se mantienen actuales y se predice catastróficamente sobre lo venidero: “Me harán daño”, “No me querrán”, “Me abandonarán”, etcétera.
No podemos seguir cediéndole espacio a nuestra mente y corazón para el resentimiento, ese espacio debiésemos ocuparlo para el amor. El amor, es el bálsamo que sana las heridas del pasado, nos reconcilia y nos liberta. Nos merecemos una mejor calidad de vida.
Mira bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados. Hebreos 12:15