Fundación Autoestima

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Perdón

Perdonar o pedir perdón, no es una opción sino una decisión, pero no se debe perdonar desde una creencia religiosa, o por influencia familiar, o por presión social, sin antes tratar la herida emocional que nos causó la mala acción de alguien.

El dicho popular: “perdono, pero no olvido”, no es verdad. Si no separamos la emoción del recuerdo, mantendremos vivo el recuerdo, quedando prisionero del pasado. Cuando perdonamos, perdonamos no lo que nos hicieron, sino a la persona que nos causó el daño emocional.

Las emociones existen en nosotros para expresarlas correctamente y en contexto, especialmente porque nos salvan preservando nuestra salud mental y física. Después viene el perdón, que es la garantía Espiritual que la herida quedó curada y cerrada.

Jesús el Hijo de Dios, perdonó al mundo desde la cruz, pero antes de subirse a la cruz en el Getsemaní dijo: mi alma está muy triste hasta la muerte. Jesús lidió emocionalmente la injusticia de los hombres contra él, aún cuando era profético que tenía que morir y resucitar.

Este ejemplo nos muestra la evidencia, que hay un orden, un contexto en el proceso del perdón. Cuando por diversas razones lo ignoramos, estamos atentando en contra de nuestra autoestima, la responsable de nuestro bienestar integral: mente, cuerpo, espíritu y relaciones.

Crisis

Crisis: Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó y fue grande su ruina. Mateo 7:24-26

Me fascina la sabiduría e inteligencia de Dios para describir al ser humano. Quiero usar esta analogía sin sacarla de contexto, ni con fines religiosos, ni teológicos, ni hermenéuticos, la usaré para propósitos de mi tema. El ejemplo, nos muestra dos tipos de personas: el primero es comparado con un hombre prudente, que quiere decir: interesado, responsable y comprometido consigo mismo. Su prioridad es crecer, madurar, desarrollarse y prepararse. Invierte tiempo, energía y dinero, con la finalidad de enriquecer y fortalecer su autoestima, para no improvisar la vida, y vivir con alto perfil.

Conoce perfectamente bien el balance, sabe cómo y cuándo actuar ante la crisis. La crisis la maneja desde su aquí y ahora, desde ahí, planea la estrategia, calcula el costo, revisa sus recursos, para con efectividad y objetividad desempeñarse en el arte de ser persona. Los eventos inesperados de la vida nunca se saben. El segundo es comparado con un hombre insensato, que quiere decir: indiferente, desinteresado, negligente e ignorante, tiene poco interés por su crecimiento personal y su autoestima. Se maneja con bajo perfil de sí mismo. Su prioridad es aparentar, a través del poder, del saber, del tener, y de impresionar.

Pero cuando llegan los sucesos inesperados de la vida: improvisa, se angustia, se estresa, y como es débil de carácter, evade, se esconde, se enferma, para no enfrentarse a la crisis. La vida la vive desde su pasado: resentido, amargado, inconforme, juzga, culpa, cree en la mala suerte, es víctima, vulnerable, ingenuo, indefenso y solitario. Cuando edificamos la vida en fundamentos inconsistentes, es decir, en arena, la tragedia es doble: en el momento de la crisis, nos damos cuenta de que no estamos preparados para lidiar con la crisis, y los cambios que trae la crisis.

Cuando a estas personas les llega la crisis, desesperados salen en busca de ayuda, pretendiendo ingenuamente que alguien les dé la solución mágica para resolver la crisis. Los sucesos inesperados nunca los sabremos, lo que sí es posible saber, es que tanto crecimiento personal y madurez tenemos para enfrentarnos a una crisis. Una crisis tiene dos aspectos útiles: el primero, activa los sensores de nuestra autoestima: sabiduría e inteligencia, para lidiar con éxito la crisis. El segundo, una crisis nos impulsa a separarnos de nuestra área de confort, porque sin separación no hay transición, no hay crecimiento, no hay evolución.

Crisis es la expresión de muchas necesidades buscando ser satisfechas, con una orientación hacia cambios específicos. Cuando hablamos de crisis, hablamos de alteraciones profundas en la manera de pensar, sentir, comunicarse, relacionarse y desempeñarse. Crisis hay en el individuo, en la pareja, en la familia, en la sociedad, en la educación, en la religión, en la economía, en la política. Estamos viviendo tiempos de crisis, a veces diera la impresión, que no hay salida ni solución para la crisis. Al punto, que ya muchos han caído en la resignación e impotencia, acomodándose a un estilo de vida de conformismo, agudizando aún más la crisis existencial del individuo.

Veo la solución de la crisis con esperanza y fe, el día que cada individuo despierte su conciencia, ese día conocerá el significado y el propósito de su vida. Suficiente para comenzar a vivir en un nivel de vida: con dignidad, respeto, lealtad e integridad consigo mismo. Siendo flexible para reinventarse ante la crisis. Tener entendimiento en tiempo de crisis produce paz.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2

Inseguridad

Inseguro:
Un inseguro es una persona fluctuante, se comporta como niño: como piensa, como se comporta, como se comunica, como se relaciona, como maneja sus emociones, como maneja los problemas, es indeciso. El mayor problema del inseguro es que no cree en él, no tiene confianza en sí mismo. El inseguro es cobarde, miedoso, evasivo, no se arriesga, se siente incapaz, es vulnerable a continuos conflictos emocionales. Es víctima del engaño, pero a su vez es desconfiado. Le gusta tener el control, es posesivo, pero sensible a la ansiedad, al estrés, y muy enfermizo.

El inseguro es acomplejado e incrédulo. El inseguro le gusta competir para aparentar que sabe, puede o tiene. Vive a la defensiva, juzga, crítica, se enoja con facilidad, es dogmático y extremista. Es muy codicioso por miedo al futuro, esto se debe al fantasma de su pasado, con frecuencia se deprime. La inseguridad es un problema básicamente de autoestima, el inseguro tiene bajo nivel de autoestima. Los inseguros provienen de familias disfuncionales. La comunicación en estas familias limita al niño metiéndolo en un callejón sin salida, convirtiéndolo en codependiente, frágil, débil e incapaz de asumir los riesgos de la vida.

La persona consciente de su autoestima vive en el aquí y ahora, centrado en su presente, viviendo la vida con sensatez, con responsabilidad. Sabe lo que quiere, cuando y donde. Vive la vida desde otra perspectiva. Actuará diferente ante los problemas. Sabe que hacer y cómo manejar sus recursos y alternativas para buscar soluciones ante los problemas. Es una persona que está en contacto consigo mismo y con respiración. Tiene confianza y seguridad en sí mismo. Sabe que no es perfecto y que puede equivocarse en cualquier momento, pero sin culparse ni juzgarse. Se enfrenta a las contingencias de la vida con valentía para prevalecer. Da la cara en todo momento antes los problemas, no se esconde, ni los evade.

Sus relaciones no son de codependencia, asfixiantes, buscando controlar la vida del otro demandándole presencia obsesiva. El inseguro está lejos de esta realidad. Cuando aparece los problemas se frustra, se siente confundido, se rinde, se paraliza, se quiere morir, se bloquea, no sabe si llorar o gritar, se amarga de la impotencia y agrede e insulta a los demás con un lenguaje inapropiado. Las vivencias y experiencias de la niñez de los inseguros, requiere de ayuda especializada, para procesar los recuerdos traumáticos que marcaron su vida. El inseguro vive el pasado como si fuera su presente, pero lo paradójico es, que niega el presente por estar anclado en el pasado.

El inseguro tiene edad cronológica de adulto, pero vive como un niño en cautiverio, anclado en su pasado sin crecimiento ni desarrollo como adulto. El inseguro rinde su derecho y soberanía como persona, para que lo acepten, lo adopten, lo quieran y se compadezcan de él. Y como siempre, no faltará quien se sienta responsable o culpable desde su proyección, de rescatar a la pobre víctima que no puede valerse por sí mismo. Son variables las consecuencias traumáticas en la vida de una persona, que hace que se convierta en un inseguro. Por razones de espacio, mencionaré una de las más comunes y frecuentes:

El abandono, no todos los adultos están claros con respecto a sus vidas. No son plenamente conscientes, quiénes son, qué quieren y cómo lo quieren, y desde su vacío existencial transitan por la vida tomando decisiones, comprometiéndose, sin brújula, es decir, perdidos, sin saber a dónde ir, inestables, sin un proyecto definido de vida. Por lo general, lo que empiezan no lo terminan. El triángulo familiar es una unidad resistente. Pudiese, sin embargo, llegar un momento que se rompa con hechos adversos. Hay tres situaciones especiales donde los triángulos familiares llegan a esta contingencia, traumando la autoestima de los hijos, en su desarrollo y procesos fundamentales, muchas veces irreversible:

Primero, cuando algunos de los padres o ambos abandonan al hijo deliberadamente. Segundo, cuando ocurren ciertos tipos de eventos: separación, divorcio, enfermedad, muerte, mudanzas, que son muy mal manejados. Tercero, la comunicación familiar se basa en: mentiras, manipulación, chantaje, gritos, amenazas, comparaciones, descalificaciones, etcétera.

Concluyo: en mi opinión y experiencia en el ejercicio de la profesión, veo la solución del inseguro en tres partes: hacer consciente su inseguridad, buscar la ayuda profesional y espiritual. Si pues creer, al que cree todo le es posible.

Frustración

Frustración:
Es una palabra que no gusta mucho. Le hemos agarrado cierta manía, por sus connotaciones. La asociamos con insatisfacción, con resentimiento, fastidio, sufrimiento, depresión, no poder hacer lo que uno quiere. Lo cierto es que hasta los recién nacidos protestan; los niños ante la realidad, los jóvenes ante la sola posibilidad y los adultos por el recuerdo.

Si revisaremos con atención toda nuestra vida, seríamos conscientes que está ha sido un continuo enfrentarse, desde que nacimos hasta que morimos, a situaciones de frustración. Sería tan dañino para una persona vivir totalmente privado de frustraciones, como vivir sumergido en ellas. La mejor prueba para saber acerca del equilibrio emocional de una persona es observar que hace con la frustración.
La frustración tiene sus aspectos positivos. Conocemos la diferencia entre un niño que todo se le permite, jamás se le dice no, y otro que recibe su buena dosis de frustración y contrariedad en la vida.

La diferencia puede implicar fracaso para el primero y éxito para el segundo. Cuando uno se topa con estos niños llorones, fastidiosos, malcriados, de mírame y no me toques, sabe que está delante de uno de esos fenómenos, que los padres han claudicado por el miedo de hacerle daño. Lo han convertido en un pequeño tirano, con la excusa de tener que darle a su hijo lo que ha ellos no le dieron. Un organismo vivo y consciente en estado de frustración, tiende a buscar y a encontrar alternativas, en contacto con su sí mismo. La frustración nos activa la conciencia, recordándonos, que poseemos las armas necesarias para darle frente para resolver cualquier frustración que la vida nos presenta. Nadie se escapa de la frustración, todos somos visitados por la frustración.

Frustración es cuando no se satisface una necesidad, cuando no se obtiene lo que se quiere, cuando se niegan o bloquean los objetivos. Todo obstáculo es fuente de frustración. Los imprevistos, los de repente, las cosas que suceden y nos hacen cambiar de planes, implican frustración. Todos los tropiezos que se presentan en el camino, conocidas o desconocidas, siempre nos hacen conscientes de que nada está bajo nuestra voluntad y control. El organismo tiene conciencia que no todas sus necesidades van a ser satisfecha. La frustración aparece cuando una o varias necesidades no son satisfecha o cuando no se alcanza el objetivo o algo lo tropieza. Nadie tiene todas sus necesidades cubiertas.

Hay quienes tienen lo material y se sienten vacíos o les falta cariño de alguien; otros carecen de medios económicos y les sobra amor. Hay situaciones de pérdidas, de enfermedad, de crisis, que conllevan a frustración. El hecho de que uno concientice sus necesidades insatisfechas no necesariamente disminuye la posibilidad de sentir dolor, rabia o miedo. Los humanos, quizás más que ningún otro ser vivo, maneja la frustración en formas diferentes.

Algunos se resignan, se entregan, se rinden, negando el sí mismo, utilizando un lenguaje conformista. Ejemplo, “No hay remedio”, “Qué le vamos a hacer”, “Esa es la voluntad de Dios”. Estas son algunas de las afirmaciones preferidas, con ellas pretenden reforzar su paradoja de debilidad y víctima para seguir con el control. Hay personas que tienen la imagen de un Dios policía, que algún día premiará a los buenos y castigará a los malos.

Otros utilizan el trueque, por ejemplo: “Te doy y medas”. Intercambias, cuando no quieres ver la realidad detrás de la frustración, buscará sustituir lo desagradable por sensaciones más placenteras. A muchas personas les resulta difícil negar conscientemente que se sienten frustrados, les cuesta asumir la responsabilidad por la situación, por sus vidas y por los sentimientos que experimentan. Terminan pactando con la desvalorización. Nada raro que, para estos humanos la vida tenga, paradójicamente un solo atractivo: La mala vida.

Finalmente, otros la manejan folklóricamente: Con amuletos, sortilegios, ensalmes y todo un montaje ritual, buscando poderes mágicos que los protejan y den solución a sus males. Rezan, cantan, bailan, se portan bien, juran, hacen votos, promesas. Cultivan un Dios de mercado, que resulta ser una comodidad más y nunca una experiencia espiritual.

Iintuición

La intuición:
Recurso que mi organismo conoce muy bien. Me hace ser consciente de su existencia, sin concepto, ni razonamientos, ni lógica. Intuición llamó Bergson a esta capacidad, y Jung la identificó como una de las cuatro funciones del organismo que explora lo desconocido que presiente las posibilidades y las implicaciones. Otros la han llamado sexto sentido, Spinoza dijo una manera superior de conocer las últimas verdades sin el uso de la razón. Es sólo y mediante la intuición, que la esencia de la vida puede ser conocida. La sabiduría humana proviene de la intuición, es una fuerza profunda, que va mucho más allá del análisis, es donde todas las cosas encuentran su origen común. Estamos sobre el regazo de una inteligencia inmensa, somos los receptores de su actividad. (Ralph Waldo Emerson).

Intuimos el examen que nos van a poner, las preguntas que nos van a hacer, la persona que se va a acercar, el peligro que se avecina, el evento que va a suceder, el accidente en el camino, la decisión que debo tomar, etcétera. De alguna forma, el organismo prepara sus recursos, su sistema de brega y enfrentamiento, para estar firmes, fuertes y seguros.

La intuición asusta a muchos porque no la han cultivado, acostumbrados a guiarse simplemente por lo que le indica su cabeza. Ellos jamás pasarán de lo cierto, lógico y seguro, jamás tendrán la satisfacción de crear y ser diferentes. La mayoría, tiene identificada la intuición con el futuro. La intuición, por el contrario, es un recurso en función del presente, es la inteligencia biológica del organismo, que ilumina sin razonamientos, y guía sin programaciones.La intuición surge como una respuesta del organismo integrado en busca de su expresión natural. Aunque muchos identifican la intuición como un recurso parapsicológico, exotérico o supersticioso, válido cuando se trata de adivinar el futuro, sin embargo, la intuición es una función que opera desde el presente.

Mientras más contacto, más presencia, más integración y más autoestima; habrá un conocimiento más intuitivo y mayor sabiduría, para una vida más congruente, satisfactoria e integrada. La intuición es uno de los cuatro integrantes que conforman el espíritu del ser humano: Contacto, vida, conciencia e intuición.

1. Contacto: El espíritu es el único medio que tenemos los seres humanos para comunicamos en la dimensión espiritual y trascendental con Dios. Ejemplo, nuestro espíritu es una especie de red de wifi espiritual. Jesús dijo: Dios es Espíritu; y los que lo adoran, en espíritu y verdad es necesario que le adoren. Juan 4:24

2. Vida: Imposible vida humana sin el espíritu. El espíritu posee el carácter, la personalidad, la esencia del ser humano. El espíritu tiene nombre, identidad, significado, propósito y destino. Ejemplo, Jesús resucita a un muerto, para hacerlo dijo: ¡Lázaro, ven fuera! Juan 11:43

3. La conciencia: Es una especie de juez interno que juzga la conducta de cada ser humano. Nos hace conscientes de nuestras conductas buenas o lo malas, si somos inocentes o culpables. Es por medio de este juez, que somos redargüidos para arrepentimiento, cuando somos hallados culpables o cómplices de algún pecado o maldad.

4. Intuición: La intuición es la sabiduría e inteligencia del presente, guía de forma no racional al organismo en lo desconocido del futuro.

La intuición es una especie de torre de control: Monitorea al piloto, le da las coordenadas para su descenso, le autoriza la pista, cuando debe aterrizar y el hangar donde debe estacionar el avión. Todo este protocolo tiene una razón, evitar una colisión protegiendo la vida de los pasajeros y la tripulación.

Resumiendo: La intuición me mantiene informado de lo que está pasando y de lo que va a pasar conmigo, o con personas a mi alrededor. Así, mi organismo elabora respuestas que lo ayudan a realinear sus recursos, para enfrentarse a cualquier eventualidad o contingencia de la vida. Me hace ver posibilidades donde sólo veía obstáculos, mirar hacia adelante cuando todos miran hacia atrás, buscar nuevos caminos, ver los milagros que yo no creía podían hacerse en mí. Me da ingeniosidad creativa en los problemas para salir siempre adelante. Todo lo contrario, a la razón, a la lógica, a los patrones, lo que dicen los demás, o las experiencias del pasado.

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