Fundación Autoestima

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Responsabilidad

Yo soy responsable de mi vida, crecimiento y desarrollo personal:

Todos los seres humanos estamos hechos del mismo formato, pero siendo diferentes como individuos: en propósitos, capacidades, significados,  recursos, estrategias, competencias, desempeño, identidad y géneros. Nuestras diferencias nos convierte en seres únicos e irrepetibles.

Yo soy yo y tú eres tú. No estoy en este mundo para vivir tus expectativas, ni tú estás para vivir las mías, pero juntos y en acuerdo, podemos vivir la vida desde una perspectiva y experiencia humana más productiva, satisfactoria y provechosa para ambos. 

En una ocasión solemne, le preguntaron a un sabio chino: ¿Cómo podré señor, escaparme del fuego del sufrimiento? El sabio miró a su interlocutor y le respondió: metiéndote en el fuego del sufrimiento. 

En mi experiencia personal y profesional, lo he aprendido, comprobado y vivido, que la única forma de salir es entrando; que la única forma de vivir es viviendo. La vida del ser humanos está compuesta de dos caras: lo obvio y lo paradójico. Lo obvio es quién soy, aquí  y ahora. Lo paradójico sería, querer escapar de la responsabilidad y compromiso conmigo mismo. 

Cuando vienen las adversidades de la vida, lo responsable sería dar la cara; porque son las oportunidades que la vida nos presenta para ejercer nuestras competencias y desempeño, con efectividad. Pero no muy pocos, se pierden la oportunidad de crecer y desarrollar su autoestima, por no querer pagar el precio responsablemente de sus vidas e implicaciones. 

Lo responsable es, meterse hasta el centro mismo del dolor, de la rabia, o del miedo, para ponerse en contacto con la experiencia misma y su autoestima. El único camino que nos llevará a obtener la respuesta, y la solución del problema, es la verdad, porque la verdad nos hace libres y responsables.

Vivir responsablemente: es respirar, comer, dormir, sentir, doler, padecer, gozar, tocar, ver, amar, llorar y reír; sin escapar a lo racional que generaliza, teoriza, y distorsiona la experiencia concreta. 

Metiéndome en mi dolor, llegaré a mi centro, a mi energía, a mi fuerza, congruencia y paz interna. Metiéndome en mi rabia llegaré a mi fuerza creativa, mi autoestima, la que busca y encuentra alternativas, y maneras efectivas de buscar las soluciones apropiadas.

Metiéndome en mi miedo, llegaré a mi valor y coraje para vivir. La experiencia de la vida, es vivirla en plenitud y en agradecimiento. Es estar consciente de mi propio significado, una manera de sentir mi propia identidad, en el aquí y ahora.

Vivir es estar consciente de quién soy en cada instante. Cada quien tiene su propio libro que escribir, centrado en su propia experiencia de vida; viviendo siendo lo que soy, sin complicaciones, sin dramas, ni coartadas, únicamente siendo yo, aquí y ahora. 

¿Quién soy yo? Lo que soy en este preciso momento, mi propia experiencia; mi yo soy corresponde a lo intrínseco, a la persona misma, mi sí mismo, todo mi ser: cuerpo, espíritu y alma.

Algunos consideran que lo que vemos a diario, es el castigo de un Dios justiciero, cansado de esperar que el hombre vuelva en sí. Pero para los que aún creemos en el ser humano, sabemos que él es, el único responsable de haber perdido su significado, propósito y misión de la vida. 

Es inútil que sigamos buscando los culpables de nuestros fracasos de la vida; cuando en verdad, los únicos responsables hemos sido nosotros mismos, por haber roto el contacto con nuestro ser integral. La decisión es nuestra, querer despertar la conciencia, y desde ahí, emprender un cambio profundo, sincero y transparente, para encontrarnos con nuestro Hacedor, autor de la vida.

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

Deuteronomio 30:19

La Persona Mujer

A la persona mujer: cuando una mujer pierde su centro, es decir, su contexto, su significado y su propósito de ser persona, su autoestima comienza a declinar rápidamente. Después, la persona comenzará a reflejar desinterés por la vida, por sus necesidades y sus objetivos. 

Al transcurrir los días, los meses y los años, su organismo empezará a manifestar síntomas somáticos como evidencia de un organismo en depresión. Su mecanismos de defensas disminuirá perdiendo fuerza, efectividad y calidad en su funcionamiento. Su lenguaje verbal y corporal expresarán pesimismo, desgano, apatía, desinterés, o sea, una entrega parcial de abandono de su persona. 

Su respiración será corta, su energía disminuirá, subestimándose y victimizándose. Su relación de pareja será pobre, mediocre y de insatisfacción. Si decide buscar pareja, escogerá a hombres que idealizará y convertirá en sus ídolos y en su modelo de referencia. 

Mujeres con baja autoestima tienden a formar el perfecto escenario para continuar en su empobrecido estilo de vida; las relaciones con los hombres serán desde sus carencias, buscando y exigiendo solapadamente, que las cuiden, que las hagan felices, que les proporcionen seguridad, estatus y comodidades.

Las relaciones interpersonales de la mayoría de estas mujeres, aun las que tienen consigo mismas, es de abuso, de irrespeto, de maltrato, de violencia, de poco valor por sí mismas, con una autoestima por debajo de su nivel; y en esas condiciones se relacionarán con los hombres buscando: aceptación, aprobación y compasión. 

Entonces, habrá hombres que aprovecharán esta condición de ellas, para someterlas en relaciones de abusos de todo tipo, a cambio de darles “amor, reconocimiento y valorización”. Muy sutilmente hay complicidad entre la mujer y el hombre, por supuesto que esto no se habla abiertamente, porque ambos son parte de una relación de abuso y de irrespeto. 

El círculo vicioso lo empeorará aún más, cuando ella utiliza su sexualidad como la única expresión de ser “mujer”, un hecho que considera normal para satisfacción y apetito sexual del hombre. La dicotomía que viven algunas mujeres es patética, es decir, la no integración de su ser persona y su género, hace que vivan desvalorizadas; un punto a favor para algunos hombres que lo utilizarán para tratarlas como objetos.  

Pero en esta disfuncionalidad, la mujer y el hombre pierden, porque se relacionan desde su género y no desde su ser persona. Nadie que tiene respeto y aprecio por sí mismo, se atrevería a relacionarse con alguien que viva fuera del orden establecido por el Creador. 

Los hombres que pretenden demostrar que ellos son los que mandan y que tienen el derecho de hacer y deshacer cuanto quieran, ignoran en realidad quienes son como seres humanos. Detrás de toda cultura de “machos”, se esconde un ser humano inseguro, miedoso, cobarde, desvalorizado, es decir, con baja autoestima.

El propósito de la vida de una persona mujer y de una persona hombre, no es para competir, ni tampoco para destacar quién es el mejor, quién puede más, quién sabe más, quién es mejor esposo o esposa, quién es mejor padre o madre, quién es mejor proveedor, quién es mejor trabajador, quién gana más, etcétera. 

En un estilo de vida de este tipo, hay mucho desgaste emocional y físico; perdiéndose el placer y el disfrute de vivir en plenitud. Cada ser humano tiene su propósito, pero cuando nos relacionamos no tenemos que renunciar a la individualidad de cada uno. Lo que sí se puede hacer, es desarrollar juntos un proyecto de vida que se ajuste a la personalidad y necesidades individuales. 

Todo los seres humanos, mujeres y hombres, están dotados de capacidades, destrezas, habilidades, dones, talentos, sabiduría e inteligencia; todos estos recursos les fueron dados para implementarlos en su desarrollo y crecimiento personal, para relacionarse de igual a igual como personas, con dignidad, respeto y amor. 

En fin, la vida es para vivirla en bienestar, plenitud y agradecimiento. Fuimos creados como seres humanos en igualdad, pero en anatomía, funciones, competencias y desempeño somos diferentes; para que cada uno desarrolle su proyecto de vida, en cooperación, balance, solidaridad y apoyo. 

La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.

Proverbios 14:1

Autoestima y Efectividad

Autoestima y Efectividad: si la autoestima es la energía que hay dentro de cada organismo vivo, efectividad es la verdad de esa energía, lo que soy, lo que pienso y lo que hago. La efectividad tiene que ver con sentirme capaz y competente en mi desempeño, para hacer las cosas que quiero, y obtener los resultados que busco. 

La efectividad es lo opuesto a la mentira. Cuando hablamos de una persona efectiva, estamos hablando de alguien que es lo que dice ser, se acepta y se aprecia como tal. Es efectivo quien posee su propio criterio y se guía por su intuición y tiene una visión definida de sí mismo.  

Cuando afirmamos que efectivamente hicimos algo, queremos decir que los resultados están ahí, y se pueden constatar: los resultados concuerdan con lo que decimos, sentimos y hacemos, no hay mentiras, ni engaño, ni excusas, ni coartadas al respecto.

La persona efectiva, no sólo hace lo mejor que puede, sino que hace lo imposible para que el trabajo sea hecho en excelencia. La efectividad, más que un comportamiento, es una actitud ante la vida, un valor agregado, un estilo de vida. La efectividad se deriva de la conciencia de ser capaz y de estar orientado para hacer lo que sé hacer con pasión, vocación, excelencia y ética. 

Autoestima es la fuerza que mueve al individuo hacia un objetivo específico, para llegar a donde se quiere llegar. Efectividad es una disposición, un encuadre mental, enfocado en la decisión y convicción de ser uno mismo, auténticamente verdadero y coherente. 

Soy efectivo cuando estoy presente, cuando decido ser responsable, y congruente conmigo mismo; cuando dependiendo de mí, hago las cosas que quiero hacer, sin esperar que otro las haga por mí. En un comportamiento efectivo, hay tres elementos importantes: equilibrio, flexibilidad y creatividad.

1. Equilibrio: la ecología es la fuerza ordenadora e impulsiva en el proceso de la autoestima. De ella se derivan el aprecio, el contacto, el respeto al crecimiento, y a la integridad en el manejo de las necesidades del individuo.

2. Cuando la persona es consciente de quien es, de sus necesidades, y de sus contextos, se orienta intuitivamente hacia lo que es la razón de su vida, hacia el bienestar total, y al orden interno, sin violentar las pautas del crecimiento.

3. Flexibilidad: para ser efectivo es necesario adaptarse, buscar alternativas, y experimentar, para llegar a donde se quiere llegar, con el menor costo, y el mayor bienestar. En el manejo de los eventos, una persona consciente de sí, puede ser como las palmeras, que enfrentan las embestidas de los vientos más feroces, permaneciendo firmes en su arraigo y prevaleciente.

La creatividad esta íntimamente relacionada con la vida y la efectividad, para estar atentos a los cambios, al descubrimiento de nuevas alternativas, para cambiar de perspectiva, sin aferrarse a lo que ya conocemos y nos proporciona seguridad. Cuando una persona efectiva, ve que todo perece está perdido e impenetrable, se las ingenia para encontrar nuevos caminos que lo llevarán a otros resultados.

 La vida nos demanda vivirla: con conciencia, responsabilidad, y carácter; porque somos un diseño con la más avanzada ingeniería y tecnología del Creador. Cada ser humano es un diseño único, especial y particular, para honrar y glorificar al Creador. Cuando soy consciente de quién soy, vivo con dignidad, gratitud, y en plenitud por la persona que soy, y valgo. 

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1:7

El Veneno

Una vez, una hija vino a su madre y le comentó: ¡Mamá, ya no aguanto más a la vecina! Quiero matarla, pero tengo miedo que me descubran. ¿Me puedes ayudar con eso? 

La madre le responde, claro que sí mi amor, pero hay una condición; tendrás que hacer las paces con ella para que después nadie sospeche que fuiste tú cuando ella muera.

Tendrás que ofrecerte a cuidarla muy bien, ser respetuosa, gentil, cordial, paciente, cariñosa, empática, menos egoísta, complacerla, y escucharla. ¿Ves este polvito? Todos los días pondrás un poco en su comida. Así ella morirá lentamente.

Pasados treinta días, la hija vuelve a su madre para contarle los resultados de la tarea; le dice, mamá ya no quiero que ella muera. He comenzado amarla, el sentimiento de odio que sentía contra ella se ha desvanecido. ¿Y ahora? ¿Cómo hago para cortar el efecto del veneno? 

La Madre entonces le responde: ¡No te preocupes hija mía! Lo que te dí fue polvito de arroz; ella no morirá, porque el veneno estaba en ti hija.

La fábula del veneno es una analogía, útil para referirnos a uno de los cuatro sentimientos primarios, la rabia. Cuando el sentimiento rabia no se maneja correctamente, ni se contextualiza, se convierte en amargura, resentimiento, violencia, odio, y venganza; además de ser muy tóxico para el cuerpo y la mente, dejándonos consecuencias en enfermedades psicosomáticas como:

insomnio, acné, caída del cabello, pérdida de la vista, estreñimiento, úlceras, problemas digestivos, artritis, dolores de espalda, migrañas, obesidad, halitosis, enfermedades de la piel, problemas cardíacos, mal humor, desconfianza, inseguridad, miedo, depresión, aislamiento, etcétera. 

Ningún sentimiento es malo en sí, lo malo es, no saber identificarlos, contextualizarlos, ignorarlos, y no saber lidiar con ellos. Los sentimientos forman parte de nuestra autoestima, si no somos conscientes de ellos, nos perjudicarán en nuestro desarrollo, y plenitud de nuestra autoestima, es decir  quién soy yo, aquí y ahora. 

Creo que sería muy saludable y conveniente para todos, la activación de algunos principios dormidos. Ejemplo, la misericordia, la reconciliación, y el amor; que son intrínsecos de nuestra creación y naturaleza. Para todos los que creemos que fuimos creados, sabemos que fuimos hechos a su imagen, conforme a su semejanza; es decir, que poseemos la naturaleza de Dios.

Procuremos hacer las paces con quienes nos han ofendido y lastimado, no por ellos, sino por nosotros mismos; y así, dignificaremos, y honraremos nuestra creación, y al Creador. Aprendamos a tratar a los demás como queremos ser tratados. Siendo compasivos, misericordiosos, y amorosos, para reconciliar, perdonar, amar, dar, servir, sin esperar nada a cambio. 

Que el amor al prójimo se convierta en un estilo de vida, así como nosotros nos amamos a nosotros mismos; por encima de nuestras diferencias, moralismo, prejuicios, clacismo, racismo, y géneros. Dios busca y ama al pecador, pero no su pecado; por esto insiste como Padre amoroso, por el ser humano que él creó.

Hoy más que nunca, nuestro mejor aporte a la sociedad en caos, es ofrecerles nuestra mejor versión. Somos luz, para iluminar a otros con esperanza, aliento, apoyo, consuelo, fe y amor. Que Dios encienda en nosotros su amor Ágape. La naturaleza de Dios es amor; por su amor nos perdonó, mediante su Hijo Jesús, para que todos seamos salvos, y volvamos a él mediante su amor infinito. 

El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas. Proverbios 10:12

Excusas: uno de los enemigos de la autoestima

Todos alguna vez hemos dado excusas. Excusas son mentiras, justificaciones, pretextos, o coartadas. Las excusas que más he oído en mi trayectoria profesional son: no sé, no puedo, no tengo, no entiendo, me olvidé, me confundí; es decir, yo no soy responsable sino víctima de las circunstancias, y de mi ignorancia.

Desde pequeño, nos la hemos ingeniado para dar excusas, justificándonos para quedar bien; porque lo más importante es dar la imagen de ser “una buena persona”.

La excusa tiene una raíz, la altivez. La persona altiva es prepotente, orgullosa, soberbia; deliberadamente no da la cara para no asumir la responsabilidad de los hechos cualquiera que fuera, entonces manipulará con su lenguaje favorito:

Se cayó, se rompió, se lo robaron, el tráfico, el accidente, cerraron la calle, la jaqueca, la comida me cayó mal, la alergia, la gripe, el polen, la lluvia, la nieve, el frío, la inseguridad, la delincuencia, la violencia, las mujeres, los hombres, el Covid, etcétera. Todo lo anterior son excusas, pero la persona responsable se víctimisa, pretendiendo decir que todas las cosas malas le suceden a él.

Da la impresión, que el patrón de la excusa lo hubiésemos heredado de Adán. Cuando Dios le hizo la pregunta, su respuesta fue una excusa. Observa, le dijo a Dios, la mujer que mediste por compañera me dio del árbol, y yo comí. ¿Quiénes fueron los cupables? Dios que se equivocó con la mujer que le hizo; y la mala mujer que lo metió en problemas. 

Utilizar la excusa como estilo de vida, es atentar en contra de la autoestima, negando el sí mismo, quién soy yo. Cuando no soy consciente, ni responsable de mis pensamientos, palabras, acciones, aciertos, desaciertos y equivocaciones; me pierdo la oportunidad de crecer de forma integral, es decir: espíritual, emocional, física y social. 

Cuando soy consciente de mí, entonces mi autoestima se encarga de activar y organizar todos mis contactos internos, para expresar la persona que soy, aquí y ahora. Cuando soy consciente, no tengo que dar excusas, ni mentir, ni defenderme, ni argumentar, ni manipular; porque no hay ningún problema si me equivoco, o cometo algún error. Asumo mi responsabilidad dando la cara, para dar una disculpa, o pedir perdón si fuese el caso.

Nuestra creación está diseñada y organizada para procesar únicamente la verdad, pero cuando por alguna razón damos excusas, o nos justificamos, nos exponemos a las consecuencias de negar la verdad. Nuestra naturaleza humana es proclive a dar excusas, para justificar lo injustificable. 

Pienso que sería conveniente para todos, en nuestra lista de resoluciones de nuevo año; comprometernos a ejercitar la honestidad, la ética, y los principios espirituales; porque la verdad nos hará libres y maduros, convirtiéndonos en mejores seres humanos.

Amado, yo deseo tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. No tengo yo mejor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad. 3Juan 1:2,4

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