Fundación Autoestima

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Programados

En lugar de pregunte porqué te suceden las mismas cosas, pregúntate porqué eliges los mismos caminos.

Nuestras decisiones y acciones están influenciadas por las programaciones que recibimos en los primeros siete años de vida, es decir, que el 95% de nuestros comportamientos se derivan de las programaciones. Por ejemplo: salud, enfermedades, bienestar, alimentación, economía, relaciones, carácter, patrones, tradiciones, costumbres, creencias, expresiones corporales, gestos, miedos, palabras, reacciones a ciertas situaciones de la vida, inseguridad, limitaciones, codependencia, etcétera.

Todas estas programaciones se encuentran en la caja negra, el subconsciente; que funciona como un piloto automático sin que seamos conscientes de su actividad, así es, como dirige nuestros pensamientos, sentimientos, comportamientos y decisiones importantes de nuestra vida.

Por otra parte, está la actividad del consciente que es apenas de un 5%, el cual nos permite estar conscientes de nuestro presente y futuro, de actividades, compromisos, responsabilidades de asuntos importantes. Nuestra mente está compuesta de dos partes: consciente y subconsciente. El consciente, es el aquí y ahora, mis necesidades, mis contextos, mis metas, mis objetivos, mis sueños, etcétera. En el subconsciente, están las programaciones, recuerdos de personas, acontecimientos importantes, tragedias, experiencias, vivencias, secretos, lugares, voces, sonidos, colores, olores, etcétera.

Mi recomendación para todos los que leen este contenido, inviertan tiempo para revisar sus programaciones, una vez que hayas identificado algunas programaciones que no corresponda a la personalidad tuya, entonces estás listo para reeditar nuevas programaciones relacionadas con tu personalidad, esencia, carácter y propósito de vida.

Vivir no es asunto de buena suerte o supersticiones, tiene que ver con nuestra autoestima. Como adultos somos responsables de nuestra autoestima, porque ella nos conecta con la vida. La vida se vive en balance, es decir, somos trinos: espíritu, alma y cuerpo, los tres componentes de nuestra creación, para desarrollar la plenitud de nuestro ser.

No debemos renunciar al derecho de vivir la vida con respeto y dignidad, ningún atrevido nos las puede arrebatar. Yo soy dueño de mis pensamientos y mis sentimientos, de lo que quiero, como lo quiero y cuándo lo quiero. Dios ilumine tu conciencia y tu camino, para que prosperes en la labor y búsqueda de la verdad. Somos la honra del Hacedor.

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, más cuando ya fui adulto, dejé lo que era de niño. 1Corintios 13:11

Problemas

A todos nos ha tocado vivir en algún momento eventos inesperados, todas son situaciones que rompen la cotidianidad, alteran los procesos y producen diversas reacciones en los miembros de la familia. Nadie en su condición humana está exento que le sucedan cosas. Por ejemplo, el impacto para una familia eventos tales como: enfermedades, muertes, divorcios, separaciones, matrimonios de los hijos, mudanzas, cambio de país, nuevos nacimientos, pérdida del trabajo. Una hija que se casa embarazada para evitar el qué dirán. Un hijo en la cárcel. Un hijo con una adicción. La enfermedad de un abuelo querido por los nietos. La muerte de un tío querido, un fracaso sentimental, un fracaso financiero, una traición, etcétera.

El éxito de una familia en la resolución de problemas tiene dos aspectos: primero, un problema es una oportunidad para el aprendizaje. Segundo, ver el problema desde una perspectiva diferente, es decir, tenemos un espíritu que posee sabiduría e inteligencia de parte de Dios; ambas destrezas han sido colocadas para desempeñarse en la vida con éxito. Cualquier acontecimiento puede confundir y desestabilizar a la familia, rompiendo el contacto en su rutina diaria. Entonces, cada uno buscará desde su programaciones y creencias, interpretar para buscarle sentido y explicación razonable al problema. Algunas familias utilizarán la religión para explicar lo que ha sucedido mediante una supuesta voluntad de Dios, resignándose ante el hecho.

Otras verán el problema como una oportunidad para el crecimiento, tratarán de realinear sus fuerzas para bregar y salir adelante. Muchas familias se fortalecen en la adversidad y salen beneficiadas con una mejor comunicación y contacto. Otros, que no son pocos, se meterán en la culpa, buscando a quién sentar en el banquillo de los acusados, creyendo que, si no hubiera sido por fulano o zutano, jamás hubiera sucedido lo que ha sucedido.

Cada familia buscará desde sus creencias y tradiciones, una forma de controlar el problema para mantener el equilibrio familiar. Ante un problema cualquier adulto se puede sentir desorientado, angustiado, desesperado y miedoso, sin saber que hacer; muchas veces estas vivencias adultas se le transmiten al niño incorrectamente, desconociendo las necesidades del niño, justificando sus acciones. Por ejemplo: “está muy pequeño, él no entiende lo que está pasando” entonces, deciden no gastar tiempo ni energía en darle información. Se muere el papá, la información que se le da al pequeño es: “tu papá se fue al cielo, Papá Dios se lo llevó”. La explicación, aunque bien intencionada, está llena de prejuicios, ignorancia y mentiras.

El niño no tiene la capacidad de entender qué significa tal afirmación, quedando atrapado en la duda de quién le quitó a su padre. Para el niño “el cielo” es una abstracción de adultos que no saben cómo manejar el dolor de la pérdida. Se le crea una sensación de alivio, pero también de confusión y de impotencia, además de un mapa de un Dios malo y asesino, cuyo oficio es quitarnos a nuestros seres queridos. El niño quedará resentido, incapaz de relacionarse con su padre y con Dios.

Otro ejemplo frecuente, es cuando la pareja decide divorciarse, la información será: “tu papá o mamá no nos quiere”, “nos abandonó”, “ahora tú tendrás que ser el hombre o la mujer de la casa”, “él o ella, no quiere saber de nosotros, más nunca nos verá”. Todas estas son informaciones que distorsionan la verdad de lo que sucede, le dejan al niño la semilla del malestar y de confusión a quien creerle, con sentimientos encontrados acerca de la relación con sus padres. El divorcio, la separación son problemas de la pareja. Los padres no se divorcian. Los padres deberán ser cuidadosos en la información que les dan a sus hijos, cuando han decidido separarse de su pareja. Nadie tiene derecho a destruir la intimidad de la relación de los padres con sus hijos, por capricho, rabia o venganza.

Las mudanzas son otro caso interesante, la costumbre es no tomar en cuenta al niño de lo que va a suceder. Se le ignora porque no sabe, tratando que no pregunte mucho y se quede tranquilo. La información que se maneja es inadecuada, por ejemplo: “agarra tus cosas y súbete al auto que nos tenemos que ir”. Esa es la orden, sin tomar en cuenta lo que el niño pueda sentir, pensar y querer. El niño tiene derecho saber: ¿para dónde?, ¿para qué?, ¿cuándo?, ¿cómo? Los niños necesitan estar informados. La información que se les da en estas ocasiones es poca y de mala calidad.

No hay problema que no tenga solución, el problema es la persona y su baja autoestima; que lo hace ver como ciego, sordo, con una consciencia dormida. Los problemas hay que tratarlos desde una perspectiva diferente, es decir, desde el diseño original: somos la máxima creación de Dios en la tierra. Fuera de este diseño, cualquier intento que se haga para solucionar problemas será fallido. Salmo 8:4-9.

El Elefante

Me gustaría comenzar contándoles cómo entrenan a los elefantes en la India: toman un bebé elefante de dos pies y le atan una soga en la pata a un poste por dos o tres meses. El bebé elefante tratará de zafarse de la soga muchas veces, convencido de que ya no podrá zafarse, y así aprende que mientras esté la soga en su pata no podrá ir a ningún lado.  Cuando el elefante ya es adulto, ha crecido hasta doce pies de altura; cuando lo quieren mantener inmóvil, lo único que tienen que hacer es atarle una soga a la pata, y en automático ya él sabe que no debe moverse, porque fue programado para cuando tuviese una soga en la pata no debería moverse. ¡Es impresionante, como a un animal tan grande le puedan controlar de esta manera!

Los seres humanos también fuimos programados como el elefante bebé. Durante nuestro desarrollo como niños en los primeros siete años de vida. Fue en ese tiempo donde aprendimos todas las limitaciones que nuestros padres nos impusieron; aunque no lo hicieron deliberadamente, ellos repitieron en nosotros sus creencias y patrones. Por ejemplo: que no éramos capaces ni buenos para muchas cosas y nosotros lo creímos, aceptando sus proyecciones de miedos e inseguridad que hoy forman parte de nuestro marco pensante como creencias y patrones de vida. Toda la programación que recibimos es como una cinta grabada en el subconsciente, ahí se formaron los mapas, patrones y creencias.

El 95% de nuestras acciones provienen de la programación recibida hasta los siete años. El consciente tiene una actividad de apenas del 5%, es la parte presente, el aquí y ahora, es donde residen nuestras necesidades, aspiraciones, proyectos, deseos y la creatividad. El subconsciente del niño comenzó a formarse desde la placenta de la madre mediante la conexión umbilical. Todo lo que el niño oye, siente y ve de su papá y mamá, no es cuestionable ni refutable, porque el niño no tiene la capacidad ni el desarrollo mental para discriminar; lo acepta, lo cree y lo establece como verdad para él. Las programaciones vienen de cinco maneras: la genética: padres-madres, la familiar, la escuela, la sociedad y la religión; conectadas a las cuatro formas más típicas de expresar las programaciones que determinan nuestra posición en la vida: no sé, no tengo, no puedo, no debo.

“No sé”, expresado con frecuencia quiere decir “no quiero saber”, es no quiero responder para no exponerme a ser ignorante o arriesgarme a equivocarme por las limitaciones, los miedos e inseguridad.

“No tengo”, significa “no quiero tener” es decir, mis recursos, alternativas, capacidades y competencias están dormidos. La pobreza es un patrón que responde a la programación de pobre, negación del derecho a tener recursos. Los que viven afirmando que no tienen, manipulan sus carencias para que los demás se apiaden y les den gratuitamente lo que necesitan.

“No puedo”, significa “no quiero poder”. El poder del cual hablamos es el poder interior, es la fuerza interna para definir su propio destino y lograr lo que se quiere. Los que reafirman que no pueden están programados con patrones y creencias de miedo e inseguridad. Muchos viven cautivos en la impotencia porque desconocen su verdadero yo soy, recursos, talentos y habilidades.

“No debo”, significa “no quiero dar la cara”, “no quiero arriesgarme a tomar decisiones”, “necesito permiso para atreverme”. La coartada estará en protegerse detrás de lo establecido, de las normas, de los dogmas y lo compuesto. La conciencia moralista tiene que ver con el perfeccionismo, no con la responsabilidad basada en principios intrínsecos de una ética para la vida. Si soy perfeccionista, no tendré que enfrentarme a decisiones vitales que necesito tomar, ni a las equivocaciones y errores que conlleva vivir.

Te invito que hagas una lista de patrones y creencias que te han acompañado hasta hoy, te vas a sorprender cómo yo, que muchas de esas conductas no te pertenecen. Una vez identificas las confrontas con autoridad, firmeza y convicción. Por ejemplo, eres consciente de las limitaciones que hay en ti, una de ellas es el miedo escénico, como ya la tienes identificada, entonces te vas a repetir muchas veces diariamente: hoy decido no obedecer más a tu miedo, yo soy libre para expresar mis pensamientos, palabras, sentimientos y opiniones. Si quieres vivir la vida en plenitud, feliz y en relatividad con tu diseño original, es decir, siendo lo que realmente eres y no la programación que te impusieron, haz uso de tu autoestima y autoridad que hay en ti, para tumbar y deshacer toda programación que te impide ser tú.

Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, esto hago. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino la programación en mí. Romanos 7:15-17.

 

¿Qué Estás Haciendo Por Ti?

La vida es una inversión, es como un negocio, es un asunto que los seres humanos no deberían tomar a la ligera. Las estadísticas dicen, que menos del 7% de los seres humanos se cuestionan su origen y su propósito de vida, restándole la importancia que tiene en sí. Son pocos los que están conscientes de sus prioridades, necesidades y objetivos de vida. Son pocos los que viven conscientes de su diseño: quién es, qué quiere, que tiene, y a dónde quiere llegar. Tiene convicción en su propósito y destino. Es consciente que su vida no es una casualidad, sino una causalidad. Se focaliza en su desempeño, desarrollo y crecimiento, como su única prioridad y razón de ser y estar.

Hay otro grupo que viven víctimas de los sucesos y circunstancias cotidianas. Si llueve se mojan, si fracasan se resignan. Si sobreviven a un accidente o alguna tragedia, lo atribuirán a la mala suerte, culparán a otros, como si ellos nada tienen que ver con lo sucedido. No planifican con visión a futuro, no toman decisiones, no toman riesgos, viven a la intemperie y terminan permaneciendo en ella. Todo lo anterior quiere decir: que para una mayoría vivir es un acto de irresponsabilidad e indolencia, tienen la conciencia entenebrecida y cauterizada, que los bloquea para tomar la decisión responsable, de desarrollarse y crecer en su autoestima. Viven cómodos en la incomodidad, que es su área de confort, en espera de algún buen samaritano que les ayude.

Muchos bailan al son que les toquen, dependen de los sucesos externos y establecerán con otros semejantes coaliciones para quedar atrapados en el evento, como “niños que se niegan a crecer”. No atienden sus necesidades inmediatas, no son capaces de tomar decisiones para su crecimiento a futuro. Si piensan en crecimiento lo referirán a lo económico, a lo material, permaneciendo así en la marginalidad, en la dependencia, en la queja, en el reclamo, víctimas de los demás y de la mala suerte. Entonces, buscarán a los salvadores mágicos que les prometan la tierra prometida, para perpetuar en su pobreza humana. Son muchos los que han perdido contacto consigo mismo, dejando sus vidas en manos extrañas que distorsionarán aún más su significado, identidad y propósito de vida.

Cuando no se es capaz de buscar la salvación de sí mismo, jamás encontrarás en otros el significado de tu propia existencia. Problemas como la pobreza, el hambre, la sobrepoblación, la delincuencia y las enfermedades, siempre han existido y siempre existirán. Ciertamente existirían menos enfermedades, si cada uno de los seres humanos tuvieran una conciencia clara de sí mismo, de su significado e importancia como personas y en su diseño, es decir, sus capacidades, sus habilidades, su potencial, sus dones, sus talentos, su sabiduría e inteligencia, comprometidos en vivir en calidad de vida; determinados ha no morirse sin antes de haber vivido en su máxima plenitud, que es la razón de ser y de estar.

Finalizo motivado y esperanzado, anhelando que haya un despertar en cada ser humano, para lograr su propia emancipación de sí mismo, en conexión con su autoestima que le guiará con su luz para consumar su propósito de vida. El camino a la libertad es el reconocimiento de tus propias limitaciones, es luchar abrazo partido contra todo aquello que te impide y te bloquea el derecho a ser una persona digna, competente, útil y dueña de tu propia vida y decisiones. La experiencia de ser familia ayuda a los padres a darle a sus hijos una plataforma desde la cual puedan definirse y lanzarse a la vida.

Cuando no se tiene la plataforma, los hijos quedan expuestos a la ignorancia de sí mismo, inconsciente y sin respuestas, improvisarán salidas incongruentes, perpetuado en el vacío y la soledad. Quien tenga una conciencia clara de sí mismo, de sus necesidades, visión y objetivos de vida, podrá insertarse en el mundo que le rodea y enfrentarse a una vida con muchas subidas y bajadas, momentos de éxtasis y momentos de soledad. Cada ser humano, debe vivir la vida con responsabilidad en ser quien es, con propósito definido en sus objetivos y prioridades de vida. El resto es cuestión de desempeño y de gerencia.

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1:9

Pareja

Familia No es Pareja:  la esencia de la pareja está en la capacidad de hacer contacto, contacto consigo mismo y con el otro, en la conciencia de las necesidades propias y del otro como diferente, con un manejo efectivo de la comunicación y un buen nivel de tolerancia para manejar las diferencias. Se busca pareja desde la necesidad de compartir la vida juntos, comprometidos en acuerdos para compartir necesidades, sueños y proyectos de pareja. La relación de pareja se fortalece mediante: el respeto, el afecto, el contacto, la solidaridad, la admiración y la satisfacción de estar con la persona correcta.

La familia por el contrario es un laboratorio, en donde la relación es de tres o más personas vinculados genéticamente para el crecimiento: biológico, fisiológico, espiritual y social, aquí nace y se desarrolla la autoestima. En la mayoría de los que forman parejas la tendencia es confundir familia con pareja.

Padres e hijos conforman familia. Hombre y mujer conforman la pareja. Los hijos, aunque provienen de esa pareja, no pertenecen al sistema de pareja. La relación de los padres y los hijos conforman los triángulos a través de vínculos sanguíneos, que los convierten en una familia. Muchas veces el nacimiento de una relación de pareja se hace sin mucha reflexión ni conciencia, dejando huellas en ambos. Cuando las necesidades de ambos no se toman en cuenta y las diferencias se manejan a través del conflicto y el drama, entonces el estar juntos como pareja carece de sentido e importancia.

En la pareja ambos mantienen sus propias características individuales, pero se complementan y se comprometen en el bienestar y en el crecimiento de ambos. La belleza física, el talento, la profesión y las posibilidades económicas son atributos para considerar, pero no garantizan la estabilidad y permanencia de la relación. La experiencia de ser familia es algo más complejo por el número de personas que la conforman. Se requiere coherencia, compromiso y responsabilidad que los padres deben ejercer, para guiar el proceso y desarrollo de la autoestima de cada hijo. No se trata de cuantos hijos quiero tener, sino qué tengo para ofrecerle a ese hijo.

La pareja fortalece la relación cuando invierten tiempo de pareja: para estar solos, conocerse, planear, revisar proyectos, compromisos, acuerdos y amarse. Cuando la pareja no ha cultivado ni fortalecido su vida interior, la relación y el encanto, podría terminar a los tres o cinco años de haberse iniciado. Si la pareja pierde el contacto diario, perderá su sentido, interés y motivación, entonces lo que quedará será una relación vacía, sin experiencia, sin motivación, sin contacto, sin pasión.

Mantener una pareja, “bajo el pretexto del bienestar de los hijos o el qué dirán”, sería un lamentable error y desperdicio de vida, para vivir la vida en su máxima plenitud. La pareja son dos personas diferentes, un hombre y una mujer, ambos con necesidades que los unen y diferencias que los separan. Ambos responsables de sus necesidades, conscientes de las posibilidades y exigencias de la relación, entendiendo el significado e importancia de la relación.

Finalmente: quien cultive la desvalorización y el resentimiento, no entenderá que significa vivir con otra persona, de compartir la experiencia de estar juntos y posiblemente, aunque vivan en pareja, terminarán quedándose al margen. En muchas parejas que se separan a poco tiempo de haber iniciado su proyecto, pareciera ser éste un común denominador: se enamoran del amor, creando fantasías sin una base real, creyendo que el otro le daría sentido e importancia a su vida, y cuando la relación perdió sentido, no fueron capaces de buscar ayuda para entender sus propias incongruencias.

El amor de pareja está en la efectividad del contacto: sentimientos del uno por el otro, comunicación abierta y directa, contacto y tolerancia, generosidad y compasión compartida con la cual se nutre la relación. Amar a otra persona es un sentimiento noble, distorsionado en muchas ocasiones por paradigmas sobre el hombre y la mujer, sobre las relaciones humanas, el significado del amor y la comunicación. Lo obvio en la pareja es que hay dos personas que apuestan el uno en el otro, que se aman y se sienten motivados a relacionarse de una manera particular, con la decisión de estar y crecer juntos para siempre.

 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? Eclesiastés 4:11

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