Fundación Autoestima

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La Vida De Un Acomplejado

La Real Academia Española de la lengua define el Complejo así: “Conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto que perturban su comportamiento”. Desde un punto de vista psicológico, el complejo se traduce por una focalización sobre un defecto, burlas, comparaciones, que influyeron en él negativamente.

El acomplejado tiene una imagen de sí mismo desvalorizada: se subestima, se compara, se siente incapaz e inferior a los demás. Es tímido, miedoso, inseguro, incrédulo, introvertido, desconfiado, solitario y deprimido. El acomplejado usa las apariencias para esconder sus complejos y que nadie lo sepa. Es astuto, y la que confunde con inteligencia. Es perfeccionista para impresionar y demostrar que es muy capaz. Le encanta participar en reuniones de todo tipo, para alardear de sus conocimientos y habilidades. Critica, juzga, envidia, se burla, es moralista, racista y clasista.

La vida de un acomplejado no es fácil, el fantasma de su pasado lo persigue, lo influye, lo acosa y lo cautiva; los malos recuerdos y experiencias traumáticas de su infancia tales cómo: abandono, rechazo, abuso infantil, burlas y comparaciones, influyeron negativamente en su autoestima. La etapa de la infancia precisa de un ambiente familiar saludable y equilibrado, que le garantice al niño seguridad, protección y respeto en sus procesos esenciales: nacer, crecer y desarrollarse.

Las familias son el santuario para el niño, ahí es, dónde la autoestima del niño necesita desarrollarse, expandirse y expresarse, pero cuando las familias ignoran la relevancia e importancia del proceso de la autoestima del niño, dejan un vacío para el crecimiento y desarrollo. En nuestra idiosincrasia Latina, los apodos, las comparaciones y las burlas forman parte del léxico cotidiano, pero su efecto es nocivo y atenta contra la autoestima del niño. Nadie nace acomplejado, pero si el ambiente para el desarrollo del niño es disfuncional, terminará convirtiéndose en un estilo de vida.

Otra de las causas de los complejos en los niños, son las exigencias de perfección en su familia, el efecto en el niño es tan negativo e impactante, que el niño llega a creer que él no vale para nada, porque él siempre falla; desarrollando el complejo de inferioridad, que no le dejará disfrutar la vida y su crecimiento en plenitud. Ante esta disfuncionalidad familiar, el niño llegará al convencimiento que no vale para nada, ni le importa a nadie. Hay padres y profesores que le exigen a los niños más de lo que realmente pueden dar, lo que supongo se deba a ignorancia y desconocimiento de los procesos para el desarrollo psicológico del niño.

El niño por más empeño y toda buena voluntad en querer hacer las cosas bien, no consigue agradar a nadie. Si se le exige demasiado, no se le estará dando la oportunidad de que tenga algún pequeño éxito. Empezará a fracasar en todo lo que se le exige, porque él piensa: “No valgo la pena”; “no sirvo para nada”; “jamás lo conseguiré”. Cualquier iniciativa propia del niño quedará anulada, su imaginación, su creatividad y autonomía no se ejercitará, dejándole un vacío en su desarrollo y crecimiento de su autoestima. Te doy un ejemplo, un niño que creció en condiciones familiares y sociales muy difíciles, su nombre es Moisés.

Entonces dijo Moisés a Dios: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en hablar y torpe en lengua. Éxodo 4:10. Moisés desde su “condición” se justificó ante Dios. Moisés tenía ochenta años cuando Dios habló con él.

Por último: cada adulto debiese hacerse esta reflexión antes de emprender un proyecto familiar, no es “cuántos hijos quiero tener”, sino qué tengo para ofrecerle a esa persona que quiero traer a la vida.

Integridad

Integridad: todos los días los seres humanos son probados en su integridad mediante las tentaciones, algunos pasan la prueba, otros no. La tentación es un agente seductor e influyente que acecha y acosa con insistencia buscando a sus víctimas. Su meta, es tratar de activar la concupiscencia, que en sí son los deseos íntimos conscientes e inconscientes de los seres humanos. Muchos prevalecen con carácter, madurez y firmeza sus concupiscencias, pero otros atraídos y seducidos por la codicia caen en la tentación. Si tienes precio te comprarán, si eres ingenuo te engañarán, si eres débil te vencerán, pero recuerda, que habrá consecuencias por codicioso.

Ingenuamente hay personas que confunden autoestima con la codicia, ellos piensan que para llegar a ser alguien importante en la vida deben poseer riquezas materiales, pero eso es una falacia, porque ser importante no depende de tener sino de ser. El problema es que hay quienes no lo creen, entonces su sistema de valores y mecanismos de defensas se caen y quedan vulnerables. Una persona íntegra prevalecerá ante cualquier manipulación, chantaje o soborno que intente corromper su integridad.

Integridad hace alusión, a estar arraigados a los principios, valores y ética, que un ser humano ha ido cultivando en su trayectoria y formación de vida. La integridad debiese estar por encima de cualquier codicia. La vida de un ser humano siempre estará expuesta y confrontada por su naturaleza, es decir, hacer el bien o hacer el mal, pero cada uno es responsable de sus decisiones.

La actitud de un íntegro: tiene ética, es respetuoso, es fiel, es transparente, sabe decir no cuando es oportuno. No acepta chantajes, ni manipulaciones, ni sobornos, ni soborna a nadie.  Establece límites, respeta los límites del otro y la opinión del otro. No critica, ni juzga a nadie. No es moralista, ni prejuicioso, ni clasista, ni racista. Es congruente y no imprudente, sabe muy bien cuándo y dónde expresar sus emociones, aquí y ahora, con honra, dignidad y en contexto y sin irrespetar a nadie.

Ama lo que hace, es inspirado por su vocación, pasión y constancia. Es puntual, responsable, tiene palabra. Las mentiras y las excusas no son parte de su estilo de vida. Es directo, no evade, no busca culpables, no se esconde. Es responsable de lo que piensa, habla, siente y hace. El íntegro no es perfeccionista, ni tampoco orgulloso. Le es fácil decir: lo siento, me equivoqué, discúlpame, perdóname. Sabe reconocer cuando se equivoca, o cuando comete alguna imprudencia.

El íntegro es espiritual y no religioso, se conduce en balance para evitar caer en los excesos: fanatismo, dogmatismo y en tradiciones religiosas. Es disciplinado, lo que empieza termina, es leal y comprometido. Cuida de su aspecto físico y su arreglo personal. Elige bien lo que come por amor a sí mismo, como parte de su estilo de vida (su autoestima). Tiene confianza en sí mismo, promueve la justicia, es transparente, es alguien a quien se le puede confiar un secreto.

Cierro: poniendo en perspectiva la autoestima del ser humano, diremos que la integridad de una persona se verá reflejada según su nivel de autoestima: alto o bajo. Cualquiera que sea el nivel de autoestima de una persona, influirá positiva o negativamente en el ámbito de su vida: personal, pareja, familia, social, trabajo, escuela, espiritual y las finanzas. Ser íntegro es cuestión de autoestima.

Te propongo una resolución de nuevo año, que trabajemos juntos en pro de perfeccionar nuestra integridad como estilo de vida para el 2019. El que camina en integridad anda confiado; Mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Proverbios 10:9

Neurótico

Comportamiento de un neurótico: cuando los eventos del pasado no se completan, o no se cierran, el contacto original de esa experiencia se interrumpe antes que la totalidad o la experiencia se halla estructurado y completado. Las interferencias e influencias internas y externas en la persona, hará que halla interrupción de un contacto genuino y transparente, haciendo que la necesidad de lidiar con el trauma permanezca abierta, poniendo en riesgo su salud: mental y física.

Cuando una persona se niega a enfrentarse a sus emociones deliberadamente, está evitando el contacto con el recuerdo grabado en su memoria y en su cuerpo, dejando abierta la herida. Pretender tapar el pasado ignorándolo, es atentar e interrumpir el desarrollo de la autoestima en sus cuatro pilares: psicológico- biológico- social-espiritual.

El neurótico vive del pasado: en lo que fue o tuvo, en lo que no pudo ser o no pudo tener. Hace contacto a través de la culpa y del resentimiento. Inventa el trauma como su escape preferido, con la finalidad de castigarse por haber tenido un pasado tenebroso y tormentoso.

El neurótico no se toma en cuenta a sí mismo, mucho menos podrá tomar en cuenta al otro, solamente considera al otro si lo puede utilizar como sustituto en la pérdida. El neurótico, por lo general, busca pareja por los parecidos del padre o de la madre que lo abandonó.

Su seudo contacto es a través de los parecidos, recuerdos y referencias del pasado. Pierde contacto con lo que existe dentro y fuera de sí: no ve, no oye, no toca, no habla, no siente. Hace uso del chantaje y la manipulación para vivir, se desvaloriza o victimiza para obtener contacto que sustituye su propia experiencia.

La energía del neurótico está dirigida a hacer contacto en el pasado, con figuras representativas que él siente debieron darle y no le dieron, debieron quererle y no le quisieron, debieron tomarlo en cuenta y no lo hicieron, etcétera.

El neurótico, al contrario del psicótico, no tiene pérdida de su realidad, en el sentido de que no sufre alucinaciones ni fantasías, es decir, es consciente de su realidad, pero deliberadamente la bloquea para no sentir ni expresar sus sentimientos de los recuerdos que lo traumaron.

Sintetizando la definición de un neurótico sería: neurosis es la incapacidad del individuo de hacer contacto con su presente, de estructurar su propia experiencia por una la conciencia entenebrecida. Su parálisis, lo hace irresponsable de la enfermedad que él mismo creo.

Pasado es oscuridad, futuro es vacío, presente es Luz. Hay un solo camino para vivir la vida en relatividad y perfecto orden, el presente, aquí y ahora. Presente es: qué, cuándo, cómo y dónde. La verdad nos hace libre y nos saca del cautiverio que nos agobia. La recompensa será, una vida de satisfacción, saludable, próspera y plena.

Jesús dijo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.

No Hay Enfermedad Sino Enfermos

Enfermo:

La autoestima organiza todos los contactos internos necesarios para mantenernos saludables, vigorosos y hermosos. El cuerpo es increíblemente eficiente cuando se trata de la salud, extinguiendo perturbaciones mucho antes de que las hayamos plenamente concientizado e identificado. La enfermedad en sí es una alteración del contacto, y abarca desde el síntoma pasajero hasta la enfermedad incurable.

Una gripe, por ejemplo, es algo más que un virus, es la respuesta de un organismo desvalorizado, maltratado e ignorado, bloqueando la energía sin que el individuo sea consciente. Cuando nuestros mecanismos de brega y enfrentamiento han sido debilitados por continuas desvalorizaciones, contraemos gripe y muchas otras afecciones. Cuando la autoestima está baja, las defensas son débiles y el organismo es vulnerable.

La mayoría de las enfermedades de una forma u otra son psicosomáticas. Los virus, las bacterias, todos los microorganismos señalados como los responsables de las más variadas enfermedades están ahí. Unos desde que el mundo existe, otros, han surgido como una respuesta a la poca conciencia del individuo de sí mismo, que lo terminan convirtiéndose en un “enfermo”.

Lo que quiero decir, es que el microbio, ese ser microscópico, crecerá y será más efectivo, en contacto con un organismo empobrecido, maltratado y desvalorizado, donde no existe conciencia de sí mismo, baja autoestima. Por ejemplo, la depresión es una entrega parcial a la muerte, debido que el cuerpo y la mente están indivisiblemente entrelazados. En muchos casos, son las mismas personas que escogen el tiempo de la enfermedad, la clase de enfermedad, el curso de la enfermedad y su gravedad. Te doy un ejemplo:

Hay en Jerusalén un estanque llamado Betesda. En éstos yacía una multitud de enfermos, y había allí un hombre que hacía 38 años estaba enfermo. Cuando Jesús vio acostado al enfermo, y supo que llevaba mucho tiempo así, le preguntó: ¿Quieres ser sano? Respondió el enfermo, no tengo quien me ayude a entrar en el estanque cuando se agita el agua; para cuando voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante el hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Juan 5:2-9

Llama la atención tres cosas en nuestro ejemplo: Primero, el tiempo tan prolongado de este “enfermo”. Segundo, Jesús le preguntó si quería ser sano, pero él evadió la pregunta con explicaciones que no tenía relación con la pregunta. Tercero, bastó que Jesús le dieran la orden al “enfermo”, para que dejara de ser “enfermo”. ¿Extraño no te parece? No cabe dudas que el ejemplo de este ser humano evidencia que su enfermedad estaba relacionada con su estilo de vida y la negación de vivir responsablemente y comprometido con su vida.

Cuando vemos la enfermedad desde afuera, es una conducta como cualquier otra. Esa conducta está fabricada y puesta en marcha por una serie de elementos que provienen de la negación de las necesidades del individuo, su definición y su propósito. Cundo vivimos negando lo que somos y poseemos, la tragedia será vivir como damnificado y mendigo, esperando que nos tengan lastima y compasión. Perdiendo la oportunidad de vivir plena y abundantemente.

Moraleja: Bienestar o enfermedad, depende de cada persona y no de las circunstancias. Yo decido vivir siendo saludable o ser víctima de mi propia incongruencia e ignorancia.

Presumido

El presumido: le encanta impresionar, sobresalir, Le gusta adoptar poses para aparentar lo que no es ni tiene, para vender la imagen de ser más de lo que realmente es. Coloquialmente le dicen: la última Pepsi- cola en el desierto. Es dramático e hipocondríaco, su propósito es llamar la atención, grita en vez de hablar, gesticula aspaventosamente para que todos se enteren que llegó el propio, el verdadero. Su contacto es frío cuando se trata de socializar. Deliberadamente es impuntual, porque cree que todos deben esperar por él. Cuando llega a algún lugar público, busca atraer todas las miradas, repartiendo saludos, abrazos y besos, para que digan lo demócrata que es, lo simpático, lo popular, pero su coartada es que todos pregunten: ¿quién es esa persona?

Si le fuera posible, detendría el tráfico fingiendo que el auto se accidentó, para llamar la atención. Hoy muy de moda los “selfies”, otra forma de llamar la atención, ¡¡sube fotos a las redes sociales para que todos digan wow!! Una forma ingeniosa para llamar la atención e impresionar a todos sus contactos y seguidores.  El presumido vive su ritual de narcisismo y de inseguridad, de hechicería, pedantería sin fundamento ni sentido, un estilo de vida que lo hace inconsciente de su propia definición, de un marginal olvidado de sí mismo, ajeno de su realidad interior. El presumido nace del abandono inicial y del resentimiento, con una visión desvalorizada de sí mismo y de sus capacidades y objetivos de vida.

Presumir es jurar no volver a un pasado cruel y pobre. Resentido con su pasado, envidia y critica a los que tienen y pueden, porque él se quedó rezagado, frustrado y amargado. El presumido quiere el poder a toda costa, para hacérselo saber a amigos y a enemigos, pretendiendo someter a todos a una patología individualista carente de sentido, porque le da la gana. El presumido hace del poder un constante abuso, que va desde el presidente de una nación, hasta su equipo de colaboradores.  En buena parte, ignoran el significado de una gerencia de servicio para la comunidad. Lo más grave de esta presunción, es que gobernantes y gobernados engrandecidos en su orgullo personal, creen que pueden disponer de las conciencias, de los talentos, de las voluntades, de los recursos, porque ellos son los que mandan y pueden.

En el fondo la necesidad del presumido: es de “ser alguien”, porque no se siente “nadie”, ni reconocido, ni atendido, ni tomado en cuenta. El presumido busca aprecio y valor, mediante el poder o por lo que tiene. El presumido busca importancia haciendo que los demás se fijen o hablen de él. Que lo tomen en cuenta, aunque mienta, pero con tal de que hablen de él. El presumido no es mala gente, ni tiene malas intenciones, ni busca dañar a nadie, más bien pretende enganchar al otros, también inconscientes como él, para que lo afirmen, lo reconozcan, le adulen y lo lisonjeen. Detrás de un presumido hay un abandonado y muchos lo llevan en la sangre, formando parte de un estilo de vida y paradigma social.

En fin: presumir es la negación del sí mismo auténtico (autoestima), de la presencia y fuerza interior, independientemente de lo que el otro diga o piense de mí. Todo tiene que ver con la pobre autoestima que dejó el abandono inicial, condición que lo hace comportarse como niño inmaduro, sin crecimiento, ni desarrollo personal, con una visión muy corta de sí mismo, sensible y vulnerable.

Recomendaciones: un factor importante para hacer cambios, modificaciones o ajustes en una conducta es ser consciente del problema para reinventarse con decisión y fe, es la fórmula para convertir una conducta disfuncional que atenta contra la autoestima en su expresión natural, quién soy yo, aquí y ahora.

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