Fundación Autoestima

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Excusas: uno de los enemigos de la autoestima

Todos alguna vez hemos dado excusas. Excusas son mentiras, justificaciones, pretextos, o coartadas. Las excusas que más he oído en mi trayectoria profesional son: no sé, no puedo, no tengo, no entiendo, me olvidé, me confundí; es decir, yo no soy responsable sino víctima de las circunstancias, y de mi ignorancia.

Desde pequeño, nos la hemos ingeniado para dar excusas, justificándonos para quedar bien; porque lo más importante es dar la imagen de ser “una buena persona”.

La excusa tiene una raíz, la altivez. La persona altiva es prepotente, orgullosa, soberbia; deliberadamente no da la cara para no asumir la responsabilidad de los hechos cualquiera que fuera, entonces manipulará con su lenguaje favorito:

Se cayó, se rompió, se lo robaron, el tráfico, el accidente, cerraron la calle, la jaqueca, la comida me cayó mal, la alergia, la gripe, el polen, la lluvia, la nieve, el frío, la inseguridad, la delincuencia, la violencia, las mujeres, los hombres, el Covid, etcétera. Todo lo anterior son excusas, pero la persona responsable se víctimisa, pretendiendo decir que todas las cosas malas le suceden a él.

Da la impresión, que el patrón de la excusa lo hubiésemos heredado de Adán. Cuando Dios le hizo la pregunta, su respuesta fue una excusa. Observa, le dijo a Dios, la mujer que mediste por compañera me dio del árbol, y yo comí. ¿Quiénes fueron los cupables? Dios que se equivocó con la mujer que le hizo; y la mala mujer que lo metió en problemas. 

Utilizar la excusa como estilo de vida, es atentar en contra de la autoestima, negando el sí mismo, quién soy yo. Cuando no soy consciente, ni responsable de mis pensamientos, palabras, acciones, aciertos, desaciertos y equivocaciones; me pierdo la oportunidad de crecer de forma integral, es decir: espíritual, emocional, física y social. 

Cuando soy consciente de mí, entonces mi autoestima se encarga de activar y organizar todos mis contactos internos, para expresar la persona que soy, aquí y ahora. Cuando soy consciente, no tengo que dar excusas, ni mentir, ni defenderme, ni argumentar, ni manipular; porque no hay ningún problema si me equivoco, o cometo algún error. Asumo mi responsabilidad dando la cara, para dar una disculpa, o pedir perdón si fuese el caso.

Nuestra creación está diseñada y organizada para procesar únicamente la verdad, pero cuando por alguna razón damos excusas, o nos justificamos, nos exponemos a las consecuencias de negar la verdad. Nuestra naturaleza humana es proclive a dar excusas, para justificar lo injustificable. 

Pienso que sería conveniente para todos, en nuestra lista de resoluciones de nuevo año; comprometernos a ejercitar la honestidad, la ética, y los principios espirituales; porque la verdad nos hará libres y maduros, convirtiéndonos en mejores seres humanos.

Amado, yo deseo tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. No tengo yo mejor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad. 3Juan 1:2,4

Fobias

Fobia: un sufrimiento silencioso. Fobia es temor a algún objeto o situación, que, en sí, no encierra ningún peligro real para la persona. Quien padece de fobia generalmente reconoce lo irracional de su miedo, pero no logra disipar sus sentimientos con sólo razonar, puede tener fobia a cualquier objeto o situación. 

Aunque para algunas personas la fobia de alguien pueda ser causa de broma o burla, no es así para quien la padece. He aquí, algunas de las fobias más comunes que agobian, estresan y cautivan a muchas personas:

– Acrofobia: Miedo a las alturas.

– Agorafobia: Miedo a los espacios públicos abiertos.

– Algofobia: Miedo al dolor.

– Antropofobia: Miedo a los hombres o a un hombre en particular.

– Ginecofobia: Miedo a las mujeres o a una mujer en particular.

– Astrofobia: Miedo al trueno, al relámpago o a las tormentas.

– Ereutofobia: Miedo a ruborizarse.

– Hematofobia: Miedo a la sangre.

– Hidrofobia: Miedo al agua.

– Monofobia: Miedo a la soledad.

– Necrofobia: Miedo a los cadáveres.

– Nictofobia: Miedo a la oscuridad.

– Oclofobia: Miedo a las muchedumbres. 

– Pirofobia: Miedo al fuego.

– Tanatofobia: Miedo a la muerte.

– Herpetofobia: Miedo a los reptiles.

– Zoofobia: Miedo a los animales.

– Entomofobia: Miedo a los insectos. 

– Patofobia: Miedo a las enfermedades o a una enfermedad en particular.

Quienes padecen de fobias harán lo imposible por evitar los objetos que provocan esas reacciones de miedo. La intensidad del miedo asociado al objeto puede ir desde un disgusto irritante hasta gran congoja y ataque de gran ansiedad. 

Además del miedo irracional, quienes padecen de fobia pueden mostrar síntomas físicos, como dolor de espalda, de cabeza, diarrea, náusea, mareos, sudoración en las manos, respiración acelerada, taquicardia, parálisis e histeria. 

Muchas veces la fobia es el resultado de una súbita experiencia traumática de la infancia de la persona. Entre los más comunes encontramos el miedo a los perros, que suele surgir cuando un niño es atacado por un perro y no logra sobreponerse al miedo asociado con esta experiencia. 

Años después del incidente puede que la persona no sea capaz de acercase a un perro sin reaccionar con profunda ansiedad y pánico.

Las fobias también pueden surgir como un desplazamiento de la ansiedad. Es decir, el objeto de miedo simboliza cierta experiencia o acontecimiento que para la persona fue insoportable. 

El miedo extremo va adjunto al sustituto objeto del miedo. La fobia también puede producirse por influencia de los padres. El padre o la madre que tienen un miedo inmenso al rayo, por ejemplo, pueden transmitirlo a los hijos, al esconderse cada vez que hay tormentas eléctricas, para evitar el gran peligro que encierra. 

Otra causa de fobia es el intento de la persona que trata de evitar situaciones en que podría exhibir intentos agresivos o eróticos corrientemente reprimidos. Me explico, a una madre le puede sobrevenir amicofobia, miedo a los objetos filosos, miedo a que cuando maneja un objeto afilado, ella podría emplearlo en contra de sus hijos o marido. 

El tratamiento para el fóbico varía según la condición de la persona. No creo que una fobia se pueda curar mediante autoayuda, por lo complejo del tema; por eso es importante la supervisión y evaluación en el proceso de liberación de alguna fobia. 

La ayuda de un profesional de la salud con orientación holística es muy importante, para ayudar a la persona a desactivar la fobia y sacarlo del cautiverio. En mi experiencia personal y profesional, he sido testigo que sí es posible que una persona se sane de cualquier fobia. Recomiendo cuatro pasos: decisión, firmeza, seguridad y fe.

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y dominio propio. Timoteo 1:7

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y dominio propio. Timoteo 1:7

La Vaquita

Un maestro de la sabiduría paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio de lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al discípulo acerca de las visitas, también de conocer personas y la oportunidad de aprendizaje que tenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constataron la pobreza del lugar, los habitantes, una pareja y tres hijos; tenían una humilde casa de madera y estaban vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. Entonces se aproximó el maestro al padre de la familia y le preguntó: 

¿En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni puntos de comercios tampoco? ¿Cómo hace usted y su familia para sobrevivir aquí? El señor calmadamente le respondió: Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todo los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra producimos queso, cuajada, etcétera, para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se marchó con su discípulo. 

En el medio del camino, volteó a su fiel discípulo y le ordenó: busca la vaquita, llévatela al precipicio de allí en frente y empújala al barranco. El discípulo espantado vio a su maestro y le cuestionó sobre el hecho, porque la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. El silencio absoluto del maestro fue suficiente para entender y cumplir con la orden. Así que el discípulo empujó a la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del discípulo por años y nunca pudo sacarse el terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias de su maestro. 

Tanto impacto causó esto en la vida del discípulo, que abandonó al maestro y prosiguió solo su camino. Años después, el discípulo debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al lugar. Contarle a toda la familia, pedirles perdón, y de ser posible, repararle el daño causado. Así lo hizo, y a mediados que se aproximaba al lugar veía todo hermoso, con árboles frondosos y floridos, una huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados. El joven discípulo triste y desesperado, aún imaginándose que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró su paso al llegar a la casa fue recibido por un hombre muy agradable y tranquilo. 

El joven discípulo, le preguntó por la familia que allí vivió hace unos cuantos años atrás, pero el hombre le dijo que ellos habían vivido allí toda su vida. Sorprendido el joven discípulo, vio con atención los rostros de las personas y concluyó que efectivamente eran la familia que él había conocido. Y sólo atinó a preguntar, yo pasé años atrás y este era un lugar muy pobre. ¿Cómo logró esta prosperidad? Y el hombre entusiasmado le contestó: mire joven, años atrás nosotros teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo se cayó a un precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestro fin, pero fue entonces que despertó nuestra consciencia, la sabiduría y la inteligencia, para buscar nuevas alternativas. Ignorábamos que fuéramos capaces de lograrlo, así fue como alcanzamos la prosperidad y la abundancia que usted ve ahora.

Moraleja: el antes y el después de esta familia, nos lleva a reflexión, ¿acaso tengo alguna vaquita, que está estorbándome en mi desarrollo y plenitud de mi autoestima? Son muchas las personas que viven en pobreza, quizás muchos de ellos son, porque tienen dormidas o cauterizadas sus consciencias; entonces resignados y resentidos, buscan a los culpables: sus padres, el gobierno, la mala suerte o Dios, cuando en verdad nunca han sido pobres. Dentro de cada ser humano, hay una riqueza interna, pero hay que responsabilizarse e invertir en sí mismo para descubrirla. Quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor. Proverbios 25:4

La pérdida de la vaquita fue el detonante que activó la conciencia dormida en esta familia, que los conectó al instante con su autoestima. Uno de los enemigos de la autoestima, es el conformismo. Conformismo, es resignación a una circunstancia determinada. Muchas de las tragedias sirven para sacarnos de nuestra zona de confort, haciéndonos conscientes de nuestra pobreza como seres humanos, la cual nos bloquea para alcanzar la maximización de nuestro diseño como persona. La vida es como un espiral, circula hacia arriba en busca de expansión, evolución y plenitud, pero es la responsabilidad de cada uno de nosotros, hacer posible que esto suceda. ¡Te deseo éxito!

¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra; le hiciste señorear sobre las obras de tus manos, todo lo pusiste de bajo de sus pies. Salmos 8:4-6

La Mariposa

Un día un hombre sentado al borde del camino bajo un árbol, observó cómo la oruga de una crisálida de mariposa intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura que aparecía en el capullo. El hombre estuvo largo rato contemplando cómo se esforzaba, de repente, parecía que se había detenido y que había llegado al límite de sus fuerzas, y no conseguía ir más lejos. Bueno, eso creía él.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa, tomó un pedazo de rama y con la punta ensanchó el orificio del capullo. Así fue como la mariposa salió fácilmente, pero su cuerpo estaba emblanquecido, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continúo observándola, porque esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrieran y la mariposa se echaría a volar, pero nada ocurrió. La mariposa vivió poco y murió. Nunca voló, y las pocas horas que sobrevivió, la pasó arrastrando lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas. 

Todo esto sucedió, porque el hombre queriendo “ayudar”, ignoraba que el esfuerzo era necesario para abrirse camino a través del capullo, esa es la manera que Dios ha dispuesto para que la circulación de su cuerpo llegara a alas, y estuviera lista para volar una vez hubiera salido.

El ejemplo de la mariposa, visto desde la perspectiva humana, podríamos decir, que cuando se violan los procesos ecológicos de la autoestima, causa trauma en el desarrollo, en el crecimiento y maduración del individuo, necesarios para abrirse paso en la vida.  La vida es un acto de responsabilidad consigo mismo. En el negocio de la vida, cada uno tiene que cuidar su propia vida. Amarla, decidirla, mantenerla y cuidarla de la mejor manera posible. Mi vida es mía, la tuya es la tuya, cada uno es dueño de su propia vida: de sus palabras, de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus acciones, errores y aciertos. 

Nadie es fotocopia, ni imitación, ni sustituto de ninguna persona o de algún otro proyecto. No hay ninguna persona igual a otra, cada uno tiene su propio diseño, cada uno es único y exclusivo. Si Dios no nos permitiese vivir obstáculos en la vida, quedaríamos inválidos, y nunca llegaríamos conocer el ser interior que hay en nosotros, para maximizar nuestras vidas en toda su plenitud. 

Algunas veces le pedimos a Dios fuerzas, y Dios permite dificultades para hacernos fuertes y maduros. Le pedimos sabiduría a Dios, y Dios promueve o permite los problemas para que implementemos sus principios y leyes escritas en la constitución, es decir, la Biblia; fuente de toda sabiduría de Dios. Le pedimos prosperidad a Dios, pero Dios ya nos ha dotado de capacidades, competencias, dones, talentos y recursos, para desempeñarnos con éxito en nuestras funciones, como hombres y mujeres. Le pedimos a Dios ser fuertes, y Dios permite que tengamos tropiezos y obstáculos, para hacernos maduros, capaces y valientes.

Le pedimos a Dios más fe, pero cuando se nos presenta un reto en la vida, entonces, aparece la duda, la inseguridad y los miedos fantasmas. Le pedimos misericordia a Dios, y Dios nos concede oportunidades para ejercer misericordia con otros. ¡Pareciese que no recibimos nada de lo que le pedimos a Dios! Creo que la razón es porque ya tenemos todo lo que necesitamos, para vivir la vida como la máxima creación de Dios. Lo que sí necesitamos muchos, es un despertar de nuestra conciencia, para poder conectarnos y activar nuestra autoestima, para comenzar a vivir la vida con satisfacción y plenitud. La próxima vez, que quieras ayudar a alguien creyendo que es lo mejor para esa persona; asegúrate de no estar interrumpiendo su proceso de crecimiento y desarrollo de su autoestima.

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en donde quieras que vayas y hagas. Josué 1:9

Los Clavos

La historia de un joven que tenía un carácter explosivo e iracundo. Su padre un hombre justo y sabio, un día le entregó al joven una bolsa de clavos y un martillo. Le dijo: cada vez que tengas una explosión de coraje, clava un clavo detrás de la puerta de tu cuarto.

El primer día el joven clavó 38 clavos en la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su rabia clavaba cada vez menos clavos. El joven descubrió que era más fácil controlar su rabia que clavar clavos en la puerta. 

En el proceso había logrado controlar la rabia durante todo el día. El joven emocionado le compartió a su padre su logro, entonces el padre le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar la rabia. Los días pasaron, y finalmente el joven pudo darle las buenas nuevas a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. 

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo has trabajado duro, hijo mío, ¿pero ves todos estos hoyos en la puerta? Ya nunca más será la misma; porque cada vez que explotas enojándote, dejas cicatrices en las personas tal como las que aquí ves en la puerta. 

El padre continúo diciéndole, tú puedes insultar a alguien y después disculparte por lo que dijiste, pero las heridas y las cicatrices perdurarán para siempre. Una ofensa verbal es están dañina como lo es una agresión física. 

Resumiendo: junto al amor y al dolor está la rabia, otra experiencia importante en nuestra vida. Rabia nos produce el rompimiento del contacto, la separación y el abandono. Son muchos los esquemas mentales, programaciones, patrones, mapas, distorsiones y falsedades que se usan para no enfrentarse con la necesidad de destruir, de agredir y de romper. 

En el quehacer diario hay muchas situaciones que nos confrontan con la rabia. No es que alguien poderoso me hace tener o actuar con rabia. La rabia es mía, es decir, como lo es el dolor de estómago, o el dolor de cabeza. Yo la causo, porque es la forma de manejar mis emociones y situaciones personales. 

Podemos negar la rabia, taparla con un síntoma, distorsionarla con una sonrisa, pero si no concientizamos nuestra rabia, como una energía perfectamente legítima, y si no nos responsabilizamos de ella, expresando esa energía, quedará a la deriva, sin objetivo y mal manejada. Entonces la proyectaremos contra otros, quizás con los más cercanos, o correremos peligro de dirigirla contra nosotros mismo. 

Descalificar la rabia con estereotipos como: nociva o peligrosa, como propia de locos, de inmaduros, o de anormales, sólo dará pie a que la convirtamos en resentimiento, amargura, aislamiento, complejos, culpa y en violencia, que se ocultará detrás de síntomas y de enfermedades. 

Rabia es un sentimiento orgánico físico y biológico. La energía se bloquea cuando no se expresa, porque, cuando se expresa permite ponerse en contacto con la separación o la necesidad no satisfecha. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”. Efesios 4:26

Cuando la energía no se expresa correctamente, es nociva al organismo, convirtiéndose en violencia, juicio, venganza, destrucción y en enfermedades, en busca de un culpable, un chivo expiatorio, a quien se le cargará lo que no tuve, lo que no tengo y necesito. 

Todo tiene que ver con la autoestima, para no seguir cediéndole espacio a la rabia en nuestra mente y corazón; y ocupar este espacio con el amor. Amor es el bálsamo que sana las heridas del pasado, nos reconcilia y nos liberta. Nos merecemos tener una mejor calidad de vida. 

Y ahora permanece la fe, la esperanza, y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. 1Corintios 13:13

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