Incrédulo:
Un hombre con un problema de incredulidad, visitó a un maestro en el templo para pedirle ayuda: Maestro, ayúdame a tener fe para poder creer. El maestro al escuchar al hombre, se dio cuenta que estaba pidiendo mal. -Le respondió: No es fe lo que necesitas para creer, sino creer para conocer la fe. La fe es un don de Dios, y la única manera de conocerla es creyendo.
-El hombre replicó: ¿Maestro tu eres un hombre espiritual, no puedes ayudarme con esto? -Si puedo, y lo estoy haciendo ayudándote a diferenciar el significado de creer y fe. -El hombre pregunto: ¿Maestro cómo sabes que lo que yo necesito es creer y no fe? -Le respondió: Porque la persona que cree no pide fe, pues como te dije, la fe es un don de Dios, y para que se pueda activar se necesita creer.
Mira, las personas con problemas de incredulidad, necesitan apoyarse de cosas externas, para así, evitar ser conscientes del vacío tan profundo que viven. Es la razón de su perfeccionismo, inseguridad y miedo. El Incrédulo no cree en sí mismo, para creer necesita evidencias, es extremadamente desconfiado y escéptico.
El incrédulo confunde saber con creer, vive por lo que sabe, y no por lo que cree. Se contradice, habla lo que sabe, pero a la vez lo niega con su estilo de vida. El incrédulo ignora que creer es un principio de la vida del ser humano. Cuando vives creyendo, no hay puerta que no se habra ni puerta que no se cierre, lo imposible e invisible se convierte en visible.
En fin, el incrédulo necesita con urgencia reencontrarse consigo mismo para reconciliarse, porque en su memoria del pasado alberga recuerdos negativos de la infancia, que tienen relación con su problema de incredulidad. Nadie nace incrédulo, nos hacemos incrédulos.
Preguntó el maestro, ¿Crees esto?
-Sí lo creo, y entiendo lo que hablas.
-Entonces es tiempo que honres lo que crees, para que cambies tu marco pensante.
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Marcos 9:23-24