Fundación Autoestima

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¿Quién es el Hombre?

Un hombre no se define por su masculinidad, sexualidad, o fuerza. El hombre es un ser humano trino: mente, cuerpo y espíritu. El género no lo define como persona, porque el género es su anatomía. El hombre de acuerdo con su creación: es protector, sensible, sentimental, apasionado, soñador, visionario, emprendedor, creativo, vanguardista, altruista y líder. El hombre fue diseñado para representar la imagen de Dios en la tierra, nuestro referente es Jesús hombre. El hombre, fue dotado de sabiduría, inteligencia, autoridad compasión y amor, para vivir y crear el ambiente necesario para desarrollar sus competencias, y desempeñarse en la vida en plenitud.

El hombre es mencionado en la biblia como cabeza de la mujer, y la mujer como su ayuda idónea. Reconozco, que para algunas mujeres es un punto de discrepancia y de controversia. Pero sería conveniente antes de juzgar nada, conocer la intención del Creador en hacer al hombre diferente en sus funciones. Investigué acerca del significado espiritual cabeza, desde la perspectiva de Dios. Encontré lo siguiente: es un símbolo espiritual por medio del cual, Dios le transfirió al hombre la facultad de reproducir la vida, de administrar los recursos otorgados, para gobernar con autoridad, integridad, equidad y respeto. Nada parecido a lo que socialmente conocemos del hombre.

Cuando el hombre vive no consciente de quién es, entonces improvisa, hace malas decisiones, fracasa, se frustra, se resiente; escogiendo vivir como conformista, perdiendo la perspectiva y la objetividad de su creación, para desarrollar su inteligencia emocional, es decir, su autoestima.

La no consciencia del hombre de sí mismo, ha dejado un vacío, y desequilibrio en el planeta. La baja autoestima de muchos hombres, le está causando pérdidas en su desarrollo como persona, en el ámbito: emocional, físico, espiritual, social, financiero y propósito de vida. La dicotomía del hombre ha hecho que viva desvalorizado, perdido, confundido, sin brújula, sin valor, sin significado, y sin propósito. Hombres, es tiempo de despertar vuestra conciencia. La verdad nos hará libre, aunque nos cueste trabajo reconocerla. Necesitamos salirnos de la negligencia, porque nos está dejando pérdidas de vidas, de hombres referentes e importantes. La mayoría de ellos se fueron, sin habernos transferido todo lo que ellos tenían para compartirnos como ciclo de vida.

Muchos hombres murieron prematuramente, lo más triste fue, que muchos murieron sin haber conocido quiénes eran, y cuál era su propósito de vida. Dios el Creador, sigue insistiendo en la búsqueda del hombre que él creó. La maqueta original de ese hombre creado, no se parece a la del hombre actual. 

Hay un ejemplo bíblico, un hombre llamado Moisés, fue visitado por Dios a los ochenta años. La visita se trató, de hacerle un encargo. La misión, era ir a Egipto, para ser el líder del pueblo de Israel. Pero Moisés desde su desvalorización, argumentó con Dios, que él no era la persona indicada. Dios desde su Omnisciencia, omitió la argumentación y persuasión de Moisés; por esto, Dios no dudó entregándole las instrucciones del proyecto de la misión. Dios puso en sus manos, la responsabilidad de liderar y administrar su voluntad. Entonces Moisés convencido, se decidió hacer la voluntad de Dios, arrancando con el proyecto. Moisés no sólo lo hizo, sino que consumó su propósito, y destino de vida.

En fin, Dios sigue a la espera de nosotros los hombres. Oramos al Padre en el nombre de Jesús, que active la consciencia dormida de muchos hombres, para que conozcan acerca de sí mismos, y comiencen a manifestar la grandeza de ese hombre que él creó. La tierra está en espera de los hombres para bendecirla. Obviamente, cada hombre en el territorio que le fue asignado por Dios.

Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.

1 Corintios 16:13

El incrédulo

Estar vivo, no es lo mismo que vivir. La vida no son los años que tienes, sino las vivencias, y experiencias que te hayan dejado cada momento vivido. Momentos de felicidad, satisfacción, placer y compañía. Aún los momentos de tormentas, sirvieron de curación, aprendizaje, desarrollo y madurez.

Jamás te subestimes, ni dudes de ti mismo por nada, porque no sabes quién eres tú para Dios el creador. Si algo ofende a Dios, es un incrédulo. Son escépticos, no creen en si mismos, se cuestionan, se critican, se juzgan, se descalifican y se comparan.

Eligen vivir como víctimas de las circunstancias de la vida. No quieren comprometerse con sus vidas. Son conscientes que el vivir tiene un precio que pagar; donde cada uno es el protagonista de su vida.

El incrédulo ignora dos puntos básicos de su vida: Su presente, el aquí y ahora, y su nombre. El nombre es la identidad de la persona. El nombre tiene significado. El nombre de una persona tiene un valor intrínseco; es decir, es el propósito, la personalidad, el carácter, la energía, la fuerza, el poder y autoridad.

Pero el incrédulo pasa mucho tiempo de su vida anclado en su pasado, y con mucho miedo al futuro. Es acomplejado, inconforme, infeliz, negativo, resentido, reniega; se niega a vivir la vida con dignidad, respeto, y amor propio.

Sugiero un ejercicio para el nuevo año, que te aportará grandes beneficios para la salud integral: mente, cuerpo, espíritu y relaciones interpersonales.

Consiste en lo siguiente, en reescribir una nueva programación para cada mes del año, es decir, has una lista de declaraciones de cosas que tú mereces.

Por ejemplo: yo merezco tener buena salud, yo merezco ser amado, yo merezco ser feliz, yo merezco disfrutar la vida, yo merezco un esposo, yo merezco una esposa, yo merezco respeto, yo merezco ser inteligente, yo merezco tener dinero, etcétera. 

La repites en voz alta y en tu mente, durante el día todo el mes, aunque te sientas extraño. Así sucesivamente cada mes. Al final de un año, habrá aumentado considerablemente tu autoestima, confianza, seguridad, y amor propio.

No desperdicies la oportunidad de tomar posesión de tu mayordomía en el nuevo año, es decir, que según tu creación vivas y seas. Ejercitando la sabiduría, la inteligencia y la luz que hay en ti, para provecho personal de tu desarrollo y madurez, y para otros a quienes puedas impactar con tu estilo de vida. ¡Te deseo éxito en tu viaje de nuevo año!

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. Hebreos 3:12

La Muerte

Nos hemos acostumbrado a mirar la muerte como un castigo, perdiendo la perspectiva, el significado y la relación con nuestra autoestima. No podemos evitar la muerte. 

La muerte tiene un valor y un significado, el valor que le corresponde como una experiencia de transformación total de la vida misma. La vida se vive individualmente, el nacimiento es individual y el crecimiento también, por supuesto la muerte sin duda tiene que ser individual.

Sería ingenuo pensar, que, si nacer y crecer ha sido estar inmerso en un proceso natural e individual, el morir termine siendo entrar todos por el mismo callejón. La muerte es una experiencia única y singular, que cada individuo vive a su modo como una decisión muy personal y particular.

De alguna manera inexplicable, algunas personas deciden cuándo y cómo se quieren morir, adelantando su muerte. Yo veo dos razones: primero, el estilo de vida que la persona escoge vivir sin medir las consecuencias. Segundo, hay familias donde el patrón dominante, es la muerte prematura. 

La muerte es la conclusión de una etapa, es la entrada a otro nivel de experiencias diferentes y superiores si se quiere, pero muy distinta a la que hasta ahora hemos conocido.

Mi autoestima, la que yo he adquirido a través de mi nacimiento y crecimiento: organiza, orienta y define esta experiencia de la muerte por igual. 

Un paso adelante en el proceso evolutivo: nacer, crecer y morir. La vida comienza desde el momento que el espermatozoide y el óvulo hacen fusión. El nacimiento es la prolongación de la vida que ya tuvo su comienzo. 

La vida se vive con consciencia y responsabilidad. Crecer es una decisión responsable para desarrollar mi grandeza y desempeño, dones, talentos, capacidades, potencial y vocación, en objetivos concretos, definidos y específicos.

Morimos en el tiempo y ciclo natural de la vida, no antes de ese tiempo. Morimos cuando ya hemos terminado nuestro propósito. Concluimos cerrando situaciones de la vida terrenal, para abrirnos a otras nuevas situaciones diferentes, desconocidas y transcendentales de otra dimensión, experimentando diferentes niveles de vivencias y experiencias.

Cada persona vive sus puntos de transición de manera única y personal. Cada uno es responsable de cómo y cuándo. Yo nazco, yo crezco, yo muero en los tres procesos, hay dos movimientos sincronizados, un aquí y ahora, y un después. 

Vivir, crecer y morir, es nuestra responsabilidad, quien sea consciente de esta verdad, está listo para la transición. La muerte es una puerta que nos conduce a otra vida, a otra dimensión, a otra experiencia, pero adelantarse a esa otra vida sin haber concluido la vida presente, es interrumpir el ciclo de la vida natural, sin haber terminado la vida terrenal.

Por ejemplo, hay muchos que han adelantado su muerte quitándose la vida, porque de niños fueron víctimas de algún agresor infantil, y por miedo, vergüenza y culpa, se guardaron el secreto y el sufrimiento. Debido al sistema familiar disfuncional, no contaron con personas que los apoyaran con amor y comprensión en su dolor.

La voluntad de Dios siempre ha sido, que disfrutemos la vida en su máxima plenitud, pero recuerda, que en el viaje de la vida habrá percances, adversidades, pérdidas; pero tú, nunca dejes de brillar, ni renuncies a vivir la vida con dignidad, respeto y amor propio.

Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.

Ezequiel 18:32

El Abuelo

Hubo un abuelo amoroso y sabio, que cuidaba a sus dos nietas, el abuelo disfrutaba viendo a sus nietas jugar, coloreando. Sucedió, que una de las nietas rompió la crayola mientras jugaba, y llorando corrió al abuelo buscando su ayuda. 

El abuelo puso a la nieta en su regazo, y con amor y respeto, le preguntó ¿qué pasaba? La niña le dijo, ¡la crayola se partió! Y le mostró el pedazo de crayola rota. Entonces, el abuelo le pidió que le regalara una hoja para colorear.

Enseguida el abuelo comenzó a colorear con la crayola rota, mirando a la nieta, le dijo, ¡la crayola rota todavía colorea! La nieta sonrió, le dio un beso en la mejilla, y le dijo, gracias abuelito. La nieta, tomando la crayola rota, volvió feliz con su hermanita para seguir jugando a colorear. 

Moraleja: Me hago una pregunta reflexiva, ¿cuántos de nosotros hoy adultos, seguimos en el viaje de la vida, rotos, llorando las heridas del pasado? Lamentándonos, de no haber tenido la experiencia de la niña, de tener una persona a su lado como este abuelo sabio y amoroso, que nos hubiese enseñado que aún rotos y heridos, éramos útiles y valiosos para seguir viviendo. 

Cuando un niño es roto emocionalmente, no culpará a sus progenitores de ser malos con él, sino se hará una imagen de sí mismo de niño malo; y con esa imagen distorsionada de sí mismo, se culpará pensando que él merece ser maltratado y abusado como castigo.

Sin tratar de justificar nada ni a nadie, pero hay razones suficientes por las que hay tantos adultos viviendo: rotos, heridos, sufridos, vacíos, depresivos, resentidos, amargados, incrédulos, negativos, desconfiados, inseguros, miedosos, mentirosos, sus relaciones son tóxicas, codependientes, enfermos de amor propio.

¡Pero hay buenas noticias! Hay en la Biblia un ejemplo de vida, muy apropiado y esperanzador para todos nosotros. 

Había un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo (roto, víctima de su pasado). Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Hay un dato curioso en este milagro; es que el enfermo no buscó, ni pidió ser sanado, sino que Jesús por misericordia, compasión y amor, vino a él para ofrecerle sanidad. 

Entonces, ¿cuál es el significado? Pues que Dios nos ama con amor Ágape. Es decir, él ama al pecador y no su pecado. Las buenas nuevas son, que el mismo que sanó al paralítico, hoy te hace el mismo ofrecimiento, y te hace la misma epregunta, ¿quieres ser sano? Si tu respuesta es sí, entonces, has una oración al Padre Celestial en el nombre de Jesús. Por ejemplo:

Padre Dios, lamento mucho haberte ofendido con mi estilo de vida, me arrepiento y te pido perdón en el nombre de tu Hijo Jesucristo. Él en la cruz, llevó todas mis dolencias y enfermedades, y por su sangre he sido limpio de todos mis pecados. Ven a mi vida, te hago mi señor y salvador. Te entrego mi vida, para que apartir de hoy, yo empiece a vivir alineado al diseño original que hiciste de mí, para que tu voluntad en el cielo, sea igualmente en mi vida. ¡Amén!

El Perdón

El Perdón es una Virtud:

Se le acercó el discípulo Pedro y le preguntó: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí?, ¿Hasta siete? Jesús le dijo: no te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete. 

La pregunta de Pedro desató la sabiduría de Dios. Primero, reconfiguró el marco pensante de Pedro. La tradición judía enseñaba que el perdón se podía dar hasta tres veces. Segundo, estableció el principio del perdón, el Señor le dijo: no siete, sino setenta veces siete; es decir, que el perdón no tiene límites.

Perdonar no es una opción, sino una decisión basada en obediencia a Dios, porque el perdón es un acto espiritual. Pero hay que tomar en cuenta antes de dar un perdón un punto importante que la mayoría ignoran o desconocen. 

Cuando perdonamos debemos  involucrar el aspecto emocional, porque antes de perdonar, se debe tratar la herida hecha en tu contra. Un ejercicio terapéutico que yo recomendaría sería: escribir una carta dirigida a la persona que te causó la herida, dejándole saber con detalles el impacto emocional que causó en tu vida, y cómo afectó tu autoestima.

Terminada la carta, se lee la carta en voz alta tres veces, si cuando lees te das cuenta que faltó algo, le agregas lo que faltó. La lees una vez más en voz alta, con la intensidad que sientas al leer, de esta manera estarás expresando el sentimiento asociado con la herida. 

Terminado este ejercicio, entonces, estás listo para dar el perdón. Te suguiero un modelo de oración así: yo elijo por voluntad propia, y por obediencia a Dios, perdonarte la herida que me causaste en el nombre de Jesucristo. ¡Amén! Una vez trabajada la emoción y otorgado el perdón, ahora puedes destruir la carta como mejor creas conveniente. 

Te dejo dos recomendaciones antes de escribir la carta: escribir la carta en una libreta, y no en teléfono. El ejercicio terapéutico debe hacerse en privacidad e intimidad, en un espacio donde no haya interrupción de ningún tipo. Y por último, te quiero compartir siete razones para perdonar:

1. El perdón es una virtud. 

2. El perdón es la naturaleza de Dios.

3. Debo perdonar por obediencia, sino lo hago, Dios tampoco me perdona a mí. 

4. Cuando perdonamos irradiamos la justicia, la misericordia, y el amor de Dios.  

5. Debo perdonar a los que me hicieron mal, porque Dios por medio de su Hijo Jesucristo me perdonó a mí.

6. Debo perdonar a los que me hicieron mal, porque si no lo hago; el resentimiento, la rabia, la amargura, el odio y la venganza controlarán: mis pensamientos, mis emociones, mis decisiones y mis acciones.

7. Debo perdonar a los que me hicieron mal, porque yo mismo necesitaré más perdón en el futuro. Muchos murieron sin perdonar, muchos están enfermos por no perdonar. Es tiempo de perdonar, no vale la pena seguir atrapado en el pasado, quitándote la bendición de vivir la vida en su plenitud y felicidad.

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