Fundación Autoestima

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No busques culpables

No busques culpables:

Una persona muy apreciada para mí, publicó recientemente una reflexión de la crisis que se vive en su país. Al leer su publicación se encendió mi conciencia ciudadana.

Le dije: Te felicito por la excelente analogía que describe muy bien la crisis de tu país. Una crisis que en mi opinión es de todos, es decir, todos son cómplices de la crisis, porque todos los ciudadanos del país la provocaron directa o indirectamente. Ahora están clamando a Dios desesperadamente con la ilusión que Dios los rescate de la mala decisión en la elección de sus gobernantes. La naturaleza del ser humano tiene la inclinación de buscar atajos, para demostrar su inocencia, y así, poder echarles la culpa a otros, lavándose las manos de toda responsabilidad y complicidad.

Con todo respeto, yo lo veo desde otra perspectiva, hace falta más acción y menos oración. Lo que Dios sí está esperando de todos, es que despertemos nuestras conciencias, para que creamos quiénes somos y de qué estamos dotados como su máxima creación. Sólo entonces, se acabarán los culpables y los cómplices, así, cada ciudadano asumirá la responsabilidad por sus acciones y estilo de vida.

En el ejercicio de la profesión, he intercambiado con diferentes culturas su idiosincrasia y patrones culturales, y he llegado a la conclusión personal, que en nuestros países existen cinco fortalezas que le están impidiendo a nuestros pueblos su desarrollo y grandeza como nación: La complicidad, la sordera, la ceguera, la incredulidad y el conformismo, que lo reafirman con: Quejas, marchas, protestas, huelgas de hambre, acusaciones, y todo lo que se les ocurra improvisar desde su no conciencia de sí mismo; pensando ingenuamente que algún día un buen samaritano llegará y los rescatará de los corruptos, de los pillos, de la violencia, de la anarquía y de su desgracia.

Opino que el problema no son los gobernantes, porque ellos mismos son parte del pueblo con los mismos problemas existenciales. La raíz del problema es autoestima. La no conciencia de sí mismo, no les permite conocer la grandeza y fortaleza que reside en ellos, convirtiéndose en niños víctimas de todo viento de circunstancias que los vence y los hace cautivos. Esta condición los convierte en personas fracasadas, inseguras, miedosas, mendigas, sumisas, perdidas y codependientes, buscando a un mesías papá, que los adopte y haga por ellos lo que no se atreven hacer por sí mismos. Todo tiene que ver por la autoestima, sus carecías y la falta de crecimiento personal, los mantiene en la oscuridad.

Cuando cada ciudadano individualmente encienda su conciencia y tome el control de su vida, asumiendo con responsabilidad la persona que es, esto traerá una influencia colectiva que los impulsará a todos hacer los cambios y ajustes de vida que cada uno necesita, para vivir la vida con libertad, con digna, con respeto, con honra, con esperanza y fe. Yo, solo yo, decido cuándo, dónde y cómo quiero que se hagan las cosas para mí, sin ignorar ni subestimar a mi prójimo.

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Marcos 9:23 

 

Conformismo

Conformismo:

Otro de los enemigos de la autoestima. ¿Qué es el conformismo? ¿Quién lo padece? En una forma sencilla de explicar; es la práctica de quien fácilmente se acomoda a cualquier circunstancia o círculo de influencia de carácter social, religioso o sentimental. Esto se debe a un problema de autoestima, que tiene su raíz en la inseguridad y el miedo.

La actitud de un conformista se caracteriza por un estilo de vida muy particular. Por ejemplo: Es sedentario, rutinario, cómodo, pasivo, no se arriesga, es mediocre, es moralista, se aferra a tradiciones, se limita, se critica, se subestima, no cree en sí mismo, no se siente capaz, etcétera.

Alguna vez todos hemos transitado por el camino del conformismo, con la excepción de algunas personas que deciden vivir en esa condición, debido algún fracaso, tropiezo o alguna adversidad de la vida, entonces pierden el interés por vivir; Se vuelven apáticos, indiferentes, se rinden, se entregan y naufragan sin brújula a las buenas de algún viento que los empuje a la orilla.

La no conciencia de su autoestima, lo hace vulnerable, desprovisto, extraño de sí mismo, sin saber cómo manejar la frustración, renuncia al derecho de intentarlo de nuevo, se resiente, se amarga y se auto consuela así mismo, diciéndose: “Algún día las cosas serán diferentes. No hay mal que dure cien años”, etcétera. EL conformista tiende a deprimirse. El conformista por lo general no aspira, no sueña, no se visualiza siendo grande. Se niega así mismo, no toma riesgos, le tiene miedo a lo desconocido, lo seguro para él es su área de confort. El conformista hace del miedo su demonio mascota.

El lenguaje más común que he oído a través de la profesión en personas conformistas es: No sé, no puedo, no creo, no entiendo, no soy bueno para eso; Con ese lenguaje desvalorizado, empobrecido y de excusas perpetúa en su conformismo, negándose el derecho a reinventarse y explorar nuevas opciones. Desconoce su potencial, no es cociente que en él hay mil posibilidades para una mejor calidad de vida.

Mientras elaboraba el tema me vino un recuerdo de la Biblia:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2 

Me llama la atención, que Dios y la ciencia hayan coincidido en el tema del conformismo. Sería muy conveniente a considerar la opinión de ambos, pues nos tren luz y esperanza en tiempos de tinieblas.

Excusas

Excusas:
Las excusas son uno de los enemigos de la autoestima. Todos en algún momento hemos dado una excusa. Excusas son cuartadas, justificaciones y pretextos. Las excusas que más he oído en mi trayectoria profesional son: No sé, no puedo, no tengo, me olvidé, me confundí. Todo menos yo, haciéndome la víctima, el ignorante e ingenuo.
Desde el más pequeño hasta el más grande, nos la hemos ingeniado para dar excusas y justificaciones para quedar bien; porque lo más importante es dar la imagen de ser una ”buena persona”.
Todos los seres humanos tenemos la tendencia de dar excusas para justificarnos. Esto se debe en buena parte, a una conciencia dormida o bloqueada. Me explico, conciencia es la voz interna que me hace consciente de mis pensamientos, palabras o conductas inapropiadas, que me desfasan en mis principios y valores de vida. A su vez, me hace rectificar y me impulsa al arrepentimiento, alineándome con la verdad presente. Cuando estamos en el nivel de autoestima apropiado, la vida se vive en transparencia, congruencia y honestidad, aún en los momentos más difíciles de la vida de un ser humano.
Lo que atenta contra  nuestra autoestima, es precisamente negar el sí mismo: Quién soy, aquí y ahora. Si no me hago responsable de mis pensamientos, de mis palabras, de mis acciones, de mis errores y equivocaciones, me juzgaré y me culparé, olvidándo que soy un ser humano con defectos y virtudes. Mi autoestima es responsable de activar y organizar todos mis contactos internos, para expresar la persona que soy, aquí y ahora, sin excusas, ni cuartadas, ni argumentos, ni trampas. Yo tengo el derecho y la libertad, de poder decir sí o no, sin sentirme obligado o culpable.
Nuestra creación está diseñada y organizada para procesar únicamente la verdad, pero cuando por alguna razón justificada o no, damos excusas atentamos contra nuestra autoestima, exponiéndonos a las consecuencias que conllevan negar la verdad.
La Biblia dice: No tengo yo mejor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad. 3 Juan, 4

Resentimiento

Resentimiento hace alusión al paraíso, al contacto interrumpido, la pérdida, la necesidad no satisfecha. Adán accede a los requerimientos de Eva, cae en la seducción del fruto prohibido, se enfrenta a su Hacedor, no sabe qué decir, se siente atrapado, discute con Eva, la reciente, la culpa, la juzga; queriendo rehacer su relación con su Señor. Resentido por lo que existió y ya no existe, por lo que tuvo y perdió.

Resentimiento es una forma de sobrevivir, de resistirse a abandonar el pasado, a mantener contacto con el objeto amado. Es un intento de reiniciar el contacto, sabiendo de antemano que no es lo que yo quiero hacer, porque en realidad no quiero hacer nada para abandonar mi posición de ofendido, quebrantado y víctima, pero sí quiero que el otro haga o pague. En la mayoría de los casos, esta situación es doblemente paradójica, porque ¿cómo podría con un pasado que ya no existe, hacer algo para que exista? Es meterse más en la impotencia, es morderse la cola y hacerse daño a sí mismo.

La rabia es una mezcla de muchas cosas. La pérdida, en sí, reactiva una cadena de experiencias pasadas de abandono y resentimientos, y provoca una sensación de debilidad con una recrecida necesidad de afecto y aceptación incondicional. Rabia es un sentimiento orgánico físico, biológico. Es un bloqueo de la energía cuando no se expresa, porque, cuando se expresa permite ponerse en contacto con la separación o la necesidad no satisfecha.

Cuando la energía no se expresa debidamente y correctamente es nociva al organismo, convirtiéndose en violencia, juicio, venganza, destrucción y en enfermedades, en busca de un culpable, un chivo expiatorio, a quien se le cargará lo que no tuve, lo que no tengo y necesito. Lo paradójico es querer expresar rabia contra quien ya no está y cuya presencia es necesaria para que proporcione atención y cariño. La rabia es la expresión de la impotencia ante el vínculo roto sin saber qué dirección tomar: Si la expresa pierde, si la contiene pierde. Un doble vínculo que busca solución a través de la culpa.

La culpa no es un sentimiento, más bien es un esfuerzo por mantener el contacto estando separado. Es un intento de solucionar la paradoja fundamental: Resentimiento vs necesidad. La culpa es un forcejeo para distraer la atención, es la perfecta cuartada, dejando el enredo intacto manteniéndose relacionado con el sujeto amado y resentido. Es una forma discreta, aunque inefectiva, de no separarse para no quedarse solo. La culpa mantiene el pasado presente y el presente ignorado. Los recuerdos se mantienen actuales y se predice catastróficamente sobre lo venidero: “Me harán daño”, “No me querrán”, “Me abandonarán”, etcétera.

No podemos seguir cediéndole espacio a nuestra mente y corazón para el resentimiento, ese espacio debiésemos ocuparlo para el amor. El amor, es el bálsamo que sana las heridas del pasado, nos reconcilia y nos liberta. Nos merecemos una mejor calidad de vida.

Mira bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados. Hebreos 12:15

Diferencia

Culpa – Arrepentimiento:

La culpa le pertenece al alma, el arrepentimiento le pertenece al espíritu. Aunque ambas expresiones son bastante parecidas, son diferentes en actitudes.

La culpa: Es un sentimiento muy común en todos los seres humanos. El sentimiento aparece cuando hay algún mal pensamiento o un mal deseo, cuando las cosas no salen como se esperaba, una mala decisión o una mala inversión, un divorcio, un accidente, una enfermedad, la muerte de algún ser querido, etcétera.

Actitudes cuando se vive en la culpa: Se buscan culpables, se victimiza, se racionaliza, se argumenta, se amarga, se violenta, se justifica, se aparenta, se grita, se evade, se miente, se llora para manipular, se recurre a alguna adicción, se deprime, se enferma, también se usa como pretexto para no cambiar, convirtiéndose la culpa en estilo de vida, etcétera.

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Dios, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jeremías 17:9-10.

Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres salen los malos pensamientos… Marcos 7:20-23

La conciencia: Está en el espíritu, y a diferencia del alma no es un sentimiento como la culpa. La conciencia está ahí, para confrontarnos y concientizarnos de nuestra maldad, llevándonos a un profundo y sincero arrepentimiento. El arrepentimiento abre nuestros ojos, y nos revela la condición malvada y vergonzosa de aquello malo que hayamos hecho, sensibilizándonos para reconocer responsablemente la mala conducta. Esta sensibilidad y vulnerabilidad nos guiará al camino del perdón, para establecernos en un nuevo orden de vida.

La actitud cuando se está arrepentido: Jamás culpará a nadie, ni tendrán cuartadas, ni manipulación, ni excusas, ni chantajes. Asumirá la total responsabilidad de su conducta y consecuencias. Será en este punto, donde tomará la firme decisión de cambiar, reformando el previo marco pensante y patrones.

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa… Lucas 19:8-10

Tener bien definido la diferencia de estas dos entidades: Alma y espíritu, nos salvará del engaño del corazón y su perversión, así, evitaremos el sufrimiento. Pero la luz de nuestra conciencia, que es el espíritu, nos salvará, nos libertará, para vivir la vida en bienestar y plenitud.

En mi opinión, lo conveniente y responsable sería, vivir en equilibrio, es decir, ser consiente de nuestra respiración y de que somos seres trinos: Espíritu-alma-cuerpo

 

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