El marginal, en primer término, no tiene conciencia de sus propias necesidades. Se mueve por impulsos. Si tiene hambre, come; no es conciente de su experiencia de ser hambre en ese momento, ni la asume, ni la valora. Otras muchas necesidades quedan simplemente “supuestas”, pero no atendida.
Se limita escasamente a áreas muy restringidas, como necesidades básicas: Hambre, sexo, sed, protección, límite, decir no, decir si. Existen fallas estructurales. Las necesidades no son el centro de su funcionamiento, son eventos que ocurren al margen. Por lo tanto, el individuo no se siente responsable de ellas, sino que hace responsable a lo demás.
Si tiene frió, será alguien que le tendrá que arropar. Si se enferma, el médico me tiene que curar. Si queda desempleado, el gobierno me tiene que mantener. Jamás se le ocurrirá trabajar por más tiempo, es más duro ahorrar, planificar. Las necesidades son apreciativas del “sí mismo”. El marginal está desposeído de está valoración. Basta contemplar cómo habla, cómo viste, cómo come e interactúa, hasta las palabras que utiliza para comunicarse. Todo un complejo de conductas estructuradas en base a “no tomarse en cuenta a sí mismo”
Tampoco hay toma de riesgo, ni orientación de futuro. El marginal es miedoso, sin alternativas, pusilamí, aferrado a predicción y acomodado. Cree en la quiromancia, la brujería, el sortilejo. No dice ni sí, ni no. Es difícil saber cuando quiere algo. Por lo general no asume el riesgo de ser leal, directo, expresando lo que realmente siente y quiere, y si las cosas salen mal, será el destino, la suerte, el otro, jamás su responsabilidad.
Si toma una decisión, nunca se enfrentara con las consecuencias, sino que se esconderá y se ausentara detrás de la culpa o las explicaciones. A veces se excede y toma riesgos exageradamente, convirtiéndose en temerario, poniendo su vida en serios peligros sin valorarla.
Su expresión de sí, igualmente, responde a esta falta de conciencia. Su tono de voz será imperceptible o gritón. Sus gestos, sus movimientos, vocabulario, todo reflejara desvalorización. Siempre estará presente la violencia y la agresión al otro.
El marginal no posee formas, ni maneras sociales, respuestas adecuadas a cada situación. Reacciona para defenderse, siempre que se sienta atacado. La comunicación típica será por lo general acusando a los demás o simplemente no tomándose en cuenta, jugando en silencio el papel de victima. Tampoco tiene normas internas, proveniente de la conciencia de sus necesidades y procedimientos, diríamos que el marginal precisa que lo ayuden a relacionarse con el mundo externo. El estructura una serie de conductas con las que permanentemente viola los límites propios y ajenos. Se hace daño y hace daño. Responde con servilismo por delante y traición por la espalda, sintiéndose perseguido por todos.
Cada objeto, cada persona, cada circunstancia, le estará recordando su posición de marginal. No hay medida, ni mesura en las cosas que hace: Ni en el comer, ni en el beber. Abusa de sus sentidos, sin respetar los límites naturales de su cuerpo. No posee la virtud de la discrecionalidad.