En las ciencias del hombre hablamos del hombre normal. Lo que nosotros llamamos “normal” es productos de una reprensión, negación, discusión, proyección, introyeccion, y de otras formas de acción destructiva en la experiencia. Está radicalmente alejada de la estructura del ser. Al hombre lo estudiamos y lo convertimos en estadística.
Normal es el que se comporta de acuerdo a la mayoría. Hace lo que la mayoría, piensa y actúa como la mayoría. Va, viene, sufre se queja, padece síntomas, enfermedades, y acepta y cumple lo que le han enseñado en una clase social determinada.
Y así después, normalmente, educa a sus hijos, para que hagan lo que la mayoría: No vean, no sientan, no toquen. Normal es la respuesta a paradigmas y modelos ajenos. El normal no sabe quien es, se ajusta a los demás. Cuando uno se encuentra que muchas personas estudian lo que no quieren, trabajan lo que no quieren, se casan con quien no quieren, viven donde no quieren y se relacionan con quien no quieren, normal es la fabricación de paradigmas de fracaso e ineficiencia.
Lo que llamamos sociedad es un conglomerado de muchas personas sin “sí mismo” y “contexto”, culpabilizándose por querer ser diferentes y condenados si se atreven a pensar diferente. Lo normal no es necesariamente lo sano o lo efectivo. Lo que llamamos normal es sospechoso, cuando se elimina la conciencia y la responsabilidad consigo mismo o se nos dice que tenemos que ser responsables de los demás.
Por desgracia, aún no se ha estudiado a fondo el significado que puede tener, en nuestro quehacer diario, el masivo “brainwasching” a que todos estamos expuestos en la sociedad del consumo y de la publicidad. En la película Atrapados sin salida, se castigaba al paciente con electroshock por su conducta desadaptada. Con el principio de aceptar lo que se ajusta y rechazar lo que no se adapta, se refuerza la polaridad de la cual hablamos anteriormente. Si tú haces lo que tú quieres y crees que es bueno para ti, eres castigado. Si haces lo que otro quiere serás premiado.
El principio se torna peligroso, porque a todos los niveles, de hogares, de escuela, de trabajo y en la sociedad, su aplicación indiscriminada nos hace adaptarnos, resignados, con resentimientos ocultos, difícilmente expresados. Para los desadaptados, los rebeldes, los fuera de las normas, así, como para los delincuentes, se han creado las cárceles y los hospitales. Para los que tratan de adaptarse, con la fantasía de estar libres, llevando ellos mismos sus cárceles portátiles.
¡Te imaginas!, ese ser aburrido, existencialmente atrapado, carente de sentido, es el que lideriza, planifica, educa, orienta, guía, hace leyes, modela y corrige las conductas de otros. “Si nuestra experiencia está destruída, nuestro comportamiento está destruído”. Un marginal con poder, detrás de un escritorio, planificará toda una ciudad sin árboles, una comunidad sin espacios para correr y disfrutar un edificio sin salidas de emergencia, sin suficiente espacio persona. No atiende a las necesidades del otro porque desconoce las propias.
Toda planificación se convierte en una proyección permanente de la propia frustración e impotencia. Detrás de la pantalla de la oficina, títulos sin vida colgando en las paredes, cátedras, aulas de clase, púlpitos, recomendaciones, existen modelos, paradigmas, ideologías y filosofías de cambio para los demás. Cuando, al caer la tarde, los especializados regresan a sus hogares, correrán la cortina de lo auténtico y entonces se volverán mal hablados, huraños, oscos, vengativos y displicentes.
Se tomarán su dosis diaria de pastillas para los nervios, verán programas aburridos de televisión, pelearán con sus consortes para hacer contacto y ser tomados en cuenta y dormirán tensos, con pesadillas, para volver a levantarse cansados, desayunar de prisa, meterse en el trafico y entrar sonrientes en su oficina, esperando servir a los demás, haciendo mucho para que no pase nada. Este es el estilo de vida de muchos gobernantes y líderes, especializados en desarrollar un estilo de ineficiencia. Los organismos públicos y los partidos políticos son inefectivos porque su militancia y su dirigencia son inefectivas.
Las familias son inefectivas porque los padres y los hijos lo son. La pareja, la comunidad, en fin el sistema, se convierte en inefectivo, cuando sus componentes no están adecuadamente centrados en lo que son, son marginales. Todo un pueblo aprende hacer inefectivo y marginal de sus líderes y dirigencia. Las sociedades no se han desarrollado sólo por el dinero, el status, ni por los intereses económicos. Ha habido una realidad humana, una energía canalizada hacia objetivos concretos y dirigidos por la propia autoestima, como individuos y pueblo.
Cuando la autoestima se niega, se niega la Conciencia, la Experiencia, el Contacto, la esencia de ser, surgiendo otras formas de sobrévivencia, la violencia disfrazada de formulismos y teorías hipócritas y la marginalidad.
En la España del Siglo de Oro, existía la Inquisición, respuesta y símbolo de un pueblo. Acusaba, Juzgaba y Quemaba a la parte no integrada de su mismo pueblo, a los diferentes. La “Santa Inquisición” se atribuía poderes para disponer de las vidas, intimidades y preferencias ajenas. Hoy día, todo eso lo condenamos auque seguimos tan inquisidores, Juzgando, Acusando, Condenando, Quemando a nuestros enemigos, por el simple hecho de ser diferentes.
Acusamos a nuestros padres por un supuesto abandono e indiferencia, y algunas veces, por causas mucho más insignificante. Cuando llegamos a convertirnos en padres, repetimos la misma historia, somos fotocopias, perfecta imagen de aquello que precisamente rechazamos. Afortunadamente, la revolución del hombre sucede cuando el hombre llega a su máxima destrucción.
De Roma y Grecia surgieron nuevas realidades. De Alemania, Francia e Italia, florecieron nuevas energías. De la Rucia, el Salvador, Nicaragua, salió sin duda, algo diferente. De cada uno de nosotros puede surgir otro ser, cuando hagamos CONTACTO con nuestra propia incongruencia y disfuncionalidad. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos. Efesios 2:22.
La creación surge de la separación, del fracaso, si lo sabemos asumir como tal. De nuestros fracasos y errores y falta de sentido, podemos renacer con mayor empuje. El hombre siempre ha tenido esa cualidad extraordinaria de hacerse de nuevo, cuando lo ha querido. De cierto, de cierto te digo, que el que no naciera de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3: 3
Estos tiempos nuestros, no son ni mejores ni peores, son distintos. El hombre es el mismo, con distintos disfraces. Puede llegar a ser lo que realmente es: una Persona, con posibilidades infinitas de hacer cosas para sí y para los suyos. Lo único que le queda al hombre para sí, es su capacidad de tomar conciencia de sí mismo, estar en CONTACTO, renovarse creativamente, centrado en su propia Experiencia. Kazimierz Dabrowski escribió un libro en 1967, Pesonality Shaping Through Positive Disintrigration, donde siguiendo los pasos del notable psiquiatra polaco Mankiewics, enfatizó que además de los aspecto estrictamente mecánicos de la actividad del sistema nervioso, existen otras fuerzas en los seres vivos, especialmente del hombre, con las cuales puede éste desarrollar su capacidad de integrarse, salir delante de la crisis.
Esta propiedad característica la encontramos también en las sociedades y pueblos. Siempre ha habido un sentido de reconstrucción, de vuelta a nacer. Es el “elan vital”, una “fuerza creadora”, una “energía”, una autoestima que da un vuelco a todo, lo pone en CONTACTO y lo hace ser de nuevo lo que realmente es. Y sí, porque después de la guerras, han surgidos nuevas ciudades y han florecidos artes y ciencias. Hiroshima Y Nagasaki son dos ejemplos de reconstrucción después de la hecatombe.
Puntualizo
Hay que recomenzar, para volver a la conciencia de sí mismo, para evitar que el hombre siga meditando, sollozando la culpa de su miserable vida, de sus pérdidas y dolor sin sentido. Anhelando lo que nunca fue, lamentándose por lo que dejo de hacer o culpándose por lo que no hizo cuando debió hacerlo. Está actitud perjudica su autoestima, cautivándole y robándole su destino. Hay una sola salida para salvarnos: Arrepentirnos y Separarnos, de todo aquello que no es viable, favorable y relativo, para elevarnos a la posición y estándar que él Señor ya ha determinado para cada hijo suyo. Arrepentimiento, no es una mala palabra, por el contrario, es milagrosa cuando la activamos, nos impulsa a cambio de estilo de vida.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré iré a mi padre, y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. Lucas 15: 18-19
Hay un adagio muy popular “Me calló el veinte” (ser conciente). Ser conciente, es el vehículo para tocar fondo. Cuando tocamos fondo, somos capaces de convertir la escoria en estiércol. La mayoría de la gente vive en dicotomía (perdida de contacto consigo mismo). Está perdida de contacto no le permite ver lo obvio, para poder desactivar, paradigmas, Valores y Creencias inefectivos acerca del sí mismo.
Mi autoestima soy yo (ser), compuesto de tres partes: espíritu- alma- cuerpo. Cada uno con funciones específicas y separadas. Cada una de las partes, con necesidades diferentes, proporcionándole al organismo equilibrio y bienestar. La autoestima, es la responsable de todo crecimiento y desarrollo. Contacto, Convicción y Conversión, son los tres elementos del cambio. La autoestima, es la fuerza que limpia, purifica y acrisola toda realidad humana en una nueva dimensión y perspectiva. En un nuevo sentir, y en un nuevo CONTACTO consigo mismo y con mi entorno. Honor y fuerzas, son mis predicciones para ti.