Integridad: todos los días los seres humanos son probados en su integridad mediante las tentaciones, algunos pasan la prueba, otros no. La tentación es un agente seductor e influyente que acecha y acosa con insistencia buscando a sus víctimas. Su meta, es tratar de activar la concupiscencia, que en sí son los deseos íntimos conscientes e inconscientes de los seres humanos. Muchos prevalecen con carácter, madurez y firmeza sus concupiscencias, pero otros atraídos y seducidos por la codicia caen en la tentación. Si tienes precio te comprarán, si eres ingenuo te engañarán, si eres débil te vencerán, pero recuerda, que habrá consecuencias por codicioso.
Ingenuamente hay personas que confunden autoestima con la codicia, ellos piensan que para llegar a ser alguien importante en la vida deben poseer riquezas materiales, pero eso es una falacia, porque ser importante no depende de tener sino de ser. El problema es que hay quienes no lo creen, entonces su sistema de valores y mecanismos de defensas se caen y quedan vulnerables. Una persona íntegra prevalecerá ante cualquier manipulación, chantaje o soborno que intente corromper su integridad.
Integridad hace alusión, a estar arraigados a los principios, valores y ética, que un ser humano ha ido cultivando en su trayectoria y formación de vida. La integridad debiese estar por encima de cualquier codicia. La vida de un ser humano siempre estará expuesta y confrontada por su naturaleza, es decir, hacer el bien o hacer el mal, pero cada uno es responsable de sus decisiones.
La actitud de un íntegro: tiene ética, es respetuoso, es fiel, es transparente, sabe decir no cuando es oportuno. No acepta chantajes, ni manipulaciones, ni sobornos, ni soborna a nadie. Establece límites, respeta los límites del otro y la opinión del otro. No critica, ni juzga a nadie. No es moralista, ni prejuicioso, ni clasista, ni racista. Es congruente y no imprudente, sabe muy bien cuándo y dónde expresar sus emociones, aquí y ahora, con honra, dignidad y en contexto y sin irrespetar a nadie.
Ama lo que hace, es inspirado por su vocación, pasión y constancia. Es puntual, responsable, tiene palabra. Las mentiras y las excusas no son parte de su estilo de vida. Es directo, no evade, no busca culpables, no se esconde. Es responsable de lo que piensa, habla, siente y hace. El íntegro no es perfeccionista, ni tampoco orgulloso. Le es fácil decir: lo siento, me equivoqué, discúlpame, perdóname. Sabe reconocer cuando se equivoca, o cuando comete alguna imprudencia.
El íntegro es espiritual y no religioso, se conduce en balance para evitar caer en los excesos: fanatismo, dogmatismo y en tradiciones religiosas. Es disciplinado, lo que empieza termina, es leal y comprometido. Cuida de su aspecto físico y su arreglo personal. Elige bien lo que come por amor a sí mismo, como parte de su estilo de vida (su autoestima). Tiene confianza en sí mismo, promueve la justicia, es transparente, es alguien a quien se le puede confiar un secreto.
Cierro: poniendo en perspectiva la autoestima del ser humano, diremos que la integridad de una persona se verá reflejada según su nivel de autoestima: alto o bajo. Cualquiera que sea el nivel de autoestima de una persona, influirá positiva o negativamente en el ámbito de su vida: personal, pareja, familia, social, trabajo, escuela, espiritual y las finanzas. Ser íntegro es cuestión de autoestima.
Te propongo una resolución de nuevo año, que trabajemos juntos en pro de perfeccionar nuestra integridad como estilo de vida para el 2019. El que camina en integridad anda confiado; Mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Proverbios 10:9