Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir. Eclesiastés 3:1-2
Nos hemos acostumbrado a mirar la muerte como un castigo, perdiendo la perspectiva, el significado y la relación con nuestra autoestima. No podemos evitar la muerte, ni negarla, mucho menos reducirla a esquemas arbitrarios de escuelas de pensamientos, de filosofías, de interpretaciones o de alguna religión.
La muerte tiene un valor y un significado; el valor que le corresponde como una experiencia de transformación total de la vida misma. La vida se vive individualmente, el nacimiento es individual y el crecimiento también, por supuesto la muerte sin duda tiene que ser individual. Sería ingenuo pensar, que, si nacer y crecer ha sido estar inmerso en un proceso natural e individual, el morir termine siendo entrar todos por el mismo callejón. La muerte es una experiencia única y singular que cada individuo vive a su modo como una decisión muy personal y particular.
De alguna manera e inexplicablemente, algunas personas deciden cuándo y cómo se quieren morir, abortando el proceso de la muerte. Esto se debe en parte, por el estilo de vida que la persona escoge para vivir sin medir las consecuencias. Por ejemplo, algunas de las enfermedades comúnmente conocidas. No hay enfermedad sino enfermos. Las enfermedades aparecen en la mayoría de los casos, porque existen personas que vive sin conciencia de sí mismo. Las enfermedades son la expresión de un organismo maltratando, descuidado y olvidado.
Lo bueno y lo malo de las enfermedades: Lo bueno es que produce un despertar de la conciencia del enfermo. Lo malo es que a veces resulta inútil, porque ya no hay tiempo para reparar lo que está dañado. Sólo quedará tiempo para prepararse para una partida anticipada. La muerte es la conclusión de una etapa, es la entrada a otro nivel de experiencias diferentes, superiores si se quiere, pero muy distinta a la que hasta ahora hemos conocido.
Mi autoestima, la que yo he adquirido a través de mi nacimiento y crecimiento, organiza, orienta y define esta experiencia de la muerte por igual. Un paso adelante en el proceso evolutivo: Nacer- crecer- morir. La vida comienza desde el momento que el espermatozoide y el óvulo hacen fusión. El nacimiento es la prolongación de la vida que ya tuvo su comienzo. La vida se vive con consciencia y responsabilidad. Crecer es una decisión responsable, para desarrollar mi capacidad, mi potencial y vocación en objetivos concretos, definidos y específicos.
Morimos en el “tiempo” y ciclo natural de la vida, no antes de ese tiempo. Nos morimos cuando ya hemos consumado nuestro propósito y destino, concluimos cerrando situaciones de la vida para abrirnos a otras nuevas situaciones diferentes, desconocidas y transcendentales de otra dimensión, experimentando diferentes niveles de vivencias y experiencias. Cada persona vive sus puntos de transición de manera única y personal. Cada quien es responsable de cómo lo quiere hacer y llevar a cabo. Yo nazco, yo crezco, yo muero en los tres procesos, hay dos movimientos sincronizados, un aquí y ahora, y un después. La vida y la muerte, son nuestra responsabilidad, quien la asume está listo para la transición.
Crecer y morir es una decisión de la experiencia y no de la razón. La muerte es una puerta que nos conduce a otra vida, a otra dimensión, a otra experiencia, pero adelantarse a esa otra vida sin haber concluido la vida presente, es interrumpir un ciclo de vida natural que atenta contra nuestra autoestima; perdiendo la oportunidad de desarrollar y explotar nuestra creación.
Nacimiento y muerte, no son dos estados diferentes, sino aspectos diferentes de un mismo estado. (Mahatma Gandhi)