A la persona mujer: cuando una mujer pierde su centro, es decir, su contexto, su significado y su propósito de ser persona, su autoestima comienza a declinar rápidamente. Después, la persona comenzará a reflejar desinterés por la vida, por sus necesidades y sus objetivos.
Al transcurrir los días, los meses y los años, su organismo empezará a manifestar síntomas somáticos como evidencia de un organismo en depresión. Su mecanismos de defensas disminuirá perdiendo fuerza, efectividad y calidad en su funcionamiento. Su lenguaje verbal y corporal expresarán pesimismo, desgano, apatía, desinterés, o sea, una entrega parcial de abandono de su persona.
Su respiración será corta, su energía disminuirá, subestimándose y victimizándose. Su relación de pareja será pobre, mediocre y de insatisfacción. Si decide buscar pareja, escogerá a hombres que idealizará y convertirá en sus ídolos y en su modelo de referencia.
Mujeres con baja autoestima tienden a formar el perfecto escenario para continuar en su empobrecido estilo de vida; las relaciones con los hombres serán desde sus carencias, buscando y exigiendo solapadamente, que las cuiden, que las hagan felices, que les proporcionen seguridad, estatus y comodidades.
Las relaciones interpersonales de la mayoría de estas mujeres, aun las que tienen consigo mismas, es de abuso, de irrespeto, de maltrato, de violencia, de poco valor por sí mismas, con una autoestima por debajo de su nivel; y en esas condiciones se relacionarán con los hombres buscando: aceptación, aprobación y compasión.
Entonces, habrá hombres que aprovecharán esta condición de ellas, para someterlas en relaciones de abusos de todo tipo, a cambio de darles “amor, reconocimiento y valorización”. Muy sutilmente hay complicidad entre la mujer y el hombre, por supuesto que esto no se habla abiertamente, porque ambos son parte de una relación de abuso y de irrespeto.
El círculo vicioso lo empeorará aún más, cuando ella utiliza su sexualidad como la única expresión de ser “mujer”, un hecho que considera normal para satisfacción y apetito sexual del hombre. La dicotomía que viven algunas mujeres es patética, es decir, la no integración de su ser persona y su género, hace que vivan desvalorizadas; un punto a favor para algunos hombres que lo utilizarán para tratarlas como objetos.
Pero en esta disfuncionalidad, la mujer y el hombre pierden, porque se relacionan desde su género y no desde su ser persona. Nadie que tiene respeto y aprecio por sí mismo, se atrevería a relacionarse con alguien que viva fuera del orden establecido por el Creador.
Los hombres que pretenden demostrar que ellos son los que mandan y que tienen el derecho de hacer y deshacer cuanto quieran, ignoran en realidad quienes son como seres humanos. Detrás de toda cultura de “machos”, se esconde un ser humano inseguro, miedoso, cobarde, desvalorizado, es decir, con baja autoestima.
El propósito de la vida de una persona mujer y de una persona hombre, no es para competir, ni tampoco para destacar quién es el mejor, quién puede más, quién sabe más, quién es mejor esposo o esposa, quién es mejor padre o madre, quién es mejor proveedor, quién es mejor trabajador, quién gana más, etcétera.
En un estilo de vida de este tipo, hay mucho desgaste emocional y físico; perdiéndose el placer y el disfrute de vivir en plenitud. Cada ser humano tiene su propósito, pero cuando nos relacionamos no tenemos que renunciar a la individualidad de cada uno. Lo que sí se puede hacer, es desarrollar juntos un proyecto de vida que se ajuste a la personalidad y necesidades individuales.
Todo los seres humanos, mujeres y hombres, están dotados de capacidades, destrezas, habilidades, dones, talentos, sabiduría e inteligencia; todos estos recursos les fueron dados para implementarlos en su desarrollo y crecimiento personal, para relacionarse de igual a igual como personas, con dignidad, respeto y amor.
En fin, la vida es para vivirla en bienestar, plenitud y agradecimiento. Fuimos creados como seres humanos en igualdad, pero en anatomía, funciones, competencias y desempeño somos diferentes; para que cada uno desarrolle su proyecto de vida, en cooperación, balance, solidaridad y apoyo.
La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.
Proverbios 14:1