Gracias por amarme tal como soy… así como yo también te amo a ti, tal cual eres.
Hoy decido amarme como Dios me ama: sin reproche, sin culpa, sin resentimiento y sin vergüenza.
Hoy tomo conciencia de quién soy… aquí y ahora. No soy lo que viví ni lo que me dijeron… no soy mis programaciones ni mis creencias limitantes.
Soy lo que Dios declaró sobre mí: soy amor, soy valioso, soy digno, soy capaz.
No mendigo aprobación, porque ya fui afirmado desde el cielo. Camino con seguridad, con firmeza y con fe… porque mi identidad no está en duda. Estoy establecido en el decreto de Dios.
Y recuerdo esto:
Y si repartiese todos mis bienes… y si entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor nunca deja de ser.
1 Corintios 13: 3 y 8
Porque todo comienza… y termina… en el amor.